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martes, 10 de julio de 2007
Motu Proprio «Summorum Pontificum» - Traducción no oficial al español
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Motu Proprio «Summorum Pontificum» - Traducción no oficial al español
Disposiciones de Benedicto XVI sobre el uso de la liturgia romana anterior a la reforma de 1970
Para leer una entrevista con John Zuhlsdorf, Liturgista sobre cómo acoger el Motu Propio:
http://www.zenit.org/article-24262?l=spanish
CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 8 julio 2007 (ZENIT.org).- Publicamos la traducción no oficial (del latín al español), distribuida por el VIS (Vatican Information Service), de la Carta Apostólica de Benedicto XVI en forma de «motu proprio» «Summorum Pontificum» sobre el uso de la liturgia romana anterior a la reforma de 1970.
El Santo Padre acompañó el sábado, a la publicación del Motu Proprio, la difusión también de su carta a los obispos de todo el mundo, misiva que acompaña y explica las nuevas disposiciones.
* * *
[CARTA APOSTÓLICA]
[EN FORMA DE MOTU PROPRIO]
[BENEDICTO XVI]
"Los sumos pontífices hasta nuestros días se preocuparon constantemente porque la Iglesia de Cristo ofreciese a la Divina Majestad un culto digno de "alabanza y gloria de Su nombre" y "del bien de toda su Santa Iglesia".
"Desde tiempo inmemorable, como también para el futuro, es necesario mantener el principio según el cual, "cada Iglesia particular debe concordar con la Iglesia universal, no solo en cuanto a la doctrina de la fe y a los signos sacramentales, sino también respecto a los usos universalmente aceptados de la ininterrumpida tradición apostólica, que deben observarse no solo para evitar errores, sino también para transmitir la integridad de la fe, para que la ley de la oración de la Iglesia corresponda a su ley de fe". (1)
"Entre los pontífices que tuvieron esa preocupación resalta el nombre de San Gregorio Magno, que hizo todo lo posible para que a los nuevos pueblos de Europa se transmitiera tanto la fe católica como los tesoros del culto y de la cultura acumulados por los romanos en los siglos precedentes. Ordenó que fuera definida y conservada la forma de la sagrada Liturgia, relativa tanto al Sacrificio de la Misa como al Oficio Divino, en el modo en que se celebraba en la Urbe. Promovió con la máxima atención la difusión de los monjes y monjas que, actuando según la regla de San Benito, siempre junto al anuncio del Evangelio ejemplificaron con su vida la saludable máxima de la Regla: "Nada se anticipe a la obra de Dios" (cap.43). De esa forma la Sagrada Liturgia, celebrada según el uso romano, enriqueció no solamente la fe y la piedad, sino también la cultura de muchas poblaciones. Consta efectivamente que la liturgia latina de la Iglesia en sus varias formas, en todos los siglos de la era cristiana, ha impulsado en la vida espiritual a numerosos santos y ha reforzado a tantos pueblos en la virtud de la religión y ha fecundado su piedad".
"Muchos otros pontífices romanos, en el transcurso de los siglos, mostraron particular solicitud porque la sacra Liturgia manifestase de la forma más eficaz esta tarea: entre ellos destaca San Pío V, que sostenido de gran celo pastoral, tras la exhortación de Concilio de Trento, renovó todo el culto de la Iglesia, revisó la edición de los libros litúrgicos enmendados y "renovados según la norma de los Padres" y los dio en uso a la Iglesia Latina" .
"Entre los libros litúrgicos del Rito romano resalta el Misal Romano, que se desarrolló en la ciudad de Roma, y que, poco a poco, con el transcurso de los siglos, tomó formas que tienen gran semejanza con las vigentes en tiempos más recientes".
"Fue éste el objetivo que persiguieron los Pontífices Romanos en el curso de los siguientes siglos, asegurando la actualización o definiendo los ritos y libros litúrgicos, y después, al inicio de este siglo, emprendiendo una reforma general"(2). Así actuaron nuestros predecesores Clemente VIII, Urbano VIII, san Pío X (3), Benedicto XV, Pío XII y el beato Juan XXIII.
"En tiempos recientes, el Concilio Vaticano II expresó el deseo de que la debida y respetuosa reverencia respecto al culto divino, se renovase de nuevo y se adaptase a las necesidades de nuestra época. Movido de este deseo, nuestro predecesor, el Sumo Pontífice Pablo VI, aprobó en 1970 para la Iglesia latina los libros litúrgicos reformados, y en parte, renovados. Éstos, traducidos a las diversas lenguas del mundo, fueron acogidos de buen grado por los obispos, sacerdotes y fieles. Juan Pablo II revisó la tercera edición típica del Misal Romano. Así los Pontífices Romanos han actuado "para que esta especie de edificio litúrgico (...) apareciese nuevamente esplendoroso por dignidad y armonía" (4).
"En algunas regiones, sin embargo, no pocos fieles adhirieron y siguen adhiriendo con mucho amor y afecto a las anteriores formas litúrgicas, que habían embebido tan profundamente su cultura y su espíritu, que el Sumo Pontífice Juan Pablo II, movido por la preocupación pastoral respecto a estos fieles, en el año 1984, con el indulto especial "Quattuor abhinc annos", emitido por la Congregación para el Culto Divino, concedió la facultad de usar el Misal Romano editado por el beato Juan XXIII en el año 1962; más tarde, en el año 1988, con la Carta Apostólica "Ecclesia Dei", dada en forma de Motu proprio, Juan Pablo II exhortó a los obispos a utilizar amplia y generosamente esta facultad a favor de todos los fieles que lo solicitasen".
"Después de la consideración por parte de nuestro predecesor Juan Pablo II de las insistentes peticiones de estos fieles, después de haber escuchado a los Padres Cardenales en el consistorio del 22 de marzo de 2006, tras haber reflexionado profundamente sobre cada uno de los aspectos de la cuestión, invocado al Espíritu Santo y contando con la ayuda de Dios, con las presentes Cartas Apostólicas establecemos lo siguiente:
Art. 1.- El Misal Romano promulgado por Pablo VI es la expresión ordinaria de la "Lex orandi" ("Ley de la oración"), de la Iglesia católica de rito latino. No obstante el Misal Romano promulgado por San Pío V y nuevamente por el beato Juan XXIII debe considerarse como expresión extraordinaria de la misma "Lex orandi" y gozar del respeto debido por su uso venerable y antiguo. Estas dos expresiones de la "Lex orandi" de la Iglesia no llevarán
de forma alguna a una división de la "Lex credendi" ("Ley de la fe") de la Iglesia; son, de hecho, dos usos del único rito romano.
Por eso es lícito celebrar el Sacrificio de la Misa según la edición típica del Misal Romano promulgado por el beato Juan XXIII en 1962, que no se ha abrogado nunca, como forma extraordinaria de la Liturgia de la Iglesia. Las condiciones para el uso de este misal establecidas en los documentos anteriores "Quattuor abhinc annis" y "Ecclesia Dei", se sustituirán como se establece a continuación:
Art. 2.- En las Misas celebradas sin el pueblo, todo sacerdote católico de rito latino, tanto secular como religioso, puede utilizar sea el Misal Romano editado por el beato Papa Juan XXIII en 1962 que el Misal Romano promulgado por el Papa Pablo VI en 1970, en cualquier día, exceptuado el Triduo Sacro. Para dicha celebración siguiendo uno u otro misal, el sacerdote no necesita ningún permiso, ni de la Sede Apostólica ni de su Ordinario.
Art. 3.- Las comunidades de los institutos de vida consagrada y de las Sociedades de vida apostólica, de derecho tanto pontificio como diocesano, que deseen celebrar la Santa Misa según la edición del Misal Romano promulgado en 1962 en la celebración conventual o "comunitaria" en sus oratorios propios, pueden hacerlo. Si una sola comunidad o un entero Instituto o Sociedad quiere llevar a cabo dichas celebraciones a menudo o habitualmente o permanentemente, la decisión compete a los Superiores mayores según las normas del derecho y según las reglas y los estatutos particulares.
Art 4.- A la celebración de la Santa Misa, a la que se refiere el artículo 2, también pueden ser admitidos -observadas las normas del derecho- los fieles que lo pidan voluntariamente.
Art.5. §1.- En las parroquias, donde haya un grupo estable de fieles adherentes a la precedente tradición litúrgica, el párroco acogerá de buen grado su petición de celebrar la Santa Misa según el rito del Misal Romano editado en 1962. Debe procurar que el bien de estos fieles se armonice con la atención pastoral ordinaria de la parroquia, bajo la guía del obispo como establece el can. 392 evitando la discordia y favoreciendo la unidad de toda la Iglesia.
§ 2.-La celebración según el Misal del beato Juan XXIII puede tener lugar en día ferial; los domingos y las festividades puede haber también una celebración de ese tipo.
§ 3.- El párroco permita también a los fieles y sacerdotes que lo soliciten la celebración en esta forma extraordinaria en circunstancias particulares, como matrimonios, exequias o celebraciones ocasionales, como por ejemplo las peregrinaciones.
§ 4.- Los sacerdotes que utilicen el Misal del beato Juan XXIII deben ser idóneos y no tener ningún impedimento jurídico.
§ 5.- En las iglesias que no son parroquiales ni conventuales, es competencia del Rector conceder la licencia más arriba citada.
Art.6. En las misas celebradas con el pueblo según el Misal del Beato Juan XXIII, las lecturas pueden ser proclamadas también en la lengua vernácula, usando ediciones reconocidas por la Sede Apostólica.
Art.7. Si un grupo de fieles laicos, como los citados en el art. 5, §1, no ha obtenido satisfacción a sus peticiones por parte del párroco, informe al obispo diocesano. Se invita vivamente al obispo a satisfacer su deseo. Si no puede proveer a esta celebración, el asunto se remita a la Pontificia Comisión "Ecclesia Dei".
Art. 8. El obispo, que desea responder a estas peticiones de los fieles laicos, pero que por diferentes causas no puede hacerlo, puede indicarlo a la Comisión "Ecclesia Dei" para que le aconseje y le ayude.
Art. 9. §1. El párroco, tras haber considerado todo atentamente, puede conceder la licencia para usar el ritual precedente en la administración de los sacramentos del Bautismo, del Matrimonio, de la Penitencia y de la Unción de Enfermos, si lo requiere el bien de las almas.
§2. A los ordinarios se concede la facultad de celebrar el sacramento de la Confirmación usando el precedente Pontifical Romano, siempre que lo requiera el bien de las almas.
§3. A los clérigos constituidos "in sacris" es lícito usar el Breviario Romano promulgado por el Beato Juan XXIII en 1962.
Art. 10. El ordinario del lugar, si lo considera oportuno, puede erigir una parroquia personal según la norma del canon 518 para las celebraciones con la forma antigua del rito romano, o nombrar un capellán, observadas las normas del derecho.
Art. 11. La Pontificia Comisión "Ecclesia Dei", erigida por Juan Pablo II en 1988, sigue ejercitando su misión. Esta Comisión debe tener la forma, y cumplir las tareas y las normas que el Romano Pontífice quiera atribuirle.
Art. 12. La misma Comisión, además de las facultades de las que ya goza, ejercitará la autoridad de la Santa Sede vigilando sobre la observancia y aplicación de estas disposiciones.
Todo cuanto hemos establecido con estas Cartas Apostólicas en forma de Motu Proprio, ordenamos que se considere "establecido y decretado" y que se observe desde el 14 de septiembre de este año, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, pese a lo que pueda haber en contrario.
Dado en Roma, en San Pedro, el 7 de julio de 2007, tercer año de mi Pontificado.
NOTAS
(1) Ordinamento generale del Messale Romano 3ª ed. 2002, n.937
(2) JUAN PABLO II, Lett. ap. Vicesimus quintus annus, 4 dicembre 1988, 3: AAS 81 (1989), 899
(3) Ibid. JUAN PABLO II, Lett. ap. Vicesimus quintus annus, 4 dicembre 1988, 3: AAS 81 (1989), 899
(4) S. PIO X, Lett. ap. Motu propio data, Abhinc duos annos, 23 ottobre 1913: AAS 5 (1913), 449-450; cfr JUAN PABLO II lett. ap. Vicesimus quintus annus, n. 3: AAS 81 (1989), 899
(5) Cfr IOANNES PAULUS II, Lett. ap. Motu proprio data Ecclesia Dei, 2 luglio 1988, 6: AAS 80 (1988), 1498
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martes, 5 de junio de 2007
Entrevista a Mons. Malcom Ranjith.

Pregunta. ¿Cómo se ha llevado a cabo en Asia la renovación litúrgica que inició el Vaticano II; cuáles han sido sus logros y sus resultados negativos?
Respuesta. Hablando en general ha habido muchos cambios en el modo en que la liturgia se ha celebrado en Asia desde el Concilio. Los que de nosotros crecimos bajo las orientaciones litúrgicas de los tiempos preconciliares conocemos bien estos cambios y cómo afectaron nuestra vida como católicos
Como indica su pregunta entre los resultados ha habido de todo. Entre los cambios positivos veo el uso de la lengua vernácula que nos ayudó a encauzar nuestra fe hacia una mejor comprensión de la palabra de Dios, las rúbricas de la Liturgia misma, y una participación más activa y comunitaria en la celebración de los sagrados misterios.
También se intentaron adaptaciones a las prácticas de la cultura local, aunque no siempre con buenos resultados. El uso de la lengua vernácula ayudó a veces a crear un vocabulario teológico en el idioma local que eventualmente fue útil para la evangelización y la presentación del mensaje del evangelio a personas de tradiciones religiosas no cristianas, que son la inmensa mayoría del pueblo de Asia.
Algunos aspectos negativos fueron el casi total abandono de la lengua latina, de la tradición y del canto; una demasiado fácil interpretación de aquello que podía ser absorbido desde las culturas locales en la Liturgia; un ambiente de desconcierto sobre la verdadera naturaleza, contenido y significado del rito Romano y de sus normas y rúbricas, que propició una actitud de experimentar libremente; cierto sentimiento anti-Romano, y una aceptación acrítica de todo tipo de “novedades” resultantes de esquemas litúrgicos y teológicos de corte humanista y secularizante llegados al Este.
Estas novedades a menudo fueron introducidas, quizá sin darse mucha cuenta, por algunos misioneros de fuera que las trajeron desde sus ciudades de origen, o por gente de aquí que habían ido a esos otros países por estudios o otros motivos, y quedaron impregnados acríticamente de un cierto tipo de “libre espíritu” que algunos círculos crearon en torno al Concilio.
El abandono de las esferas de lo Sagrado, de lo Místico y de lo Espiritual y su sustitución por un tipo de horizontalismo empirista fue muy dañino para el espíritu de aquello que realmente constituye la liturgia.
Pregunta. ¿Qué relevancia tiene la nueva Exhortación sobre la Eucaristía para la Iglesia en Asia?
Respuesta. En su conjunto, el documento es para mí algo que me reevoca, en el verdadero sentido de la palabra, la reforma de la liturgia tal como fue deseada y entendida por el Concilio. Quiero decir que no es un rechazo de los desarrollos positivos de la reforma litúrgica que está hoy día en marcha, sino una expresión de la necesidad de ser verdaderamente fiel al sentido de la Sacrosantum Concilium (Constitución sobre la Sagrada Litúrgia, Concilio Vaticano II, promulgada por el Papa Pablo VI el 4 de diciembre de 1963).
En cierto sentido se puede afirmar que documentos como Ecclesia de Eucharistia de Juan Pablo II (17.IV.2003), Liturgiam Authenticam de la Congregación para la Doctrina de la Fe (7.V.2001) y Redemptionis Sacramentum de la Congregación para el Culto divino y la Disciplina de los Sacramentos (23.V.2004), ya habían comenzado los necesarios ajustes según la mente de las indicaciones del Concilio.
La Sacramentum Caritatis culmina todo esto con una realmente profunda, mística y a la vez muy fácil e inteligible catequesis sobre la Eucaristía, trayendo a la luz lo mejor y el significado completo de este Santísimo Sacramento. El Papa Benedicto nos quiere hacer entender y vivir la Eucaristía en su totalidad.
Pienso que en el contexto de Asia tal mensaje será naturalmente bien apreciado, valorado y vivido. Las orientaciones básicas de Sacramentum Caritatis refleja valores de Asia como el aprecio por el silencio y la contemplación, la aceptación de que existe una vida más profunda más allá de lo tangible, el respeto a lo sagrado y a la mística, y la búsqueda de la felicidad en una vida de santidad y de renuncia.
El hincapié hecho sobre estos aspectos hace de la Sacramentum Caritatis una contribución valiosa e importante orientada a hacer que los católicos de nuestro continente vivan la eucaristía de modo verdaderamente asiático.
Pregunta. ¿Qué aspectos del documento son más importantes para los obispos de Asia, los sacerdotes y los creyentes católicos?
Respuesta. Desde un punto de vista general la llamada a considerar la Sagrada Eucaristía como invitación a encontrarse con Cristo mismo, a ser absorbido por él, modelado por él en una profunda comunión de amor, haciendo así que su propio esplendor glorioso brille en nosotros, está verdaderamente en línea con la búsqueda de misticismo espiritual en el continente asiático.
Como ya dije, Asia es profundamente mística y consciente del valor de lo sagrado en la vida humana, moviendo al ser humano a buscar en la profundidad de los misterios de la religión y de lo espiritual. La tendencia a banalizar la celebración de la Eucaristía con una especie de orientación horizontal, a menudo visible en los tiempos que corren, no va de acuerdo con esta búsqueda. Por lo tanto, la orientación general del documento es buena para Asia.
Yendo a detalles, yo diría que estamos ante algo muy serio, la tendencia a acentuar siempre la profunda naturaleza espiritual y trascendental de la Eucaristía, su carácter cristocéntrico, la adhesión confiada a las rúbricas y a las normas (nn. 39-40), la preocupación por la sobriedad (n. 40), el sentido apropiado y digno de la celebración, el uso del arte y la arquitectura adecuados, el canto y la música, y evitar la improvisación y el desorden, todo ello refleja el modo asiático de vivir el culto y la espiritualidad. El pueblo de Asia es un pueblo que reverencia lo divino, cuyas formas de culto cuentan con siglos de antigüedad y no son invenciones de cualquier individuo por su cuenta.
La adhesión a las rúbricas en otras tradiciones religiosas en Asia es muy estricta. A la vez, esas rúbricas son un profundo reflejo del papel especial de lo Sagrado. Así pues, la seriedad recomendada por el Sumo Pontífice está totalmente en consonancia con el modo de dar culto en Asia.
Pregunta. Tras el Concilio Vaticano II se habló mucho, incluso entro los obispos asiáticos de la necesidad de la inculturación de la Liturgia. ¿Cómo se ha llevado a cabo en las iglesias de Asia? ¿Quedan cosas pendientes, o es un proceso abierto sin fecha de conclusión?
Respuesta. Como el mismo Papa afirma en la Sacramentum Caritatis, el principio de la inculturación “se debe mantener de acuerdo con las necesidades reales de la Iglesia, que vive y celebra el mismo misterio de Cristo en situaciones culturales diferentes” (n. 54). Sabemos que es una necesidad emergente en dos sentidos: la llamada a la evangelización o encarnación del mensaje evangélico en culturas diversas, y el requerimiento de una real y consciente participación del creyente en aquello que se celebra.
No obstante ya la Sacrosanctum Concilium señalaba unos parámetros claros dentro de los cuales tenían que realizarse la adaptaciones de la liturgia a los esquemas culturales locales. En ella se habla por ejemplo de que se admitan en la liturgia elementos que “armonicen con su espíritu verdadero y auténtico” (SC 37), que aseguren que “la unidad sustancial del rito Romano se mantenga” (SC 38), la verificación de tales cosas es decidida por la autoridad eclesiástica competente, es decir, la Santa Sede y, donde estuviera legalmente permitido, los obispos (cfr. Sacrosanctum Concilium 22: 1-2). También hace una llamada a la prudencia en la elección de adaptaciones que se quieren introducir en la Liturgia (SC 40:1), la necesidad de someter tales cosas a la Sede Apostólica para permitir, si fuese necesario, un periodo de experimentación limitado (SC 40:2) antes de su aprobación final, y la consulta a expertos en la materia (SC 40: 3).
Sacramentum Caritatis sigue en la misma línea de que las adaptaciones de la liturgia a las tradiciones culturales locales se realice de acuerdo con lo establecido por las diversas directrices que ha ido dando la Iglesia, y asegurando un sentido de equilibrio “entre los criterios y directrices ya instaurados y las nuevas adaptaciones” (n. 54), y todo esto también “siempre de acuerdo con la Sede Apostólica (n 54). En resumen, inculturación mediante adaptaciones sí, pero siempre dentro de parámetros claros que aseguren la dignidad y la ortodoxia.
Contemplando lo que se ha realizado hasta el momento uno no puede por menos de estar satisfecho. Algunos desarrollos positivos son visibles, como el uso a gran escala de la lengua vernácula en la liturgia que permite entender mejor los sacramentos y participar en ellos en mayor medida, y el uso del arte, de la música y de los gestos asiáticos en el culto. Pero muchas arbitrariedades e inconsistencias también se pueden ver, por ejemplo la permisión de todo tipo de experimentos con visos de oficialidad de tales prácticas, sin un estudio apropiado o una evaluación crítica.
Escuché una vez por radio una conferencia dada por un monje Budista en Sri Lanka que ridiculizaba a los cristianos por permitir hacer sonar los tambores en sus iglesias sin darse cuenta de que aquellos golpes de hecho eran cantos de alabanza a Buda. Esto sería sólo un ejemplo de la absorción precipitada de tradiciones locales que son per se incompatibles con lo que nosotros celebramos.
Cuando hablo de inconsistencia quiero decir practicas que hemos introducido como adaptaciones, pero que per se son incompatibles con nuestra cultura, como por ejemplo hacer sólo una inclinación en lugar de una genuflexión o una postración ante la Sagrada Eucaristía, o recibir la comunión en la mano estando de pie, cosas todas que están muy lejos de los niveles de reverencia que en Asia se da a lo sagrado. En algunas zonas, en lugar de introducir vestiduras o utensilios que sean reflejo de los valores locales, más bien han reducido al mínimo o incluso abandonado su uso. En ocasiones me quedé perplejo viendo a sacerdotes e incluso obispos celebrando o concelebrando sin la vestimenta litúrgica apropiada. Esto no es inculturación sino desculturación, si es que existe esa palabra.
La inculturación significa decidir qué ropa litúrgica es digna y respetuosa con las realidades sagradas que se celebran, no abandonarlas. Creo que las Comisiones Episcopales de Liturgia en Asia, en sus niveles continental regional o nacional, deben, con la ayuda de expertos, estudiar estos temas cuidadosamente, y encontrar medios y modos de promover el significado, la dignidad y la sacralidad de los divinos misterios que se celebran mediante adaptaciones sólidas, seleccionadas con sentido crítico y propuestas a la Santa Sede para su aprobación pertinente.
Es necesario que en estas materias haya un espíritu de colaboración más estrecha con la Santa Sede. Hay mucha ligereza en estos temas, e incluso una actitud de “¿quién decide?” que deja las cosas a una interpretación libre y a la creatividad de personas privadas. Junto a esto, me pregunto si hay suficiente conciencia de lo que el mismo Concilio mencionó sobre esta materia y de las directrices dadas en la Varietates Legitimae de la Congregación para el Culto divino y la Disciplina de los Sacramentos (25.I.94) y del n. 22 de Ecclesia in Asia de Juan Pablo II (6.XI-1999).
Pregunta. En el n. 54 de Sacramentum Caritatis el Papa Benedicto aboga por “proseguir el proceso de inculturación en el ámbito de la celebración eucarística” y reclama las “adaptaciones apropiadas a los diversos contextos y culturas”. ¿Qué significa esto en Asia?
Respuesta. Asia es generalmente considerado como el continente de la contemplación, del misticismo y de una mirada profundamente espiritual sobre la vida. Estas adaptaciones pueden resultar e incluso orientar hacia los orígenes de la mayoría de las religiones mundiales de este continente. Cualquier intento de inculturación de la liturgia o de la vida cristiana no debe pasar por alto estas profundas orientaciones místicas típicas de Asia.
Como Cristianos debemos mostrar que el Cristianismo es asiático en su origen y que es portador de incluso un más profundo sentido de misticismo del que tienen o puede desear tener en común con otros. Sería una pena que nos esforzáramos por planear nuestra fe como si se tratase de un apéndice de la cultura secular y globalizante que llevan consigo los valores seculares, e intentáramos hacerlos presente en Asia. Por desgracia, a veces, por nuestro modo de hacer las cosas estamos dando esta imagen y esto nos hace ser como extraños en nuestro propio continente.
Tome usted por ejemplo el abandono masivo de la sotana o de la indumentaria religiosa por parte de muchos sacerdotes y religiosos en Asia, incluso misioneros. A duras penas logran entender que en la cultura asiática las personas dedicadas a Dios o a la religión son siempre reconocibles por su modo de vestir, por ejemplo el monje Budista o el santón Hindú. Esto muestra claramente que no entendemos el verdadero sentido de la inculturación. Muy a menudo la inculturación se limita a un baile o dos durante la Santa Misa, o a echar unas flores, o a hacer sonar un tambor.
Y en cambio, nos vamos de cabeza y corazón tras modas y valores seculares. Si fuéramos verdaderos asiáticos pondríamos más atención en el misticismo de Jesús, en su mensaje de salvación, en el gran valor de la oración, de la contemplación, del desasimiento, de la sencillez de vida, de la devoción y la meditación y del valor del silencio, y en todas aquellas formas de celebración litúrgica que ponen gran atención en lo Sagrado y lo Trascendente. Nosotros, asiáticos, no podemos estar como “secularizados” que no ven nada más allá de lo visible y tangible.
Así también en la Liturgia, en lugar de concentrarnos en unos pocos gestos exteriores de valor cosmético, deberíamos enfocar la atención en acentuar las riquezas espirituales y místicas que han llegado hasta nosotros, y hacerlas resaltar más y más incluso en nuestro modo de vestir y de comportarnos. La Iglesia universal podría salir ganando de tener una iglesia en Asia que se hace expresión tangible del misticismo cristiano en un modo asiático.
Pregunta. En relación con la inculturación el Papa Benedicto anima a las “Conferencias Episcopales que favorezcan el adecuado equilibrio entre los criterios y normas ya publicadas y las nuevas adaptaciones, siempre de acuerdo con la Sede Apostólica” ¿Están trabajando en esta línea las Conferencias Episcopales de Asia?
Respuesta. En general encuentro muy buena voluntad por parte de las Conferencias Episcopales en esta materia, sin embargo, también hay problemas. Como ya dije sería mejor tener un claro espíritu de coordinación entre la FABC (Federación de Conferencias Episcopales de Asia) y nuestra Congregación en esta materia. La FABC tiene organismos de coordinación regional para el desarrollo humano, para la evangelización, para la inculturación, para el ecumenismo y el diálogo, para la educación, para las comunicaciones sociales, etc., pero no tengo noticia de que exista tal organismo para la liturgia y el culto. Establecer un organismo regional de este tipo sería sin duda de gran ayuda.
La Liturgia es importante ya que “lex orandi, lex credendi”. Tal organismo estaría en condiciones de animar y concienciar adecuadamente a las Comisiones Episcopales de Liturgia sobre este componente tan importante de la vida eclesial. Aún queda mucho trabajo por hacer para lograr mejores resultados.
El “adecuado equilibrio” del que habla el Papa se debe a la necesidad de asegurar por un lado un sano espíritu de apertura a la inculturación en la liturgia y por otro la necesidad de salvaguardar el carácter universal de la liturgia Católica, un tesoro confiado a la Iglesia en su ya bimilenaria tradición.
Pregunta. ¿Puede decirnos un ejemplo concreto de qué significa “adecuado equilibrio entre los criterios y normas ya publicadas y las nuevas adaptaciones”?
Respuesta. Por “adecuado equilibrio” el Santo Padre entiende por un lado fidelidad a la Universal y Católica Tradición en lo relativo a la celebración de la Sagrada Eucaristía, que el mismo Rito Romano custodia, y por otro el espacio que proporcionan la Sacrosanctum Concilium y la Varietates Legitimae para hacer adaptaciones. Como indica el n. 21 de Sacrosanctum Concilium existen elementos no cambiables divinamente instituidos” y “elementos sujetos a cambio” en la Liturgia. Sólo los últimos pueden ser modificados e incluso estos cambios serán hechos sobre la base de las normas que el Concilio mismo emanó en el cap 3 del mencionado documento.
En el caso de la Eucaristía el enfoque es el mismo. La Eucaristía no es meramente lo que la Iglesia hace, sino lo que el propio Señor nos donó, un tesoro para custodiar. Por eso, si algunas exigencias de evangelización y de inculturación del mensaje evangélico en situaciones diversas reclaman un cierto grado de diversidad, esto no deber ser dejado al capricho y espontaneidad del individuo celebrante. Las áreas susceptibles de diversidad son limitadas, y pertenecen a las áreas de lenguaje, música y canto, gesto y posturas, arte y procesiones (SC 39). En estas áreas la adaptación es posible y debe ser llevada a cabo después de un estudio adecuado, la aprobación debida de los obispos y luego el consentimiento de la Sede apostólica (SC, Capítulo 3).
El sentido del equilibrio entre salvaguardar las cosas esenciales y buscar integrar los elementos culturales locales es muy necesario, si la Iglesia desea progresar espiritualmente. Al mismo tiempo, considero que es más esencial no sólo las adaptaciones de ese tipo, sino la celebración noble y digna de cada acto litúrgico, haciendo que reflejen el misticismo del Este. Creo que esto sería más útil que una mera serie de adaptaciones externas, incluso aquellas introducidas siguiendo los procedimientos establecidos.
Además, el amor al silencio, una atmósfera contemplativa, el canto y la música que reflejen los divinos misterios que se celebran sobre el altar, la vestimenta decorosa y sobria, y el arte y la arquitectura que reflejen la nobleza de los lugares y objetos sagrados, todos ellos son valores asiáticos, que a menudo también se encuentran en lugares de culto de otras religiones, y que son más expresivos de un verdadero estilo asiático de la liturgia.
Pregunta. En el n. 87 de la Exhortación, el Papa expresa su preocupación por las graves dificultades que afrontan las comunidades cristianas “donde los cristianos son minoría o se les niega la libertad religiosa” y donde “simplemente el hecho de ir a la iglesia representa un desafío heroico que puede acarrearles marginación o violencia” ¿Se estaba refiriendo a las comunidades cristianas en Asia?
Respuesta. El Santo Padre expresaba su aprecio y su aliento ante los desafíos heroicos para algunos cristianos para quienes la práctica de la fe les obligaba a afrontar la persecución y el sufrimiento. Cuando hablamos de estas difíciles situaciones, la referencia directa es a los lugares donde hay una obstrucción explícita y una persecución de las comunidades cristianas. Tales dificultades son motivadas en ocasiones por factores políticos y otras veces por factores religiosos.
Algunas naciones quieren imponer iglesias promovidas por el Estado para controlar así la comunidad católica. Este último tipo de actitud busca cortar de raíz el vínculo jerárquico entre estas iglesias y la de Pedro, para conseguir debilitarlas desde dentro. Tales intentos son infructuosos, ya que los vínculos espirituales de esta manera no pueden ser rotos. Pues el vínculo de cada comunidad eclesial con la Iglesia universal, el cuerpo místico de Cristo, continúa manteniéndose.
Sin embargo, para mí, hay otra tipo de situación más importante. Se presenta mucho en Asia, pues debido al predominio de una u otra religión del mundo, las restricciones y controles se focalizan sobre la iglesia católica. En situaciones de este tipo se da una forma peor de hostigamiento no declarado hacia los católicos. Los misioneros son rechazados, es difícil construir edificios eclesiásticos al no tener garantizado el permiso; las manifestaciones públicas de la fe están bajo control; se establecen restricciones para la educación católica; se proponen o se hacen leyes contra la conversión, y se perpetran todo tipo de actos de discriminación. En resumen, en tales situaciones, uno necesita verdadero heroísmo para profesar y practicar la propia fe.
No quiero nombrar explícitamente estos países, por razones obvias, pero todo el mundo conoce cuáles son. Habida cuenta de esta situación la voz del Supremo Pontífice clamando “para una mayor libertad religiosa en cada nación de manera que los cristianos y los seguidores de otras religiones puedan expresar libremente sus convicciones tanto individualmente como en comunidad” (Sacramentum Caritatis, 87), es absolutamente tempestiva.
Pregunta. En el n. 62 de la Exhortación, el Papa propone la celebración de la Misa en latín y el uso del canto gregoriano en algunas ocasiones y en parte de la liturgia ¿Qué piensa usted de la acogida que tendrá esto por parte de los católicos de Asia? ¿Ha detectado usted que haya deseo por la misa en latín entre los católicos de Asia?
Respuesta. Sacrosanctum Concilium nunca abogó por le abandono total del latín o del canto gregoriano. Estableció que “se conservará el uso de la lengua latina en los ritos latinos, salvo derecho particular... Sin embargo, como el uso de la lengua vernácula es muy útil para el pueblo... se le podrá dar mayor cabida, ante todo, en las lecturas y moniciones, en algunas oraciones y cantos” (Sacrosanctum Concilium 36, 1-2). A la vez, desea que se de “el lugar debido a la lengua vernácula, principalmente en las lecturas y en la "oración común" y, según las circunstancias del lugar, también en las partes que corresponden al pueblo” (Sacrosanctum Concilium 54).
En ese mismo lugar, el Concilio desea que se preste cuidado para que se “procure que los fieles sean capaces también de recitar o cantar juntos en latín las partes del ordinario de la Misa que les corresponde” (Sacrosanctum Concilium, 54).
La cuestión es que, para la Sacrosanctum Concilium, la lengua vernácula no es la lengua normal de la liturgia, sino que lo es el latín, permitiendo que la vernácula se use en momentos específicos como las lecturas, algunas oraciones y cantos y las partes que pertenecen al pueblo. Es muy notable que reclama el uso del latín incluso “en aquellas partes del ordinario de la misa que pertenecen al pueblo” (Sacrosanctum Concilium, 54).
Por desgracia muy poco después del Concilio tuvo lugar prácticamente en todo el mundo un abandono casi total del latín, de tal forma que sólo la generación más antigua de católicos de Asia tiene noción del uso del latín en la liturgia y del canto gregoriano. Con la fuerte vernacularización de la liturgia y de la formación en los seminarios, el uso del latín desapareció casi completamente en la mayor parte de Asia.
Esto es más bien lamentable. No estoy seguro si hay un marcado anhelo para la vuelta del latín en la liturgia en Asia. Me gustaría que así fuese. Algunos católicos que se dan cuenta de la belleza del latín manifiestan este deseo. Ellos han visto o han experimentado liturgias celebradas en latían en Roma o en otras partes del mundo, y han quedado fascinados por ella. Otros están fascinados por el Rito latino antiguo, la Misa de Pío V que se celebra ahora en algunos lugares de Asia.
Pero la mayor parte de los católicos de Asia aún no se dan cuenta del valor del latín en la Santa Misa. Pienso que ellos tendrían algo que decir si se reintrodujese de alguna forma el latín. A ellos podría gustarles y conociendo el espíritu de devoción del que son portadores los católicos asiáticos les ayudaría seguramente a profundizar incluso aún más en su fe. Nuestro pueblo sabe que no todas las realidades divinas están al alcance del entendimiento humano y que ha de haber lugar para cierto sentido de misterio espiritual en el culto.
Además, sería bueno para la iglesia en Asia no quedar separados de las tendencias que están emergiendo por todas partes, una de las cuales es un renovado aprecio de la herencia latina bimilenaria de la Iglesia. Esto no quiere decir que abandonemos la lengua vernácula y abracemos el latín in toto. Un uso sobrio y con sentido común del latín, así como de la lengua vernácula en la línea de lo que señalaba Sacrosanctum Concilium sería una ganancia para todos. Además, en Asia algunas otras religiones han preservado un lenguaje “litúrgico” oficial, como el sánscrito para el hinduismo o el pali para el budismo. Estos no son lenguajes hablados, sólo se usan en el culto ¿no nos estarán dando una lección de que un “lenguaje litúrgico” que no es de uso común, puede expresar de la mejor manera el misticismo inherente de lo Sacro en el culto?
Pregunta. El Papa quiere que “los sacerdotes del futuro” aprendan latín en los seminarios, lo mismo que lean textos en latín y canten canto gregoriano. ¿Cómo piensa usted que los jóvenes estudiantes asiáticos para el sacerdocio consideran esta llamada? ¿Será bien recibida en los seminarios de Asia a esta medida?
Respuesta. No es cuestión de ser bien recibida o no; considero que es una necesidad y que más bien que caer en una mentalidad estrecha e individualista, o en un puro acercamiento empírico a la fe, que como es obvio no es el modo asiático y no da lugar para entender aquello que es trascendente, nuestros sacerdotes y seminaristas han de ser alentados para abrirse a la realidad más amplia de su fe, que es católica y universal, de sus raíces y desarrollo bimilenario y de sus dimensiones místicas y sagradas. Y, puesto que el latín está en la raíz de muchos desarrollos en teología, en liturgia, y en disciplina eclesiásticas, los seminaristas y los sacerdotes deben ser alentados a aprenderlo y a usarlo.
Esto ayudaría a la Iglesia en Asia no sólo a acoger mejor el contenido del depositum fidei y de su desarrollo, sino también a descubrir un genuino lenguaje teológico capaz de presentar la fe de manera convincente a los pueblos de Asia (cfr. Ecclesia in Asia, 20). Aprender latín de ninguna manera es volver atrás, sino más bien al contrario ir hacia delante. Sólo de esta manera puede tener lugar un verdadero y profundo proceso de inculturación. Una así llamada teología que no esté enraizada en las fuentes de la Sagrada Escritura y de la Tradición de la Iglesia, que no rece de rodillas y que no esté iluminada por la luz de una vida santa, no es otra cosa que una algarabía que no puede menos de llevar al desorden y a la confusión.
Esto mismo es aplicable a la Liturgia. El latín es la lengua litúrgica ordinaria de la Iglesia. En el origen y en el desarrollo del rito Romano jugó un papel principalísimo. Por eso, un conocimiento suficiente de esta lengua facilitaría entender mejor y apreciar más la belleza de lo que se está celebrando. Como afirmó el Santo Padre “la belleza de la liturgia es parte de este misterio; es expresión eminente de la gloria de Dios y, en cierto sentido, un asomarse del Cielo sobre la tierra” (Sacramentum Caritatis n. 35).
Celebrar en latín por tanto ayudaría a construir un sentido de respeto y admiración, así como un profundo legamen espiritual con aquello que el Señor mismo inspiró para que la Iglesia asumiera como su forma de culto. Esta apertura al latín también ayudaría a los estudiantes a apreciar mejor el papel del canto gregoriano en la iglesia. El Santo Padre desea que sea “cuidadosamente estimado y empleado”, por ser “el canto propio de la liturgia romana” (Sacramentum Caritatis 42). Captar la sencillez y belleza de esta gran forma musical también ayudaría a sacerdotes y seminaristas con talento, en Asia, a recibir inspiración del mismo y hacerles capaces de componer formas de canto dignas y piadosa,s que podrían armonizar muy bien con la cultura local. Parece muy presuntuoso decir que el uso del canto gregoriano dañaría la inculturación de la liturgia Más bien le beneficiaría.
Pregunta. ¿Hay alguna otra cosas que usted desee decir al las iglesias de Asia a propósito de la Exhortación y de cómo llevarla a la práctica?
Respuesta. Una mirada atenta a la Sacramentum Caritatis me convence cada vez más de que no sólo es un tesoro de información, inspiración y de verdadera pastoral, sino también una profunda reflexión teológica sobre la Eucaristía, que no obstante necesita ser complementada con lo que fueron los auténticos deseos del Concilio Vaticano II y de su documento sobre la Liturgia Sacrosanctum Concilium. La reforma postconciliar de la liturgia si bien es laudable en algunos aspectos, no ha plasmado completamente el espíritu del Concilio.
Como afirmó el Card. Ferdinando Antonelli cuando era miembro de la Comisión que trabajó en la reforma: “no estoy satisfecho de este espíritu. Encuentro espíritu crítico e impaciencia hacia la Santa Sede, que no hace presagiar nada bueno. Es decir, todo son estudios acerca de la racionalidad de la Liturgia pero no hay preocupación por la verdadera piedad. Temo que, un día, alguien diga de toda esta reforma lo que se dijo de la reforma de los himnos en tiempos de Urbano VIII: accepit liturgia recessit pietas (conforme progresa la liturgia regresa la piedad); en nuestro caso, accepit liturgia recessit devotio (conforme progresa la liturgia regresa la devoción). Me gustaría equivocarme” (del diario del Card. Antonelli, 30.IV.1965).
Hemos visto mucha banalización y oscurecimiento de los aspectos sagrados y místicos de la liturgia en muchos sitios de la Iglesia en nombre del así llamado “Konzilsgeist” (espíritu del Concilio).
Más o menos en los últimos veinte años la Iglesia ha vigilado por la rectitud de la reforma litúrgica y lo ha hecho en línea con las indicaciones de la Sacrosanctum Concilium. Documentos como la Liturgiam authenticam, Varietates Legitimae, Redemptionis Sacramentum y Ecclesia de Eucharistia son parte de este intento. Y la Sacramentum Caritatis, que es un documento colegial que recoge las proposiciones del Sínodo de los Obispos sobre la Sagrada Eucaristía, es el momento culminante, yo diría, de ese curso de poner las cosas derechas. Verdaderamente es un enderezamiento de las cosas y debe ser bienvenida, apreciada, estudiada y puesta en práctica.
La herencia cultural de Asia es profundamente religiosa y consciente del valor de lo sagrado y de los místico en la vida humana. Por eso la iglesia de Asia da la bienvenida a este documento y a sus orientaciones, que están dirigidas claramente a restablecer los profundos valores de la espiritualidad y de la fe en la liturgia de todo corazón, y a dar los pasos necesarios para llevar a cabo sus indicaciones con tanto celo y fidelidad como sea posible.
Estos son mis deseos para la iglesia de Asia, el continente del misticismo.
viernes, 11 de mayo de 2007

Desde Ronda80 le damos nuestra más sincera felicitación.
El curriculum de estudios y una biografía muy completa de D.Javier se puede encontrar en http://www.if-edithstein.org/httpdocs/prof_mafej.htm
miércoles, 2 de mayo de 2007
Votar en conciencia. Mons Fernando Sebastián
PAMPLONA, sábado, 28 abril 2007 (ZENIT.org).- Publicamos la carta que ha publicado monseñor Fernando Sebastián Aguilar, arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela, con el título «Votar en conciencia» ante las elecciones municipales y autonómicas que se celebrarán en España el 27 de mayo.
Dentro de pocas semanas los ciudadanos navarros ejerceremos el derecho y la responsabilidad de decidir con nuestro voto a qué partido encomendamos la gestión de los asuntos públicos de nuestra Comunidad Autónoma y de nuestro Municipio. Como Pastor de los católicos de Pamplona y Tudela, consciente de que no es tarea fácil, me siento obligado a ofreceros algunas orientaciones morales concretas siguiendo las líneas del reciente documento de la Conferencia Episcopal Española, «Orientaciones Morales sobre la situación actual de España», promulgado en noviembre del año pasado.
Al pronunciarme sobre estos asuntos, desde el punto de vista moral, no pretendo sino cumplir con mis obligaciones como Obispo, con las exigencias y la autoridad que esta condición lleva consigo. Como es sabido, las afirmaciones doctrinales y las orientaciones pastorales de un Obispo no son ni pretenden ser infalibles, pero, para los católicos, sí tienen el valor que les da la comunión expresamente buscada con el resto de los Pastores de la Iglesia, especialmente con el Obispo de Roma y Sucesor de Pedro, y, sobre todo, la prometida asistencia del Señor a sus Pastores, para favorecer el bien de los fieles y de la misma Iglesia, todo ello al servicio de la sociedad entera, pues el Señor Jesús es Señor y Salvador de todos.
En su sencillez exterior, el hecho de ir a votar es un acto importante.
Quienes ocupan los puestos de gobierno tienen mucho poder y están en condiciones de influir mucho en nuestra vida. Esto, que es siempre verdad, lo es más todavía en las próximas elecciones. El resultado de estas elecciones va a influir en muchas cosas que tienen implicaciones morales muy importantes, como son por ejemplo la seguridad y defensa de la vida, el tratamiento del matrimonio y de la familia, la educación moral de la juventud, la tranquilidad y estabilidad de la convivencia. Con estas reflexiones quiero ayudaros a descubrir las implicaciones y consecuencias morales de nuestro voto para poder actuar responsablemente.
Es verdad que en estas cuestiones cada uno tiene que decidir libremente el contenido de su voto, pero esta libertad no quiere decir arbitrariedad ni indiferencia. Al decidir nuestro voto, es justo que tengamos en cuenta muchos aspectos de orden práctico acerca de los cuales cada uno puede inclinarse a favor de la solución o de los proyectos que le parezcan más convenientes para el bien común y aun para el bien personal. Pero además de estos elementos opinables, hay otras consideraciones de orden moral en virtud de las cuales podemos sentirnos más obligados en conciencia a apoyar o excluir algunas de las alternativas posibles.
Nadie puede decir con razón que los católicos nos salimos de las leyes democráticas cuando decimos que hay que votar en conciencia según unos criterios morales objetivos. El votante configura y decide su voto valorando los aspectos que le parecen más favorables para su bien y el bien común de los ciudadanos. Cada uno debe valorar los diversos elementos y circunstancias actuando libremente según su propio juicio y su recta conciencia. En democracia es indispensable que cada ciudadano pueda intervenir en la vida política según su propio criterio y su propia conciencia con absoluta libertad y plena responsabilidad. Este es nuestro caso, pues los católicos, y otras muchas personas de recta conciencia y de buena voluntad, consideramos que los aspectos morales de las cuestiones debatidas son muy importantes para el bien de las personas y el de la sociedad entera, a medio y largo plazo.
El criterio fundamental para configurar la propia conciencia es la obligación de evitar el mal y de favorecer el bien. En temas que afectan a la vida y los derechos de la persona, el criterio básico es el de aceptar y favorecer lo que esté conforme con la ley natural, según una valoración moral apoyada en la misma naturaleza humana que favorece el desarrollo de las potencialidades humanas de acuerdo con el bien de la persona, en verdad y justicia. Según este criterio difícilmente discutible, los católicos tenemos claro que no podemos apoyar programas o proyectos políticos que amenazan el derecho a la vida de los seres humanos desde su concepción hasta la muerte natural, alteran esencialmente la concepción del matrimonio desprotegiendo la realidad de la familia, debilitan las bases de la convivencia. En el caso, nada infrecuente, de que ninguna opción política satisfaga las exigencias morales de nuestra conciencia, la recta conciencia nos induce a votar aquella alternativa que nos parezca menos contraria a la ley natural, más apta para proteger los derechos de la persona y de la familia, más adecuada para favorecer la estabilidad social y la convivencia, y mejor dispuesta para respetar la ley moral en sus actividades legislativas, judiciales y administrativas.
En las presentes circunstancias, desde el punto de vista moral, lo que se puede decir con claridad y seguridad es que, en este caso concreto, para votar responsablemente, es preciso anteponer los criterios morales a las cuestiones y preferencias opinables y contingentes de orden estrictamente político. Habrá cuestiones secundarias que tengamos que dejar en un segundo plano para atender en primer lugar a los aspectos y consecuencias de orden moral de nuestro voto. Esto ocurre siempre que las propuestas de los partidos desbordan sus legítimas competencias y afectan a cuestiones de orden moral que tienen que estar por encima de los avatares políticos. El buen criterio de los votantes es el verdadero guardián de la salud moral y cultural de las sociedades y de los pueblos. Esta es ahora nuestra situación. Dios nos ilumine y nos guíe por el camino del buen sentido y de la justicia, pilares de la paz y del verdadero progreso.
Pamplona, 27 de Abril del 2007.
+ Fernando Sebastián Aguilar,
Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela
ZS07042802
lunes, 23 de abril de 2007
COLEGIOS QUE DEJAN DE SER CATÓLICOS
El éxito de asistencia fue total y contó con la presencia del Cardenal Arzobispo de Toledo, Mons. Cañizares.
Mons. Cañizares pidió a los colegios religiosos de la diócesis que objeten la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Indicó que está dispuesto a que en caso de que alguno no cumpla el punto 13 de la nota de los Obispos (ver pie), está dispuesto a realizar una declaración pública señalando que ese colegio ha dejado de ser una escuela católica.
http://www.conferenciaepiscopal.es/documentos/Conferencia/LOE2007.htm
La Ley Orgánica de Educación (LOE),los Reales Decretos que la desarrollan ylos derechos fundamentales de padres y escuelas
Madrid, 28 de febrero de 2007
…….
13. Los padres harán muy bien en defender con todos los medios legítimos a su alcance el derecho que les asiste de ser ellos quienes determinen la educación moral que desean para sus hijos. Los centros católicos de enseñanza, si admiten en su programación los contenidos previstos en los Reales Decretos, entrarán en contradicción con su carácter propio, informado por la moral católica. El Estado no puede obligarles a hacerlo, si no es vulnerando el derecho a la libertad de enseñanza y a la libertad religiosa. Los centros estatales, por su parte, al tener que impartir esta asignatura perderán su obligada neutralidad ideológica e impondrán a los alumnos una formación moral no libremente elegida por sus padres o incluso expresamente contradictoria con su voluntad cuando éstos hayan elegido para sus hijos la enseñanza de la Religión y Moral católica. Los padres y los centros educativos deben actuar de modo responsable y comprometido en favor de sus derechos educativos y de la libertad de conciencia.
………
Al efecto, en el Semanario Alba, del 20 al 26 de Abril de 2007, hay un interesante artículo en la página 30 (Sociedad/Educación) con el siguiente título:
“La FERE está manteniendo una postura incoherente”, relacionado con una entrevista con el ex presidente de Educación y Gestión, Nestor Ferrera.
martes, 27 de marzo de 2007
Benedicto XVI a los divorciados vueltos a casarse
vueltos a casar cultivar "un estilo de vida cristiano" y aunque precisó que
no pueden comulgar, recordó que estas personas "siguen perteneciendo a la
Iglesia".
En la Exhortación Apostólica Sacramentum Caritatis, el Pontífice abordó la
relación entre Eucaristía e indisolubilidad del matrimonio.
"Puesto que la Eucaristía expresa el amor irreversible de Dios en Cristo por
su Iglesia, se entiende por qué ella requiere, en relación con el sacramento
del Matrimonio, esa indisolubilidad a la que aspira todo verdadero amor. Por
tanto, es más que justificada la atención pastoral que el Sínodo ha dedicado
a las situaciones dolorosas en que se encuentran bastantes fieles que,
después de haber celebrado el sacramento del Matrimonio, se han divorciado y
contraído nuevas nupcias", explicó.
Según el Papa, éste es "un problema pastoral difícil y complejo, una
verdadera plaga en el contexto social actual, que afecta de manera creciente
incluso a los ambientes católicos".
En esta coyuntura indicó que "los Pastores, por amor a la verdad, están
obligados a discernir bien las diversas situaciones, para ayudar
espiritualmente de modo adecuado a los fieles implicados".
El Santo Padre reiteró que "el Sínodo de los Obispos ha confirmado la praxis
de la Iglesia, fundada en la Sagrada Escritura, de no admitir a los
sacramentos a los divorciados casados de nuevo, porque su estado y su
condición de vida contradicen objetivamente esa unión de amor entre Cristo y
la Iglesia que se significa y se actualiza en la Eucaristía".
Tras reiterar que "los divorciados vueltos a casar, a pesar de su situación,
siguen perteneciendo a la Iglesia", indicó que ésta "los sigue con especial
atención, con el deseo de que, dentro de lo posible, cultiven un estilo de
vida cristiano mediante la participación en la santa Misa, aunque sin
comulgar, la escucha de la Palabra de Dios, la Adoración eucarística, la
oración, la participación en la vida comunitaria, el diálogo con un
sacerdote de confianza o un director espiritual, la entrega a obras de
caridad, de penitencia, y la tarea educativa de los hijos".
Evitar divorcios
El documento papal recomienda "tener el máximo cuidado pastoral en la
formación de los novios y en la verificación previa de sus convicciones
sobre los compromisos irrenunciables para la validez del sacramento del
Matrimonio".
"Un discernimiento serio sobre este punto podrá evitar que los dos jóvenes,
movidos por impulsos emotivos o razones superficiales, asuman
responsabilidades que luego no sabrían respetar. El bien que la Iglesia y
toda la sociedad esperan del Matrimonio, y de la familia fundada sobre él,
es demasiado grande como para no ocuparse a fondo de este ámbito pastoral
específico. Matrimonio y familia son instituciones que deben ser promovidas
y protegidas de cualquier equívoco posible sobre su auténtica verdad, porque
el daño que se les hace provoca de hecho una herida a la convivencia humana
como tal", sostiene.
viernes, 23 de marzo de 2007
Nota de los Obispos españoles por una cultura de la vida
Nota de los Obispos de la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida
El domingo 25 de Marzo, muchas diócesis y asociaciones celebrarán el día de la Vida. Con esta ocasión los Obispos de la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida queremos dirigirnos a todos para ofrecer unos puntos de reflexión y para manifestar nuestro apoyo y aliento a esta celebración.
1. Ante la situación actual de España
La última Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española aprobó unas Orientaciones morales ante la situación actual de España, que querían ofrecer unos criterios para el discernimiento que hoy es necesario.
En el terreno de la vida, nos encontramos en un momento preocupante de nuestra historia. Por un lado, los recientes cambios legislativos han llevado a que España tenga una de las legislaciones que menos protege la vida humana en el mundo entero. Por otro lado, desde las instituciones se promueve la promiscuidad sexual con la falsa esperanza de que el preservativo o el recurso a la “píldora del día después” permitirán una práctica “segura” del sexo. Pero al contrario de lo esperado, las enfermedades de transmisión sexual y los abortos siguen creciendo.
No menor preocupación suscitan algunos temas que aparecen recurrentemente en los medios de comunicación que pueden llegar a anestesiar las conciencias. En particular, diversos grupos de presión y muchos medios de comunicación promueven la regulación legal del aborto libre y de la eutanasia.
Por ello, como Pastores del “Pueblo de la Vida” (Evangelium vitae, n. 78), tenemos que denunciar la extensión en nuestra sociedad de una verdadera “cultura de la muerte”, una visión del hombre que deja sin fundamento sus derechos fundamentales y diluye en la conciencia social el valor de la vida y la dignidad de la persona.
Nos encontramos ante un verdadero “desafío cultural”, un cambio sin precedentes en el corazón y la conciencia de nuestras familias y de la sociedad. Este desafío requiere una respuesta a distintos niveles.
2. Ayudar eficazmente a las madres
La primera acción de promoción de una cultura de la vida es la atención a las situaciones donde la vida de una persona está en peligro. No basta que animemos a una mujer a que se sobreponga a las presiones que la empujan al aborto si no le ofrecemos los medios para ello. Por eso es imprescindible el precioso servicio que tantas asociaciones ofrecen a las madres embarazadas para que puedan llevar adelante su embarazo. Queremos agradecer a todos su trabajo en este campo, a la vez que los alentamos para que perseveren a pesar de tantas dificultades.
En este terreno asistencial tenemos también que felicitarnos por iniciativas como Red Madre, que permite una coordinación y sostenimiento institucional de la ayuda a la mujer embarazada. Nuestra sociedad está tomando conciencia de que muchas veces el aborto se produce porque la mujer se encuentra sola ante una fuerte presión que la empuja al aborto. La sociedad tiene la responsabilidad de ofrecer a estas mujeres la posibilidad de elegir que su hijo llegue a nacer. Por eso, un solo aborto es un enorme fracaso de nuestra sociedad.
3. Necesidad de conversión para generar una cultura de la vida
Siendo insustituible la acción asistencial, no basta esta acción para dar respuesta al desafío cultural al que nos enfrentamos. Es necesario, sobre todo, fomentar entre los propios católicos una experiencia de fe, es decir, del reconocimiento de la presencia de Cristo entre nosotros, verdadera y fiel. Tan verdadera y fiel que pueda determinar todas las dimensiones de nuestra vida, como para que haga resplandecer en nosotros el amor a la propia vida y la gratitud por ella, y como para suscitar en nosotros la voluntad de ayudar y sostener siempre el amor a la vida de los demás, tratando de hacerlo posible con nuestro testimonio del amor de Cristo y con nuestro afecto. Llamar a esta experiencia de fe es llamar a la conversión. Todos contribuimos a la cultura de la muerte cuando nos sometemos a la mentalidad consumista, cuando hacemos del poder, del dinero, del estatus o del éxito social, los criterios que rigen el valor de la vida humana. Por eso, la conversión es siempre la primera responsabilidad de los católicos en relación con la vida. La primera, y la única verdaderamente indispensable, verdaderamente insustituible, si en verdad se ama la vida. En realidad, sólo un sujeto social –un pueblo– agradecido por la experiencia de la redención de Cristo puede expresar con verdad y generar una auténtica cultura de la vida.
Luego, pero sólo en un segundo momento, es necesaria también la presencia de intelectuales que propongan una cultura de la vida, que sean capaces de generar una argumentación adecuada a nuestro tiempo y que pueda iluminar la conciencia social. Personas públicas que se comprometan por la causa de la vida. Instituciones académicas, universitarias y culturales que promuevan en nuestra sociedad el valor de la vida. A las instituciones católicas y no católicas que trabajan por defender la vida, les queremos manifestar nuestro apoyo y aliento a su dura tarea. Esperamos que su común servicio a la vida sea capaz de generar una unidad de acción y un espíritu de comunión. Esta unidad será un testimonio convincente para la sociedad y también la garantía de un trabajo más fecundo.
4. Necesidad de incidir en las leyes y las políticas sociales
Una cultura de la vida, si es verdadera y no sólo un eslogan ideológico, incidirá necesariamente en la política. Un pueblo que ama la vida actúa sobre los partidos políticos que han de representarle para que propongan en sus planes electorales y luego desarrollen una legislación donde el valor de la vida sea protegido y promovido.
En el campo del aborto y de la reproducción asistida, tenemos en España unas leyes que atentan contra la vida, y que por tanto tienen que ser abolidas.
Pero también debemos tomar conciencia de que si las autoridades sanitarias velaran por el cumplimiento de la ley y de las condiciones en que el aborto está despenalizado, no es temerario suponer que el número de abortos en España se reduciría drásticamente. Por ello, a la vez que pedimos a la sociedad y a los políticos la abolición de los supuestos en los que el aborto está despenalizado, porque es una ley gravemente injusta, instamos a las instituciones sanitarias a que persigan estos abusos. Es una grave responsabilidad de las autoridades.
5. La gravísima amenaza de la eutanasia
Una de las cuestiones que vemos con mayor preocupación es la campaña que, desde diversos ámbitos, se realiza para promover la aceptación social de la eutanasia. La metodología es la que se empleó en la legalización del divorcio: se presentan casos dramáticos para que el sentimiento, aparentemente “bueno” y “piadoso” de “ayudar” al enfermo que sufre, se imponga al recto juicio. Es, pues, una manipulación que no por sutil es menos real. Estos últimos días lo hemos vivido con mayor intensidad por el desgraciado caso de todos conocido.
Además de denunciar estos hechos como moralmente inaceptables, queremos recordar a la sociedad que una cosa es el suicidio asistido y otra la eutanasia. La práctica legalmente consentida de la eutanasia consiste en que una persona da muerte a otra. Basta que miremos a países cercanos, como Holanda, para comprender lo que esto supone y a dónde llega la sociedad en esta pendiente resbaladiza.
Por otra parte, si consideramos la situación de la práctica del aborto en España, es clara la falacia de los que abogan por una despenalización de la eutanasia en determinados supuestos y con unas rigurosas condiciones. ¿Cómo pueden garantizar que para la eutanasia se cumplirán esas condiciones que en el aborto se ignoran?
Nuestra sociedad está a tiempo de abandonar el camino que la lleva a la práctica de la eutanasia. Para ello tenemos que trabajar con empeño y confianza, sin olvidar que en esto los políticos tienen una singular responsabilidad.
En primer lugar, tenemos que ofrecer nuestro apoyo, compañía, y los medios médicos lícitos para aliviar el dolor y sufrimiento de los enfermos cuya vida sufre un grave deterioro. A la vez que les descubrimos el valor de su sufrimiento unido a la Cruz de Cristo, tenemos que sostenerles en su lucha contra la tentación de la desesperación o el suicidio y aliviar su sufrimiento con los medios que la actual medicina paliativa nos ofrece.
Hay que generar una cultura de la dignidad de la persona enferma y del valor de su vida, que despierte en nuestra en nuestra sociedad la conciencia de la inmoralidad de la eutanasia. Para ello la Declaración de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española titulada La eutanasia es inmoral y antisocial puede ser un instrumento útil.
6. Una acción decidida a favor de la vida
Todos tenemos la responsabilidad de promover la vida, cada uno en la medida de sus posibilidades, para evitar la extensión en nuestra sociedad de la cultura de la muerte y de leyes antivida.
La verdad del evangelio exige la coherencia de los católicos en todas las dimensiones de la vida, y también en la vida pública. Es cierto que la primera y más directa responsabilidad respecto de las leyes es de los políticos que las promueven, pero los ciudadanos tenemos la responsabilidad de no respaldar a quienes promueven leyes que atentan, de un modo u otro, contra el valor sagrado de la vida. El bien de la sociedad requiere que cada uno asuma más seriamente su propia responsabilidad, también el conjunto de los cristianos como pueblo, en la construcción de un futuro más humano.
Terminamos recordando unas palabras de las Orientaciones morales aprobadas recientemente, para que nos iluminen en nuestra responsabilidad y en la promoción decidida de una cultura de la vida:
«En consecuencia, los católicos y los ciudadanos que quieran actuar responsablemente, antes de apoyar con su voto una u otra propuesta, han de valorar las distintas ofertas políticas, teniendo en cuenta el aprecio que cada partido, cada programa y cada dirigente otorga a la dimensión moral de la vida y a la justificación moral de sus propuestas y programas. La calidad y exigencia moral de los ciudadanos en el ejercicio de su voto es el mejor medio para mantener el vigor y la autenticidad de las instituciones democráticas. “Es preciso afrontar -señala el Papa- con determinación y claridad de propósitos, el peligro de opciones políticas y legislativas que contradicen valores fundamentales y principios antropológicos y éticos arraigados en la naturaleza del ser humano, en particular con respecto a la defensa de la vida humana en todas sus etapas, desde la concepción hasta la muerte natural, y a la promoción de la familia fundada en el matrimonio, evitando introducir en el ordenamiento público otras formas de unión que contribuirían a desestabilizarla, oscureciendo su carácter peculiar y su insustituible función social”»(Orientaciones morales ante la situación actual de España, n. 56).
Dios quiera que este tiempo de cuaresma, tiempo de renovación y de conversión, nos ayude a renovar nuestro compromiso por la vida y a convertirnos a la vida. Que la Virgen María, que en el misterio de la Encarnación acogió en su seno al que es la Vida, Jesucristo, nos sostenga en este camino cuaresmal que conduce a la Pascua, fiesta de la Vida. Recibid nuestra más afectuosa bendición.
Madrid, 19 de marzo de 2007, Solemnidad de San José
Los Obispos de la Subcomisión Episcopal de Familia y Vida
X Mons. Julián Barrio Barrio
Presidente de la CEAS
X Mons. Juan Antonio Reig Pla
Presidente de la Subcomisión para la
Familia y Defensa de la Vida
X Mons. Francisco Gil Hellín
X Mons. Javier Martínez Fernández
X Mons. Vicente Juan Segura
El Papa confirma "carácter obligatorio" del celibato para tradición latina
El Pontífice reafirmó "el sentido profundo del celibato sacerdotal considerado justamente como una riqueza inestimable y confirmado por la praxis oriental de elegir como obispos sólo entre los que viven el celibato".
Según el Papa, "esta opción del sacerdote es una expresión peculiar de la entrega que lo conforma con Cristo y de la entrega exclusiva de sí mismo por el Reino de Dios. El hecho de que Cristo mismo, sacerdote para siempre, viviera su misión hasta el sacrificio de la cruz en estado de virginidad es el punto de referencia seguro para entender el sentido de la tradición de la Iglesia latina a este respecto".
No es solo funcional
El Santo Padre reiteró que "no basta con comprender el celibato sacerdotal en términos meramente funcionales" porque "en realidad, representa una especial conformación con el estilo de vida del propio Cristo. Dicha opción es ante todo esponsal; es una identificación con el corazón de Cristo Esposo que da la vida por su Esposa".
"Junto con la gran tradición eclesial, con el Concilio Vaticano II y con los Sumos Pontífices predecesores míos, reafirmo la belleza y la importancia de una vida sacerdotal vivida en el celibato, como signo que expresa la dedicación total y exclusiva a Cristo, a la Iglesia y al Reino de Dios, y confirmo por tanto su carácter obligatorio para la tradición latina. El celibato sacerdotal, vivido con madurez, alegría y dedición, es una grandísima bendición para la Iglesia y para la sociedad misma".
Escasez de clero
Según el Papa, hay preocupación por la escasez de sacerdotes en muchas diócesis tanto "en algunas zonas de primera evangelización" como "en muchos países de larga tradición cristiana".
Además de "una distribución del clero más ecuánime" y "un trabajo de sensibilización capilar", el Papa propuso iniciativas pastorales que favorezcan "sobre todo en los jóvenes, la apertura interior a la vocación sacerdotal".
Sin embargo, aclaró que "esta situación no se puede solucionar con simples medidas pragmáticas. Se ha de evitar que los Obispos, movidos por comprensibles preocupaciones por la falta de clero, omitan un adecuado discernimiento vocacional y admitan a la formación específica, y a la ordenación, candidatos sin los requisitos necesarios para el servicio sacerdotal".
"Un clero no suficientemente formado, admitido a la ordenación sin el debido discernimiento, difícilmente podrá ofrecer un testimonio adecuado para suscitar en otros el deseo de corresponder con generosidad a la llamada de Cristo. La pastoral vocacional, en realidad, tiene que implicar a toda la comunidad cristiana en todos sus ámbitos. Obviamente, en este trabajo pastoral capilar se incluye también la acción de sensibilización de las familias, a menudo indiferentes si no contrarias incluso a la hipótesis de la vocación sacerdotal. Que se abran con generosidad al don de la vida y eduquen a los hijos a ser disponibles ante la voluntad de Dios. En síntesis, hace falta sobre todo tener la valentía de proponer a los jóvenes la radicalidad del seguimiento de Cristo, mostrando su atractivo", indicó.
Asimismo, recordó que "es necesario tener mayor fe y esperanza en la iniciativa divina. Aunque en algunas regiones haya escasez de clero, nunca debe faltar la confianza de que Cristo sigue suscitando hombres que, dejando cualquier otra ocupación, se dediquen totalmente a la celebración de los sagrados misterios, a la predicación del Evangelio y al ministerio pastoral".
viernes, 16 de marzo de 2007
Obras de Jon Sobrino contienen "notables discrepancias" con la fe de la Iglesia
Obras del padre Sobrino contienen «notables discrepancias» con la fe de la Iglesia Constata un «Notificación» de la Congregación para la Doctrina de la Fe
Obras del sacerdote Jon Sobrino S.J. presentan «notables discrepancias con la fe de la Iglesia», constata una «Notificación» publicada este miércoles por la Congregación para la Doctrina de la Fe.
El documento, firmado por el prefecto de ese dicasterio vaticano, el cardenal estadounidense William Cardenal Levada, explica que estas discrepancias afectan a cuestiones centrales al cristianismo, como son «la divinidad de Jesús», «la encarnación del Hijo de Dios», «la relación entre Jesucristo y el Reino de Dios», «la autoconciencia de Jesucristo» y «el valor salvífico de su muerte».
El padre Sobrino, nacido en 1938 en el seno de una familia vasca, llegó a El Salvador, siendo novicio de la Compañía de Jesús, en 1957, con 18 años, quedando sumamente impresionado por la dramática realidad social del país centroamericano.
Exponente de una de las corrientes de la Teología de la Liberación, ha dedicado la mayor parte de su vida a la docencia teológica en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) de San Salvador.
La Congregación explica que, en el año 2001, cuando su prefecto era el cardenal Joseph Ratzinger, se decidió emprender una investigación sobre las obras del padre Sobrino al haberse constatado errores y dada su amplia divulgación en seminarios y otros centros de estudio, sobre todo en América Latina.
La «Notificación» se centra en dos obras del padre Sobrino: «Jesucristo liberador. Lectura histórico-teológica de Jesús de Nazaret» (Madrid, 1991) y «La fe en Jesucristo. Ensayo desde las víctimas» (San Salvador, 1999).
Los pobres
La «Nota explicativa» que ha publicado la Congregación para acompañar a la «Notificación» comienza aclarando que la preocupación del padre Sobrino por los pobres en América Latina «es ciertamente la de la Iglesia entera».
Ratifica «la opción preferencial por los pobres», aclarando que «lejos de ser un signo de particularismo o de sectarismo, manifiesta la universalidad del ser y de la misión de la Iglesia. Dicha opción no es exclusiva».
Ahora bien, aclara la «Notificación», se da un error de metodología en la obra del sacerdote. En su libro «Jesucristo liberador», el padre Sobrino
afirma: «La cristología latinoamericana [.] determina que su lugar, como realidad sustancial, son los pobres de este mundo, y esta realidad es la que debe estar presente y transir cualquier lugar categorial donde se lleva a cabo».
«El lugar eclesial de la cristología no puede ser la "Iglesia de los pobres"
sino la fe apostólica transmitida por la Iglesia a todas las generaciones», aclara el documento vaticano. «El teólogo, por su vocación particular en la Iglesia, ha de tener constantemente presente que la teología es ciencia de la fe».
Divinidad de Jesús
El texto constata que «diversas afirmaciones del autor tienden a disminuir el alcance de los pasajes del Nuevo Testamento que afirman que Jesús es Dios». Según el documento, Sobrino, considera que «la divinidad de Jesús ha sido afirmada sólo después de mucho tiempo de reflexión creyente y que en el Nuevo Testamento se halla solamente "en germen"».
Sin embargo, explica la Santa Sede, «la confesión de la divinidad de Jesucristo es un punto absolutamente esencial de la fe de la Iglesia desde sus orígenes y se halla atestiguada desde el Nuevo Testamento».
La encarnación del Hijo de Dios
En este sentido, la nota considera que en las obras analizadas del padre Sobrino se establece «una distinción entre el Hijo y Jesús» sugiriendo «la presencia de dos sujetos en Cristo.
«No resulta claro que el Hijo es Jesús y que Jesús es el Hijo». Esta visión, señala, «resulta incompatible con la fe católica, que afirma la unidad de la persona de Jesucristo en las dos naturalezas, divina y humana», según las formulaciones los Concilios de la Iglesia.
Jesucristo y el Reino de Dios
Al presentar a Jesucristo y el Reino de Dios, según la «Notificación», el padre Sobrino no deja claro que Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres, como «siempre» ha afirmado la Iglesia: «su mediación es única, singular, universal e insuperable». Por el contrario, según el teólogo, «la persona de Jesús, como mediador, no se puede absolutizar».
La autoconciencia de Jesucristo
Según el documento, «la relación filial de Jesús con el Padre, en su singularidad irrepetible no aparece con claridad», en las obras analizadas, más aún, «llevan más bien a excluirla».
En ocasiones, Sobrino dice que Jesús es «un creyente como nosotros». Pero, «si Jesús fuera un creyente como nosotros, aunque de manera ejemplar, no podría ser el revelador verdadero que nos muestra el rostro del Padre», advierte la Santa Sede.
El valor salvífico de la muerte de Jesús «Algunas afirmaciones»de Sobrino, dice la «Notificación» «hacen pensar que, según él, Jesús no ha atribuido a su muerte un valor salvífico»: El teólogo afirma literalmente: «no hay datos para pensar que Jesús otorgara un sentido absoluto trascendente a su propia muerte».
«La muerte de Cristo es "exemplum" [ejemplo, ndr.] y no "sacramentum" (don).
La redención se reduce al moralismo», considera la nota.
Sin embargo, dice citando al Concilio Vaticano II la nota: «El Hijo de Dios, en la naturaleza humana que unió a sí, venciendo la muerte con su muerte y resurrección, redimió al hombre y lo transformó en una criatura nueva».
Tras un examen de casi tres años sobre obras del padre Sobrino, la Congregación para la Doctrina de la Fe le envió un elenco de proposiciones erróneas o peligrosas encontradas en los libros citados.
En el mes de marzo de 2005 el padre Sobrino envió a la Congregación una «Respuesta al texto de la Congregación para la Doctrina de la Fe», la cual fue examinada en la Sesión Ordinaria del 23 de noviembre de 2005.
«Se constató que, aunque en algunos puntos el autor había matizado parcialmente su pensamiento, la Respuesta no resultaba satisfactoria, ya que, en sustancia, permanecían los errores que habían dado lugar al envío del elenco de proposiciones ya mencionado».
«Aunque la preocupación del autor por la suerte de los pobres es apreciable, la Congregación para la Doctrina de la Fe se ve en la obligación de indicar que las mencionadas obras del P. Sobrino presentan, en algunos puntos, notables discrepancias con la fe de la Iglesia».
Por este motivo, la Congregación ha publicado la «Notificación», «para poder ofrecer a los fieles un criterio de juicio seguro, fundado en la doctrina de la Iglesia, acerca de las afirmaciones» del teólogo en sus libros.
ZS07031402
Santa Sede: Proposiciones de Jon Sobrino no son conformes con la doctrina de la Iglesia
VATICANO, 14 Mar. 07 (ACI).-
En su responsabilidad de "llamar la atención acerca de ciertas proposiciones que no están en conformidad con la doctrina de la Iglesia", la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó hoy una Notificación sobre algunas obras del sacerdote jesuita Jon Sobrino, en las que se han encontrado "diversas proposiciones erróneas o peligrosas que pueden causar daño a los fieles".
El texto vaticano señala la existencia de algunas proposiciones que Sobrino expresa en dos de sus obras, Jesucristo liberador. Lectura histórico-teológica de Jesús de Nazaret y La fe en Jesucristo. Ensayo desde las víctimas, que "no están en conformidad con la doctrina de la Iglesia".
Los errores que apunta la Congregación se refieren a los presupuestos metodológicos en los que Sobrino funda su reflexión teológica, a la divinidad de Jesucristo, la encarnación del Hijo de Dios, la relación entre Jesucristo y el Reino de Dios, la autoconciencia de Jesucristo y, finalmente, el valor salvífico de su muerte.
En la Nota explicativa, que cuenta con la aprobación del Papa Benedicto XVI, se reconoce que el teólogo liberacionista manifiesta en sus obras preocupación por los pobres, preocupación que es "ciertamente la de la Iglesia entera". Sin embargo, recuerda haciendo alusión a la Instrucción "Libertatis conscientia" de dicha Congregación, que "dicha opción no es exclusiva" y que por ello "la Iglesia no puede expresarla mediante categorías sociológicas o ideológicas reductivas, que harían de esta preferencia una opción partidista y de naturaleza conflictiva".
La Notificación
En la Notificación se explica que tras un primer examen de los volúmenes en cuestión, la Congregación, "a causa de las imprecisiones y errores en ellos encontrados", decidió en 2001 emprender un "estudio ulterior y más profundo"
de dichas obras. "Dada la amplia divulgación de estos escritos y el uso de los mismos en Seminarios y otros centros de estudio, sobre todo en América Latina, se decidió seguir para este estudio el 'procedimiento urgente'"
establecido por el dicasterio vaticano.
"Como resultado de tal examen, -continúa la Notificación- en el mes de julio de 2004 se envió al autor, a través del padre Peter Hans Kolvenbach, S.I., Prepósito General de la Compañía de Jesús, un elenco de proposiciones erróneas o peligrosas encontradas en los libros citados".
En marzo de 2005 el P. Sobrino envió una respuesta a la Congregación. Tras su examen, este dicasterio constató en noviembre del mismo año que, "aunque en algunos puntos el autor había matizado parcialmente su pensamiento, la respuesta no resultaba satisfactoria, ya que, en sustancia, permanecían los errores que habían dado lugar al envío del elenco de proposiciones ya mencionado".
"Se decidió por tanto publicar la presente Notificación, para poder ofrecer a los fieles un criterio de juicio seguro, fundado en la doctrina de la Iglesia, acerca de las afirmaciones de los libros citados o de otras publicaciones del Autor".
Proposiciones no conformes con la doctrina de la Iglesia
"La Congregación no pretende juzgar las intenciones subjetivas del Autor, pero tiene el deber de llamar la atención acerca de ciertas proposiciones que no están en conformidad con la doctrina de la Iglesia"
Preocupación en América Latina
En América Latina, especialmente, en el Salvador, donde Sobrino vive y trabaja desde hace casi cinco décadas, la noticia de la condena de la Congregación para la Doctrina de la Fe se filtró el lunes. El Arzobispo de San Salvador, Mons. Fernando Sáenz Lacalle, reconoció la existencia del documento y señaló que "nos dice la Santa Sede que las conclusiones de sus estudios teológicos no son concordes con la doctrina de la Iglesia".
Según algunos analistas, la Notificación evidencia que el tema de la Teología de la Liberación sigue siendo preocupante en la región, debido no sólo a las enseñanzas de Sobrino sino también de otros prominentes teólogos de esta corriente que incluye el marxismo en su interpretación, especialmente en vistas a la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano.
Fuentes consultadas por ACI Prensa, señalaron que varios exponentes seguidores de esta corriente teológica están tratando de influir en la preparación y los contenidos de las conclusiones a las que llegarán más de 300 obispos de toda América Latina y el Caribe en este encuentro episcopal que se desarrollará en Brasil en el mes de mayo.
Lea la Notificación y la Nota Explicativa en:
http://www.aciprensa.com/Docum/benedictoxvi/documento.php?id=100
jueves, 8 de marzo de 2007
"Sacramentum Caritatis" de Benedicto XVI será presentada el próximo martes
La Santa Sede informó hoy que la ExhortaciónApostólica Post-Sinodal "Sacramentum Caritatis" del Papa Benedicto XVI sobre la Eucaristía fuente y culmen de la vida y de la misión de la Iglesia será presentada el próximo martes 13 de marzo en el Vaticano.
El Cardenal Angelo Scola, Patriarca de Venecia, Relator General de la 11º Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos celebrado en octubre de 2005 en el Vaticano, y el Arzobispo Nikola Eterovic, Secretario General del Sínodo de los Obispos, presentarán el documento pontificio en una conferencia de prensa que tendrá lugar en la Sala Stampa vaticana.
El texto de la Exhortación estará disponible desde el martes en lengua española y portuguesa, así como en italiano, alemán, inglés y francés.
lunes, 19 de febrero de 2007
Cuaresma en tiempos de prueba, por Mons. Fernando Sebastián Aguilar

Vivimos en una sociedad de muchos contrastes, y hay una cierta predisposición en favor del rechazo, de la transgresión, como si necesitáramos disfrutar del gusto de lo prohibido, de lo nuevo, de lo diferente.
Los cristianos contamos con la seguridad del perdón de Dios anunciado por Jesús, ofrecido por la Iglesia, en virtud de su pasión y muerte, mediante el sacramento de la penitencia y del perdón de los pecados. La Iglesia ha recibido del Señor el encargo de anunciar y conceder el perdón de los pecados en nombre de Dios y de Jesucristo nuestro salvador. En virtud de la misión y de la autoridad recibida, ha ordenado el modo de celebrar y alcanzar este perdón de Dios mediante la celebración del sacramento. Nadie, ningún sacerdote, ningún grupo, tiene capacidad para modificar las normas de la Iglesia acerca de cómo celebrar este sacramento. El desconcierto y los abusos existentes en torno a este sacramento están haciendo mucho daño en la vida de las parroquias y de los cristianos.
Los cristianos tienen que saber que el ordenamiento eclesial para recibir el perdón de los pecados en el nombre de Dios requiere la confesión personal de los pecados a un confesor autorizado por la Iglesia y la manifestación de un verdadero arrepentimiento con sincero deseo de la enmienda que nos prepara para recibir personalmente del confesor la absolución de los pecados por el ministerio de la Iglesia y en nombre del mismo Dios. Esta manera de celebrar el sacramento no se puede modificar ni sustituir por otras formas llamadas comunitarias en las que se suprimen la confesión de los pecados y la recepción directa y personal de la absolución en nombre de Dios con la fórmula prevista por la Iglesia.
Con toda mi autoridad y el mayor empeño de que soy capaz pido a los sacerdotes que siguen impartiendo estas falsas absoluciones generales que desistan definitivamente de esta práctica abusiva, gravemente ilícita y perjudicial. Los fieles no deben dar crédito a quienes les inviten a celebrar el sacramento de la penitencia en contra de las prescripciones de la Iglesia. Hagamos todos un esfuerzo en esta Cuaresma por reconocer al sacramento de la penitencia la dignidad que le corresponde en la vida de la comunidad cristiana y en nuestra propia vida personal. Busquemos en él el perdón de nuestras culpas, facilitemos a los fieles la celebración del sacramento de penitencia de manera personal, con una buena preparación, según el rito previsto por la Iglesia, anunciemos y celebremos el gozo del perdón y de la paz. Sin esta práctica no puede haber crecimiento espiritual en los cristianos ni conseguiremos nunca promover comunidades parroquiales espiritualmente vigorosas.
El tercer ejercicio de la Cuaresma es la caridad, el amor. La caridad fraterna tiene un reverso que es la sobriedad, la austeridad. Para ser efectivos en la ayuda a los hermanos necesitados, antes tendremos que ser más austeros y practicar la sobriedad, resistiendo las llamadas constantes que recibimos a favor del consumismo sin límites, del fatigoso tener de todo sin contentarnos nunca con nada. Hagamos un ejercicio consciente de sobriedad para poder ayudar a nuestros hermanos, para dar limosnas importantes en favor de las misiones, de las actividades de Caritas o de Manos Unidas, de las inacabables necesidades de la Iglesia diocesana.
Recorramos con fervor este camino de la nueva Cuaresma. Vivamos estos ejercicios cuaresmales con intensidad en nuestras parroquias y comunidades. Es un tiempo de progreso y de crecimiento, un itinerario de liberación y de fraternidad. Por delante de nosotros se ven ya las luces de la Resurrección, el resplandor del rostro de Jesús que nos espera con los brazos abiertos en la Casa eterna del Padre común. Esta es la peregrinación de la Iglesia, el itinerario de nuestro crecimiento espiritual, el camino indispensable de la verdadera humanidad.
+ Fernando Sebastián Aguilar,
Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela
jueves, 1 de febrero de 2007
Alerta de los Obispos sobre el texto del nuevo estatuto de Andalucía
En particular, los prelados observan que "algunos artículos pueden dar protección jurídica a graves ataques a la vida humana"; que el "Estatuto hace concesiones a la 'ideología de género' vigente; y que "equipara los efectos jurídicos del matrimonio, y de la familia fundada en el matrimonio, a otro tipo de uniones", equiparación que "inevitablemente acaba por debilitar y desestabilizar el matrimonio y la familia".
Asimismo, los obispos advierten que el articulado sobre la educación pública, no garantiza suficientemente que no se dé cobertura a "políticas laicistas que no reconocen el valor social y la dimensión pública de la religión como derecho fundamental de la persona".
Por último, la nota expresa la inquietud de los obispos sobre el Preámbulo, en el que se hace una reflexión sobre la identidad y la historia de Andalucía, pues no hace "mención alguna a la cultura cristiana de la sociedad andaluza y española".
Artículo completo en http://andalucia-liberal.lastinfoo.es/20070125-obispos-de-andalucia-y-los-peligros-del-proyecto-de-reforma-de-estatuto.html
jueves, 28 de diciembre de 2006
Modificación de palabras de la Consagración. Se aplicará universalmente en dos años
El decreto aprobado por el Papa Benedicto XVI el 17 de octubre de 2006, en la parte de la Consagración, donde actualmente se dice la Sangre de Jesús "será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados"; se dirá que "será derramada por vosotros y por muchos"; en vez de "por todos"; para así reflejar mejor el original en latín "Pro multis".
Expertos de la Congregación que preside el Cardenal Francis Arinze explicaron que el cambio de palabra no es irrelevante desde el punto de vista teológico. La expresión "por todos" daría a entender que la Redención de Jesucristo se extiende automáticamente a todos los hombres, sin importar la cooperación humana; mientras que el original en latín, traducido inadecuadamente a las diversas lenguas después del Concilio Vaticano II, evidencia que, aunque la Redención es accesible para todos los hombres, no son todos los que la acogen adecuadamente y la hacen re alidad en sus vidas.