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martes, 5 de junio de 2007

Entrevista a Mons. Malcom Ranjith.


Entrevista concedida a UCA news (www.ucanews.com) por Mons. Malcom Ranjith, Secretario de la Congregación para el Culto Divino en la que explica algunos aspectos de la reciente Exhortación Apostólica Sacramentum Caritatis. Tras revisar el texto, el propio Arzobispo señaló en detalle los documentos que cita.

Pregunta. ¿Cómo se ha llevado a cabo en Asia la renovación litúrgica que inició el Vaticano II; cuáles han sido sus logros y sus resultados negativos?

Respuesta. Hablando en general ha habido muchos cambios en el modo en que la liturgia se ha celebrado en Asia desde el Concilio. Los que de nosotros crecimos bajo las orientaciones litúrgicas de los tiempos preconciliares conocemos bien estos cambios y cómo afectaron nuestra vida como católicos

Como indica su pregunta entre los resultados ha habido de todo. Entre los cambios positivos veo el uso de la lengua vernácula que nos ayudó a encauzar nuestra fe hacia una mejor comprensión de la palabra de Dios, las rúbricas de la Liturgia misma, y una participación más activa y comunitaria en la celebración de los sagrados misterios.

También se intentaron adaptaciones a las prácticas de la cultura local, aunque no siempre con buenos resultados. El uso de la lengua vernácula ayudó a veces a crear un vocabulario teológico en el idioma local que eventualmente fue útil para la evangelización y la presentación del mensaje del evangelio a personas de tradiciones religiosas no cristianas, que son la inmensa mayoría del pueblo de Asia.

Algunos aspectos negativos fueron el casi total abandono de la lengua latina, de la tradición y del canto; una demasiado fácil interpretación de aquello que podía ser absorbido desde las culturas locales en la Liturgia; un ambiente de desconcierto sobre la verdadera naturaleza, contenido y significado del rito Romano y de sus normas y rúbricas, que propició una actitud de experimentar libremente; cierto sentimiento anti-Romano, y una aceptación acrítica de todo tipo de “novedades” resultantes de esquemas litúrgicos y teológicos de corte humanista y secularizante llegados al Este.

Estas novedades a menudo fueron introducidas, quizá sin darse mucha cuenta, por algunos misioneros de fuera que las trajeron desde sus ciudades de origen, o por gente de aquí que habían ido a esos otros países por estudios o otros motivos, y quedaron impregnados acríticamente de un cierto tipo de “libre espíritu” que algunos círculos crearon en torno al Concilio.

El abandono de las esferas de lo Sagrado, de lo Místico y de lo Espiritual y su sustitución por un tipo de horizontalismo empirista fue muy dañino para el espíritu de aquello que realmente constituye la liturgia.


Pregunta. ¿Qué relevancia tiene la nueva Exhortación sobre la Eucaristía para la Iglesia en Asia?

Respuesta. En su conjunto, el documento es para mí algo que me reevoca, en el verdadero sentido de la palabra, la reforma de la liturgia tal como fue deseada y entendida por el Concilio. Quiero decir que no es un rechazo de los desarrollos positivos de la reforma litúrgica que está hoy día en marcha, sino una expresión de la necesidad de ser verdaderamente fiel al sentido de la Sacrosantum Concilium (Constitución sobre la Sagrada Litúrgia, Concilio Vaticano II, promulgada por el Papa Pablo VI el 4 de diciembre de 1963).

En cierto sentido se puede afirmar que documentos como Ecclesia de Eucharistia de Juan Pablo II (17.IV.2003), Liturgiam Authenticam de la Congregación para la Doctrina de la Fe (7.V.2001) y Redemptionis Sacramentum de la Congregación para el Culto divino y la Disciplina de los Sacramentos (23.V.2004), ya habían comenzado los necesarios ajustes según la mente de las indicaciones del Concilio.

La Sacramentum Caritatis culmina todo esto con una realmente profunda, mística y a la vez muy fácil e inteligible catequesis sobre la Eucaristía, trayendo a la luz lo mejor y el significado completo de este Santísimo Sacramento. El Papa Benedicto nos quiere hacer entender y vivir la Eucaristía en su totalidad.

Pienso que en el contexto de Asia tal mensaje será naturalmente bien apreciado, valorado y vivido. Las orientaciones básicas de Sacramentum Caritatis refleja valores de Asia como el aprecio por el silencio y la contemplación, la aceptación de que existe una vida más profunda más allá de lo tangible, el respeto a lo sagrado y a la mística, y la búsqueda de la felicidad en una vida de santidad y de renuncia.

El hincapié hecho sobre estos aspectos hace de la Sacramentum Caritatis una contribución valiosa e importante orientada a hacer que los católicos de nuestro continente vivan la eucaristía de modo verdaderamente asiático.


Pregunta. ¿Qué aspectos del documento son más importantes para los obispos de Asia, los sacerdotes y los creyentes católicos?

Respuesta. Desde un punto de vista general la llamada a considerar la Sagrada Eucaristía como invitación a encontrarse con Cristo mismo, a ser absorbido por él, modelado por él en una profunda comunión de amor, haciendo así que su propio esplendor glorioso brille en nosotros, está verdaderamente en línea con la búsqueda de misticismo espiritual en el continente asiático.

Como ya dije, Asia es profundamente mística y consciente del valor de lo sagrado en la vida humana, moviendo al ser humano a buscar en la profundidad de los misterios de la religión y de lo espiritual. La tendencia a banalizar la celebración de la Eucaristía con una especie de orientación horizontal, a menudo visible en los tiempos que corren, no va de acuerdo con esta búsqueda. Por lo tanto, la orientación general del documento es buena para Asia.

Yendo a detalles, yo diría que estamos ante algo muy serio, la tendencia a acentuar siempre la profunda naturaleza espiritual y trascendental de la Eucaristía, su carácter cristocéntrico, la adhesión confiada a las rúbricas y a las normas (nn. 39-40), la preocupación por la sobriedad (n. 40), el sentido apropiado y digno de la celebración, el uso del arte y la arquitectura adecuados, el canto y la música, y evitar la improvisación y el desorden, todo ello refleja el modo asiático de vivir el culto y la espiritualidad. El pueblo de Asia es un pueblo que reverencia lo divino, cuyas formas de culto cuentan con siglos de antigüedad y no son invenciones de cualquier individuo por su cuenta.

La adhesión a las rúbricas en otras tradiciones religiosas en Asia es muy estricta. A la vez, esas rúbricas son un profundo reflejo del papel especial de lo Sagrado. Así pues, la seriedad recomendada por el Sumo Pontífice está totalmente en consonancia con el modo de dar culto en Asia.


Pregunta. Tras el Concilio Vaticano II se habló mucho, incluso entro los obispos asiáticos de la necesidad de la inculturación de la Liturgia. ¿Cómo se ha llevado a cabo en las iglesias de Asia? ¿Quedan cosas pendientes, o es un proceso abierto sin fecha de conclusión?

Respuesta. Como el mismo Papa afirma en la Sacramentum Caritatis, el principio de la inculturación “se debe mantener de acuerdo con las necesidades reales de la Iglesia, que vive y celebra el mismo misterio de Cristo en situaciones culturales diferentes” (n. 54). Sabemos que es una necesidad emergente en dos sentidos: la llamada a la evangelización o encarnación del mensaje evangélico en culturas diversas, y el requerimiento de una real y consciente participación del creyente en aquello que se celebra.

No obstante ya la Sacrosanctum Concilium señalaba unos parámetros claros dentro de los cuales tenían que realizarse la adaptaciones de la liturgia a los esquemas culturales locales. En ella se habla por ejemplo de que se admitan en la liturgia elementos que “armonicen con su espíritu verdadero y auténtico” (SC 37), que aseguren que “la unidad sustancial del rito Romano se mantenga” (SC 38), la verificación de tales cosas es decidida por la autoridad eclesiástica competente, es decir, la Santa Sede y, donde estuviera legalmente permitido, los obispos (cfr. Sacrosanctum Concilium 22: 1-2). También hace una llamada a la prudencia en la elección de adaptaciones que se quieren introducir en la Liturgia (SC 40:1), la necesidad de someter tales cosas a la Sede Apostólica para permitir, si fuese necesario, un periodo de experimentación limitado (SC 40:2) antes de su aprobación final, y la consulta a expertos en la materia (SC 40: 3).

Sacramentum Caritatis sigue en la misma línea de que las adaptaciones de la liturgia a las tradiciones culturales locales se realice de acuerdo con lo establecido por las diversas directrices que ha ido dando la Iglesia, y asegurando un sentido de equilibrio “entre los criterios y directrices ya instaurados y las nuevas adaptaciones” (n. 54), y todo esto también “siempre de acuerdo con la Sede Apostólica (n 54). En resumen, inculturación mediante adaptaciones sí, pero siempre dentro de parámetros claros que aseguren la dignidad y la ortodoxia.

Contemplando lo que se ha realizado hasta el momento uno no puede por menos de estar satisfecho. Algunos desarrollos positivos son visibles, como el uso a gran escala de la lengua vernácula en la liturgia que permite entender mejor los sacramentos y participar en ellos en mayor medida, y el uso del arte, de la música y de los gestos asiáticos en el culto. Pero muchas arbitrariedades e inconsistencias también se pueden ver, por ejemplo la permisión de todo tipo de experimentos con visos de oficialidad de tales prácticas, sin un estudio apropiado o una evaluación crítica.

Escuché una vez por radio una conferencia dada por un monje Budista en Sri Lanka que ridiculizaba a los cristianos por permitir hacer sonar los tambores en sus iglesias sin darse cuenta de que aquellos golpes de hecho eran cantos de alabanza a Buda. Esto sería sólo un ejemplo de la absorción precipitada de tradiciones locales que son per se incompatibles con lo que nosotros celebramos.

Cuando hablo de inconsistencia quiero decir practicas que hemos introducido como adaptaciones, pero que per se son incompatibles con nuestra cultura, como por ejemplo hacer sólo una inclinación en lugar de una genuflexión o una postración ante la Sagrada Eucaristía, o recibir la comunión en la mano estando de pie, cosas todas que están muy lejos de los niveles de reverencia que en Asia se da a lo sagrado. En algunas zonas, en lugar de introducir vestiduras o utensilios que sean reflejo de los valores locales, más bien han reducido al mínimo o incluso abandonado su uso. En ocasiones me quedé perplejo viendo a sacerdotes e incluso obispos celebrando o concelebrando sin la vestimenta litúrgica apropiada. Esto no es inculturación sino desculturación, si es que existe esa palabra.

La inculturación significa decidir qué ropa litúrgica es digna y respetuosa con las realidades sagradas que se celebran, no abandonarlas. Creo que las Comisiones Episcopales de Liturgia en Asia, en sus niveles continental regional o nacional, deben, con la ayuda de expertos, estudiar estos temas cuidadosamente, y encontrar medios y modos de promover el significado, la dignidad y la sacralidad de los divinos misterios que se celebran mediante adaptaciones sólidas, seleccionadas con sentido crítico y propuestas a la Santa Sede para su aprobación pertinente.

Es necesario que en estas materias haya un espíritu de colaboración más estrecha con la Santa Sede. Hay mucha ligereza en estos temas, e incluso una actitud de “¿quién decide?” que deja las cosas a una interpretación libre y a la creatividad de personas privadas. Junto a esto, me pregunto si hay suficiente conciencia de lo que el mismo Concilio mencionó sobre esta materia y de las directrices dadas en la Varietates Legitimae de la Congregación para el Culto divino y la Disciplina de los Sacramentos (25.I.94) y del n. 22 de Ecclesia in Asia de Juan Pablo II (6.XI-1999).


Pregunta. En el n. 54 de Sacramentum Caritatis el Papa Benedicto aboga por “proseguir el proceso de inculturación en el ámbito de la celebración eucarística” y reclama las “adaptaciones apropiadas a los diversos contextos y culturas”. ¿Qué significa esto en Asia?

Respuesta. Asia es generalmente considerado como el continente de la contemplación, del misticismo y de una mirada profundamente espiritual sobre la vida. Estas adaptaciones pueden resultar e incluso orientar hacia los orígenes de la mayoría de las religiones mundiales de este continente. Cualquier intento de inculturación de la liturgia o de la vida cristiana no debe pasar por alto estas profundas orientaciones místicas típicas de Asia.

Como Cristianos debemos mostrar que el Cristianismo es asiático en su origen y que es portador de incluso un más profundo sentido de misticismo del que tienen o puede desear tener en común con otros. Sería una pena que nos esforzáramos por planear nuestra fe como si se tratase de un apéndice de la cultura secular y globalizante que llevan consigo los valores seculares, e intentáramos hacerlos presente en Asia. Por desgracia, a veces, por nuestro modo de hacer las cosas estamos dando esta imagen y esto nos hace ser como extraños en nuestro propio continente.

Tome usted por ejemplo el abandono masivo de la sotana o de la indumentaria religiosa por parte de muchos sacerdotes y religiosos en Asia, incluso misioneros. A duras penas logran entender que en la cultura asiática las personas dedicadas a Dios o a la religión son siempre reconocibles por su modo de vestir, por ejemplo el monje Budista o el santón Hindú. Esto muestra claramente que no entendemos el verdadero sentido de la inculturación. Muy a menudo la inculturación se limita a un baile o dos durante la Santa Misa, o a echar unas flores, o a hacer sonar un tambor.

Y en cambio, nos vamos de cabeza y corazón tras modas y valores seculares. Si fuéramos verdaderos asiáticos pondríamos más atención en el misticismo de Jesús, en su mensaje de salvación, en el gran valor de la oración, de la contemplación, del desasimiento, de la sencillez de vida, de la devoción y la meditación y del valor del silencio, y en todas aquellas formas de celebración litúrgica que ponen gran atención en lo Sagrado y lo Trascendente. Nosotros, asiáticos, no podemos estar como “secularizados” que no ven nada más allá de lo visible y tangible.

Así también en la Liturgia, en lugar de concentrarnos en unos pocos gestos exteriores de valor cosmético, deberíamos enfocar la atención en acentuar las riquezas espirituales y místicas que han llegado hasta nosotros, y hacerlas resaltar más y más incluso en nuestro modo de vestir y de comportarnos. La Iglesia universal podría salir ganando de tener una iglesia en Asia que se hace expresión tangible del misticismo cristiano en un modo asiático.


Pregunta. En relación con la inculturación el Papa Benedicto anima a las “Conferencias Episcopales que favorezcan el adecuado equilibrio entre los criterios y normas ya publicadas y las nuevas adaptaciones, siempre de acuerdo con la Sede Apostólica” ¿Están trabajando en esta línea las Conferencias Episcopales de Asia?

Respuesta. En general encuentro muy buena voluntad por parte de las Conferencias Episcopales en esta materia, sin embargo, también hay problemas. Como ya dije sería mejor tener un claro espíritu de coordinación entre la FABC (Federación de Conferencias Episcopales de Asia) y nuestra Congregación en esta materia. La FABC tiene organismos de coordinación regional para el desarrollo humano, para la evangelización, para la inculturación, para el ecumenismo y el diálogo, para la educación, para las comunicaciones sociales, etc., pero no tengo noticia de que exista tal organismo para la liturgia y el culto. Establecer un organismo regional de este tipo sería sin duda de gran ayuda.

La Liturgia es importante ya que “lex orandi, lex credendi”. Tal organismo estaría en condiciones de animar y concienciar adecuadamente a las Comisiones Episcopales de Liturgia sobre este componente tan importante de la vida eclesial. Aún queda mucho trabajo por hacer para lograr mejores resultados.

El “adecuado equilibrio” del que habla el Papa se debe a la necesidad de asegurar por un lado un sano espíritu de apertura a la inculturación en la liturgia y por otro la necesidad de salvaguardar el carácter universal de la liturgia Católica, un tesoro confiado a la Iglesia en su ya bimilenaria tradición.


Pregunta. ¿Puede decirnos un ejemplo concreto de qué significa “adecuado equilibrio entre los criterios y normas ya publicadas y las nuevas adaptaciones”?

Respuesta. Por “adecuado equilibrio” el Santo Padre entiende por un lado fidelidad a la Universal y Católica Tradición en lo relativo a la celebración de la Sagrada Eucaristía, que el mismo Rito Romano custodia, y por otro el espacio que proporcionan la Sacrosanctum Concilium y la Varietates Legitimae para hacer adaptaciones. Como indica el n. 21 de Sacrosanctum Concilium existen elementos no cambiables divinamente instituidos” y “elementos sujetos a cambio” en la Liturgia. Sólo los últimos pueden ser modificados e incluso estos cambios serán hechos sobre la base de las normas que el Concilio mismo emanó en el cap 3 del mencionado documento.

En el caso de la Eucaristía el enfoque es el mismo. La Eucaristía no es meramente lo que la Iglesia hace, sino lo que el propio Señor nos donó, un tesoro para custodiar. Por eso, si algunas exigencias de evangelización y de inculturación del mensaje evangélico en situaciones diversas reclaman un cierto grado de diversidad, esto no deber ser dejado al capricho y espontaneidad del individuo celebrante. Las áreas susceptibles de diversidad son limitadas, y pertenecen a las áreas de lenguaje, música y canto, gesto y posturas, arte y procesiones (SC 39). En estas áreas la adaptación es posible y debe ser llevada a cabo después de un estudio adecuado, la aprobación debida de los obispos y luego el consentimiento de la Sede apostólica (SC, Capítulo 3).

El sentido del equilibrio entre salvaguardar las cosas esenciales y buscar integrar los elementos culturales locales es muy necesario, si la Iglesia desea progresar espiritualmente. Al mismo tiempo, considero que es más esencial no sólo las adaptaciones de ese tipo, sino la celebración noble y digna de cada acto litúrgico, haciendo que reflejen el misticismo del Este. Creo que esto sería más útil que una mera serie de adaptaciones externas, incluso aquellas introducidas siguiendo los procedimientos establecidos.

Además, el amor al silencio, una atmósfera contemplativa, el canto y la música que reflejen los divinos misterios que se celebran sobre el altar, la vestimenta decorosa y sobria, y el arte y la arquitectura que reflejen la nobleza de los lugares y objetos sagrados, todos ellos son valores asiáticos, que a menudo también se encuentran en lugares de culto de otras religiones, y que son más expresivos de un verdadero estilo asiático de la liturgia.


Pregunta. En el n. 87 de la Exhortación, el Papa expresa su preocupación por las graves dificultades que afrontan las comunidades cristianas “donde los cristianos son minoría o se les niega la libertad religiosa” y donde “simplemente el hecho de ir a la iglesia representa un desafío heroico que puede acarrearles marginación o violencia” ¿Se estaba refiriendo a las comunidades cristianas en Asia?

Respuesta. El Santo Padre expresaba su aprecio y su aliento ante los desafíos heroicos para algunos cristianos para quienes la práctica de la fe les obligaba a afrontar la persecución y el sufrimiento. Cuando hablamos de estas difíciles situaciones, la referencia directa es a los lugares donde hay una obstrucción explícita y una persecución de las comunidades cristianas. Tales dificultades son motivadas en ocasiones por factores políticos y otras veces por factores religiosos.

Algunas naciones quieren imponer iglesias promovidas por el Estado para controlar así la comunidad católica. Este último tipo de actitud busca cortar de raíz el vínculo jerárquico entre estas iglesias y la de Pedro, para conseguir debilitarlas desde dentro. Tales intentos son infructuosos, ya que los vínculos espirituales de esta manera no pueden ser rotos. Pues el vínculo de cada comunidad eclesial con la Iglesia universal, el cuerpo místico de Cristo, continúa manteniéndose.

Sin embargo, para mí, hay otra tipo de situación más importante. Se presenta mucho en Asia, pues debido al predominio de una u otra religión del mundo, las restricciones y controles se focalizan sobre la iglesia católica. En situaciones de este tipo se da una forma peor de hostigamiento no declarado hacia los católicos. Los misioneros son rechazados, es difícil construir edificios eclesiásticos al no tener garantizado el permiso; las manifestaciones públicas de la fe están bajo control; se establecen restricciones para la educación católica; se proponen o se hacen leyes contra la conversión, y se perpetran todo tipo de actos de discriminación. En resumen, en tales situaciones, uno necesita verdadero heroísmo para profesar y practicar la propia fe.

No quiero nombrar explícitamente estos países, por razones obvias, pero todo el mundo conoce cuáles son. Habida cuenta de esta situación la voz del Supremo Pontífice clamando “para una mayor libertad religiosa en cada nación de manera que los cristianos y los seguidores de otras religiones puedan expresar libremente sus convicciones tanto individualmente como en comunidad” (Sacramentum Caritatis, 87), es absolutamente tempestiva.


Pregunta. En el n. 62 de la Exhortación, el Papa propone la celebración de la Misa en latín y el uso del canto gregoriano en algunas ocasiones y en parte de la liturgia ¿Qué piensa usted de la acogida que tendrá esto por parte de los católicos de Asia? ¿Ha detectado usted que haya deseo por la misa en latín entre los católicos de Asia?

Respuesta. Sacrosanctum Concilium nunca abogó por le abandono total del latín o del canto gregoriano. Estableció que “se conservará el uso de la lengua latina en los ritos latinos, salvo derecho particular... Sin embargo, como el uso de la lengua vernácula es muy útil para el pueblo... se le podrá dar mayor cabida, ante todo, en las lecturas y moniciones, en algunas oraciones y cantos” (Sacrosanctum Concilium 36, 1-2). A la vez, desea que se de “el lugar debido a la lengua vernácula, principalmente en las lecturas y en la "oración común" y, según las circunstancias del lugar, también en las partes que corresponden al pueblo” (Sacrosanctum Concilium 54).

En ese mismo lugar, el Concilio desea que se preste cuidado para que se “procure que los fieles sean capaces también de recitar o cantar juntos en latín las partes del ordinario de la Misa que les corresponde” (Sacrosanctum Concilium, 54).

La cuestión es que, para la Sacrosanctum Concilium, la lengua vernácula no es la lengua normal de la liturgia, sino que lo es el latín, permitiendo que la vernácula se use en momentos específicos como las lecturas, algunas oraciones y cantos y las partes que pertenecen al pueblo. Es muy notable que reclama el uso del latín incluso “en aquellas partes del ordinario de la misa que pertenecen al pueblo” (Sacrosanctum Concilium, 54).

Por desgracia muy poco después del Concilio tuvo lugar prácticamente en todo el mundo un abandono casi total del latín, de tal forma que sólo la generación más antigua de católicos de Asia tiene noción del uso del latín en la liturgia y del canto gregoriano. Con la fuerte vernacularización de la liturgia y de la formación en los seminarios, el uso del latín desapareció casi completamente en la mayor parte de Asia.

Esto es más bien lamentable. No estoy seguro si hay un marcado anhelo para la vuelta del latín en la liturgia en Asia. Me gustaría que así fuese. Algunos católicos que se dan cuenta de la belleza del latín manifiestan este deseo. Ellos han visto o han experimentado liturgias celebradas en latían en Roma o en otras partes del mundo, y han quedado fascinados por ella. Otros están fascinados por el Rito latino antiguo, la Misa de Pío V que se celebra ahora en algunos lugares de Asia.

Pero la mayor parte de los católicos de Asia aún no se dan cuenta del valor del latín en la Santa Misa. Pienso que ellos tendrían algo que decir si se reintrodujese de alguna forma el latín. A ellos podría gustarles y conociendo el espíritu de devoción del que son portadores los católicos asiáticos les ayudaría seguramente a profundizar incluso aún más en su fe. Nuestro pueblo sabe que no todas las realidades divinas están al alcance del entendimiento humano y que ha de haber lugar para cierto sentido de misterio espiritual en el culto.

Además, sería bueno para la iglesia en Asia no quedar separados de las tendencias que están emergiendo por todas partes, una de las cuales es un renovado aprecio de la herencia latina bimilenaria de la Iglesia. Esto no quiere decir que abandonemos la lengua vernácula y abracemos el latín in toto. Un uso sobrio y con sentido común del latín, así como de la lengua vernácula en la línea de lo que señalaba Sacrosanctum Concilium sería una ganancia para todos. Además, en Asia algunas otras religiones han preservado un lenguaje “litúrgico” oficial, como el sánscrito para el hinduismo o el pali para el budismo. Estos no son lenguajes hablados, sólo se usan en el culto ¿no nos estarán dando una lección de que un “lenguaje litúrgico” que no es de uso común, puede expresar de la mejor manera el misticismo inherente de lo Sacro en el culto?

Pregunta. El Papa quiere que “los sacerdotes del futuro” aprendan latín en los seminarios, lo mismo que lean textos en latín y canten canto gregoriano. ¿Cómo piensa usted que los jóvenes estudiantes asiáticos para el sacerdocio consideran esta llamada? ¿Será bien recibida en los seminarios de Asia a esta medida?

Respuesta. No es cuestión de ser bien recibida o no; considero que es una necesidad y que más bien que caer en una mentalidad estrecha e individualista, o en un puro acercamiento empírico a la fe, que como es obvio no es el modo asiático y no da lugar para entender aquello que es trascendente, nuestros sacerdotes y seminaristas han de ser alentados para abrirse a la realidad más amplia de su fe, que es católica y universal, de sus raíces y desarrollo bimilenario y de sus dimensiones místicas y sagradas. Y, puesto que el latín está en la raíz de muchos desarrollos en teología, en liturgia, y en disciplina eclesiásticas, los seminaristas y los sacerdotes deben ser alentados a aprenderlo y a usarlo.

Esto ayudaría a la Iglesia en Asia no sólo a acoger mejor el contenido del depositum fidei y de su desarrollo, sino también a descubrir un genuino lenguaje teológico capaz de presentar la fe de manera convincente a los pueblos de Asia (cfr. Ecclesia in Asia, 20). Aprender latín de ninguna manera es volver atrás, sino más bien al contrario ir hacia delante. Sólo de esta manera puede tener lugar un verdadero y profundo proceso de inculturación. Una así llamada teología que no esté enraizada en las fuentes de la Sagrada Escritura y de la Tradición de la Iglesia, que no rece de rodillas y que no esté iluminada por la luz de una vida santa, no es otra cosa que una algarabía que no puede menos de llevar al desorden y a la confusión.

Esto mismo es aplicable a la Liturgia. El latín es la lengua litúrgica ordinaria de la Iglesia. En el origen y en el desarrollo del rito Romano jugó un papel principalísimo. Por eso, un conocimiento suficiente de esta lengua facilitaría entender mejor y apreciar más la belleza de lo que se está celebrando. Como afirmó el Santo Padre “la belleza de la liturgia es parte de este misterio; es expresión eminente de la gloria de Dios y, en cierto sentido, un asomarse del Cielo sobre la tierra” (Sacramentum Caritatis n. 35).

Celebrar en latín por tanto ayudaría a construir un sentido de respeto y admiración, así como un profundo legamen espiritual con aquello que el Señor mismo inspiró para que la Iglesia asumiera como su forma de culto. Esta apertura al latín también ayudaría a los estudiantes a apreciar mejor el papel del canto gregoriano en la iglesia. El Santo Padre desea que sea “cuidadosamente estimado y empleado”, por ser “el canto propio de la liturgia romana” (Sacramentum Caritatis 42). Captar la sencillez y belleza de esta gran forma musical también ayudaría a sacerdotes y seminaristas con talento, en Asia, a recibir inspiración del mismo y hacerles capaces de componer formas de canto dignas y piadosa,s que podrían armonizar muy bien con la cultura local. Parece muy presuntuoso decir que el uso del canto gregoriano dañaría la inculturación de la liturgia Más bien le beneficiaría.


Pregunta. ¿Hay alguna otra cosas que usted desee decir al las iglesias de Asia a propósito de la Exhortación y de cómo llevarla a la práctica?

Respuesta. Una mirada atenta a la Sacramentum Caritatis me convence cada vez más de que no sólo es un tesoro de información, inspiración y de verdadera pastoral, sino también una profunda reflexión teológica sobre la Eucaristía, que no obstante necesita ser complementada con lo que fueron los auténticos deseos del Concilio Vaticano II y de su documento sobre la Liturgia Sacrosanctum Concilium. La reforma postconciliar de la liturgia si bien es laudable en algunos aspectos, no ha plasmado completamente el espíritu del Concilio.

Como afirmó el Card. Ferdinando Antonelli cuando era miembro de la Comisión que trabajó en la reforma: “no estoy satisfecho de este espíritu. Encuentro espíritu crítico e impaciencia hacia la Santa Sede, que no hace presagiar nada bueno. Es decir, todo son estudios acerca de la racionalidad de la Liturgia pero no hay preocupación por la verdadera piedad. Temo que, un día, alguien diga de toda esta reforma lo que se dijo de la reforma de los himnos en tiempos de Urbano VIII: accepit liturgia recessit pietas (conforme progresa la liturgia regresa la piedad); en nuestro caso, accepit liturgia recessit devotio (conforme progresa la liturgia regresa la devoción). Me gustaría equivocarme” (del diario del Card. Antonelli, 30.IV.1965).

Hemos visto mucha banalización y oscurecimiento de los aspectos sagrados y místicos de la liturgia en muchos sitios de la Iglesia en nombre del así llamado “Konzilsgeist” (espíritu del Concilio).

Más o menos en los últimos veinte años la Iglesia ha vigilado por la rectitud de la reforma litúrgica y lo ha hecho en línea con las indicaciones de la Sacrosanctum Concilium. Documentos como la Liturgiam authenticam, Varietates Legitimae, Redemptionis Sacramentum y Ecclesia de Eucharistia son parte de este intento. Y la Sacramentum Caritatis, que es un documento colegial que recoge las proposiciones del Sínodo de los Obispos sobre la Sagrada Eucaristía, es el momento culminante, yo diría, de ese curso de poner las cosas derechas. Verdaderamente es un enderezamiento de las cosas y debe ser bienvenida, apreciada, estudiada y puesta en práctica.

La herencia cultural de Asia es profundamente religiosa y consciente del valor de lo sagrado y de los místico en la vida humana. Por eso la iglesia de Asia da la bienvenida a este documento y a sus orientaciones, que están dirigidas claramente a restablecer los profundos valores de la espiritualidad y de la fe en la liturgia de todo corazón, y a dar los pasos necesarios para llevar a cabo sus indicaciones con tanto celo y fidelidad como sea posible.

Estos son mis deseos para la iglesia de Asia, el continente del misticismo.

viernes, 13 de abril de 2007

La masoneria

¿Es cierto que existe una
conspiración masónica? ¿Católico y masón, compatible? ¿El Parlamento Europeo
está dominado por masones? Son preguntas que el profesor Manuel Guerra,
autor de veinticinco libros sobre sectas y otras cuestiones, se ha formulado
y intenta responder en las 444 páginas de «La trama masónica», de Styria
Ediciones.

Manuel Guerra Gómez (Villamartín de Sotoscueva, 1931) es doctor en filología
clásica y en teología patrística y miembro de la Real Academia de Doctores
de España.

El profesor Guerra ha sido presidente de la Facultad de Teología del Norte
de España, sedes de Burgos y Vitoria.

«El método masónico, íntimamente unido al laicismo, refleja el relativismo
historicista y conduce al relativismo socio-cultural promoviéndolo», afirma
a Zenit.

--La famosa conspiración masónica con el poder, ¿es un tópico?

--Guerra: Hay que distinguir entre masonería y masones. La masonería en
cuanto tal y en teoría no aspira a poseer el poder o, al menos, a tenerlo al
servicio de sus principios e intereses.

Pero, de hecho, los masones están presentes en casi todos los organismos
internacionales decisorios y en las multinacionales de poder económico y
político.

Es lógico que traten de hacer presentes sus principios ideológicos
(relativismo, laicismo, gnosis) dondequiera que se hallen y desde sus
puestos hacia fuera por irradiación.

Además, en el mundo anglosajón y en los países nórdicos, en Turquía, etc.,
no es que aspiren a tener el poder, es que son el poder.

Así ocurre cuando el rey es el Gran Maestro de la Gran Logia Unida de
Inglaterra (GLUI) y de las más de 150 Grandes Logias (una en cada nación, en
EE-UU una en cada Estado). En el año 1995, la GLUI contaba con 750.000
miembros en 8.000 logias de todo el mundo.

Además, como impera el secreto, no hay modo de precisar dónde actúan y hasta
dónde llega su influjo directo, mucho menos el indirecto.

El gobierno de Tony Blair ha impulsado un movimiento que reclama la
obligación de los masones a declarar su pertenencia a la masonería, sobre
todo si son funcionarios del Estado, especialmente en la judicatura y en la
policía. Es encomiable la respuesta de más de 1.400 jueces ingleses que han
declarado voluntariamente su afiliación a la masonería. Evidentemente son
muchos más.

Tras el affaire de la logia encubierta P2 (Licio Gelli) los funcionarios
italianos en determinados ámbitos de la administración pública, si son
masones, están obligados a declararlo o, en caso contrario, se exponen a
perder su puesto (ley del año 1983 de la región de Toscana con Florencia
como capital).

--El famoso 60% de masones en el Parlamento Europeo, ¿es un dato cierto?

--Guerra: Este porcentaje o uno similar es el asignado por Josep Corominas,
Gran Maestro de la Gran Logia de España (GLE) hasta marzo del 2006. El 9 de
febrero de 2007 ha abandonado la GLE aunque afirma seguir siendo masón y
desea ser considerado como tal.

¿Una nueva escisión y Obediencia masónica o su incorporación a otra de las
ya existentes? De hecho todas las propuestas cuestiones familiares,
bioéticas, en disenso con la doctrina de la Iglesia e incluso con la ley
natural han sido aprobadas por el Parlamento Europeo. Recuérdese también el
caso del italiano Rocco Buttiglione rechazado por la mayoría laicista.

--En Roma se acaba de celebrar un congreso en el que se recuerda la
incompatibilidad entre catolicismo y masonería, pero se invita a dialogar
con los masones en asuntos socio-culturales. ¿Cómo se hace eso?

--Guerra: A pesar de la incompatibilidad objetiva entre la masonería y el
catolicismo los católicos pueden dialogar con los masones en varios planos,
no en el que la Santa Sede, consciente de los riesgos, se ha reservado como
competencia exclusiva suya: «No le compete a las autoridades eclesiásticas
locales pronunciarse sobre la naturaleza de la asociaciones masónicas con un
juicio que implique la derogación de cuanto ha sido establecido arriba»
(Declaración sobre las asociaciones masónicas, 26.XI. 1983; AAS 76, 1984,
página 100).

Además conviene tener en cuenta la realidad y las consecuencias del secreto
masónico. ¿Cómo dialogar con alguien que está enmascarado? No obstante,
puede dialogarse en asuntos socio-culturales. Las religiones y las
ideologías terminan por formar y conformar su respectiva cultura, si bien
siempre hay una base común.

El cultural, al menos en teoría, es un sector más fácil para el diálogo que
el específicamente religioso e ideológico. Resulta más cómodo enhebrar el
diálogo intercultural (sobre el hambre, la alfabetización, la ecología, la
sanidad, la globalización, etc.) que el interreligioso.

Pero, hasta en este terreno, el diálogo con la masonería encuentra serias
dificultades, pues el laicismo masónico, abierta o solapadamente, pretende
arrinconar lo específicamente religioso, lo que no sea común a todas las
religiones y éticas, encerrándolo como en «arresto domiciliario» en el foro
de la conciencia individual y dentro de los templos.

Por eso, procura borrar las huellas socio-culturales cristianas en los
países tradicionalmente cristianos, por ejemplo los «belenes» o
representaciones del misterio navideño y su simbología (estrellas con o sin
figuras de los Magos, incensarios) en las calles durante la Navidad, etc.).

--¿Es la masonería un substituto de la religión?

--Guerra: La masonería, en sintonía con uno de sus productos: New Age o
Nueva Era, prefiere usar «espiritualidad», término de resonancias más
subjetivistas, en vez de «religión».

Los masones, sobre todo si se dicen cristianos, niegan que la masonería sea
religión. Si lo afirmaran, reconocerían su pertenencia a dos religiones: la
católica y la masónica.

Pero, de hecho, al menos para muchos, especialmente para los masones
agnósticos, deístas, es un substituto de la religión. Más aún, la masonería
es llamada «religión» e incluso «la religión» en escritos masónicos y de los
masones.

--¿Cómo se ha acercado usted a este mundo, si es secreto?

--Guerra: He dedicado muchas horas a estudiar las constituciones, los
reglamentos y los rituales de las distintas Obediencias o federaciones de
logias masónicas, así como a conversar con masones y ex-masones en España y
en México, también a leer libros sobre masonería escritos por masones y por
no masones.

En México, hace unos diez años, permanecí dos veranos hablando diariamente,
sobre masonería, con profesores de sus universidades, masones y no masones.
Dedicaba las tardes a visitar centros de diferentes sectas, algunas
paramasónicas, que solían hallarse en la periferia urbana.

--La masonería, ¿es más un método que un contenido?

--Guerra: El hombre, además de pensar, siente e imagina. Los sentimientos y
las imaginaciones pueden provocar interferencias perturbadoras de la lucidez
mental. No obstante, las ideas y creencias orientan al hombre; los
principios a las instituciones humanas, al mismo tiempo que las conforman.
Pero para alcanzar la meta, es necesario utilizar el «método» adecuado.

Precisamente la etimología griega de esta palabra designa el «camino» (gr.
odós) que debe recorrerse para llegar «más allá» (gr. met'), o sea, a la
meta. En la masonería, su método alcanza la máxima categoría y eficacia,
pues, de hecho, se ha convertido en uno de sus «principios», tal vez el
básico y configurador de los demás.

Precisamente el método masónico es uno de los motivos por el cual la
masonería es incompatible con la doctrina cristiana.

El método masónico, íntimamente unido al laicismo, refleja el relativismo
historicista y conduce al relativismo socio-cultural promoviéndolo.

Alain Gérard, uno de los dirigentes del Gran Oriente de Francia, reconoce
que «la masonería es solamente un método». Según él, un masón puede tener
«opiniones», o sea, creencias propias de una religión determinada, pero el
método masónico le obliga a «poner en cuestión» sus opiniones y a aceptar la
posibilidad de que sean declaradas falsas si son superadas en una síntesis
de razones más sólidas y con el apoyo de la mayoría.

«No existe una verdadera puesta en discusión si previamente se declara que,
sea cual sea el resultado de la discusión, hay puntos en los cuales uno
estará siempre convencido de tener razón», afirma.

De ahí la alergia masónica a los dogmas y a las religiones calificadas de
dogmáticas, reveladas, especialmente a la cristiana.

De ahí también que los masones tienden a considerar la democracia como una
obra de la masonería y al método democrático (aprobación por mayoría de
votos) como algo connatural con lo masónico que lo extiende a todas las
realidades, también a la verdad, al bien, etc.

Precisamente, el actual Gran Maestre del Gran Oriente de Francia, Jean
Michel Quilardet, en unas declaraciones a «La Voz de Asturias» (20, enero,
2007, Oviedo/España) reconoce: «Se puede pensar que existe una democracia no
laica (= no laicista, no masónica), pero a mi forma de ver y según mi
pensamiento, el laicismo es un avance en la democracia». Consiguientemente
los demócratas, que no son laicistas o masones, si son demócratas, lo son
como de segunda categoría.

--Los masones son una minoría creativa. Los cristianos, ¿también?

--Guerra: Evidentemente los masones no monopolizan la creatividad. Aunque de
signo distinto, corresponde también, en no menor grado, a los cristianos con
la ayuda de la gracia divina y el influjo del Espíritu Santo.

Para comprobarlo basta repasar la historia de la Iglesia y su adaptación
evangelizadora a las circunstancias socioculturales tan cambiantes en los
dos mil años de su existencia. «La mano o el poder de Dios no se ha
recortado» (Is 59,1) en nuestros días.

Cuando hace pocos años Juan Pablo II llamaba a los Movimientos eclesiales
«florecimiento primaveral», «nuevo Pentecostés», «don particular del
Espíritu Santo a la Iglesia en nuestro momento histórico», inicialmente lo
atribuía a su gran bondad.

El bueno, el santo, no ve sino bondad en todo, como el avaro descubre lucro
y el lujurioso, placer sexual.

Cuando tuve que realizar un estudio: «Los movimientos eclesiales en España»
(Real Academia de Doctores de España, «El estado de España», 2005, páginas.
80-94) y descubrí la realidad, quedé impresionado. ¡Qué creatividad la de
los hijos de la Iglesia, movidos e inspirados por el Espíritu Santo, en
nuestros días!

¿Cómo quedarían la Iglesia y el mundo si los Movimientos eclesiales, las
obras docentes y asistenciales, etc., desaparecieran como por arte de
encantamiento, dejando una especie de gigantesco «agujero negro» en la
galaxia eclesial y en la socio-cultural?

lunes, 9 de abril de 2007

Interesante entrevista al Secretario de la Congregación del Culto Divino, publicada en Internet.

It is the Holy Father Who Will Decide, publicada en «Inside the Vatican», (2/2007) 16-18; la entrevista se puede buscar en la página de la revista:

www.insidethevatican.com;

También se encuentra en:

http://forestmurmurs.blogspot.com/2007/02/interview-with-archbishop-malcolm.html

http://www.panodigital.com/actualidad_eclesial/el_papa_decidira

El Papa Decidirá

Entrevista a Mons. Ranjith, Secretario de Culto Divino.

Entrevista realizada por Anthony Valle

Todos los que están interesados en la liturgia de la Iglesia se preguntan si el Papa publicará pronto un motu proprio que permita la celebración de la Misa tradicional y, en caso de hacerlo, que dirá. Uno de los liturgistas del Vaticano vierte luz sobre los planes del Papa.

ANTHONY VALLE: Su Excelencia, usted ha sido generoso concediendo varias entrevistas a la prensa internacional relacionada con liturgia desde se convirtió en el secretario de la Congregación para el Culto Divino. Algunas de sus declaraciones han sido mal interpretadas y produjeron controversias en vez de la pretendida claridad. ¿Le gustaría aclarar alguna cosa?

MONSEÑOR MALCOM RANJITH: En lo que yo deseaba insistir en esas entrevistas fue en que la reforma pos-conciliar de la liturgia no ha podido lograr las esperadas metas de renovación espiritual y misional en la Iglesia de forma que hoy pudiéramos estar verdaderamente contentos con ella.

Indudablemente también ha habido resultados positivos: pero los efectos negativos parecen haber sido mayores, causando mucha desorientación en nuestra jerarquía.

Las iglesias se han vaciado, el libre cambio litúrgico se ha puesto a la orden del día, y la verdadera intención detrás de las apariencias y el significado de eso que es celebrado ha quedado obscurecido.

Uno tiene entonces que empezar a preguntarse si la reforma que de hecho se dio en el proceso se dirigió adecuadamente. De este modo, nosotros necesitamos fijarnos bien en lo que ha ocurrido, rezar y reflexionar acerca de sus causas y con la ayuda del Señor actuar para hacer las correcciones necesarias.

VALLE: Da la impresión de que el Papa Benedicto XVI fuera a publicar el motu proprio para liberalizar el uso de la Misa Tridentina tradicional. Algunos esperan que el motu proprio del Papa instituirá una estructura jurídica que permitirá a los sacerdotes celebrar la Misa Tradicional sin ser injustamente acosado y continuamente frustrado y, aquí viene la ironía, no por personas de otras creencias o las autoridades seculares, sino por sus propios pastores y obispos. ¿Es realista esta esperanza de un nuevo aparato jurídico? ¿Es necesario tal aparato?

RANJITH: Bien, existe esta creciente llamada a una restauración de la Misa Tridentina. E incluso ciertas destacadas figuras de la elite han hecho apelaciones públicas por esta Misa recientemente en algunos periódicos.

El Santo Padre, estoy seguro, tomará nota de esto y decidirá lo mejor para la Iglesia.

Usted habla de la posible realización de estructuras jurídicas nuevas para la aplicación de tales decisiones. No pienso que esto sea el problema. Más bien lo más importante en todo esto es la actitud pastoral.

¿Denegarán los obispos y los sacerdotes las peticiones de Misas Tridentinas y de esa forma crearán también una necesidad de estructuras jurídicas para asegurar la ejecución de la decisión del papa? ¿Debería ir la cosa por ahí?

Yo sinceramente espero que no sea así.

La pregunta apropiada que los pastores tienen que hacerse así mismos es: ¿Cómo puedo yo como obispo o como sacerdote atraer a las personas a Cristo y a su Iglesia?

No es tanto un asunto de Misa tridentina o de Novus Ordo. Sino que es justamente una pregunta de sensibilidad y responsabilidad pastoral.

Y así, si las Misas Tridentinas son un medio para lograr un mejor nivel de enriquecimiento espiritual en los fieles, entonces los pastores las deberían permitir.

Lo importante no es por tanto el "que" sino el "como". La Iglesia siempre debería tratar de ayudarle a nuestros fieles a acercarse al Señor, para sentirse interpelados por Su mensaje y responder a Su llamada generosamente. Y si eso puede ser logrado a través de la celebración de la Misa del Novus Ordo o de la Misa de Pío V, bien, entonces debería ser concedido el espacio necesario a lo que es mejor en vez de meterse en una innecesaria disputa teológica que nos aboca a la división. Cosas así necesitan ser decididas mediante el corazón y no tanto a través de la cabeza.

Después de todo, el papa Juan Pablo II hizo una súplica personal en Ecclesia Dei Adflicta de 1988 a los obispos, llamándoles a ser generosos sobre este punto con los que desean celebrar o participar en el Misa Tridentina. Además, deberíamos recordar que la Misa Tridentina no es algo que le pertenezca sólo a los seguidores del Arzobispo Lefebvre. Es nuestra herencia como miembros de la Iglesia Católica.

El Concilio Vaticano II, como el Papa Benedicto tan claramente dijo en su discurso a los miembros de la Curia Vaticana en diciembre de 2005, no se pensó como un comienzo completamente nuevo, sino como una continuidad con un sentido del entusiasmo renovado y un punto de vista nuevo que responda mejor a las necesidades pastorales en este tiempo.

Aparte de eso, también tenemos la seria pregunta sobre la disminución del número de creyentes en algunas de las iglesias del mundo occidental. Tenemos que preguntarnos a nosotros mismos que ocurrió en esas iglesias y entonces dar los pasos para corregir lo que sea necesario. No creo que esta situación sea atribuible solo a la secularización. Una profunda crisis de fe combinada con un viaje por la experimentación litúrgica y la novedad sin sentido han tenido su propio impacto en este asunto. Hay mucho formalismo y mucha insulsez evidente a la vez.

De este modo, necesitamos recobrar un verdadero sentido de lo sagrado y místico en el culto.

Y si los fieles consideran que la Misa Tridentina les ofrece ese sentido de lo sagrado y místico más que cualquier otra cosa, entonces deberíamos tener el valor de aceptar su petición.

Acerca de la oportunidad del momento y naturaleza del motu proprio, nada nos es aún conocido. Es el Santo Padre el que decidirá.

Y cuando él lo haga, nosotros deberíamos aceptar todo lo que él nos indique y con un amor genuino hacia la Iglesia nos deberíamos esforzarnos por ayudarle. Cualquier otra actitud que demostremos sólo dañaría la misión espiritual de la Iglesia y frustraría la propia voluntad de Señor.

VALLE: Como a muchos católicos de hoy, mi esposa y yo nos hemos dado cuenta de que solemos salir de la celebración de la Misa del Novus Ordo del domingo más exasperados y perplejos que espiritualmente revigorizados. ¿Por qué?

RANJITH: En la celebración del Novus Ordo tenemos que ser muy serios acerca de lo que hacemos en el altar. No puedo ser que un sacerdote que imagina en su sueño lo que hará en el Misa el siguiente día, camine hasta el altar y empiece a celebrar con toda clase de novedosas rúbricas y acciones inventadas..

La Eucaristía Sagrada le pertenece a la Iglesia. Por lo tanto, tiene un contenido propio que no puede ser dejado a la idiosincrasia del celebrante individual.

Cada elemento en la liturgia de la Iglesia tiene su propia y larga historia de desarrollo y significado. No es un asunto de tradiciones privadas y no puede ser materia de manipulación por todos y por la diversidad.

De hecho, la Sacrosanctum Concilium afirma que nadie salvo la Sede Apostólica y los obispos, donde esto sea permitido a los últimos por el primero, “nadie, aunque sea sacerdote, añada, quite o cambie cosa alguna por iniciativa propia en la Liturgia.” (SC 22). No obstante, notamos mucha rienda suelta en materia litúrgica en algunas áreas de la Iglesia hoy, básicamente debido al incorrecto entendimiento de la teología litúrgica.

Por ejemplo el misterio de la Santa Eucaristía ha sido a menudo mal entendido o parcialmente entendido, dejando así la puerta abierta a toda clase de abusos litúrgicos.

En la celebración de la Santa Eucaristía, algunos ponen excesivo acento en el papel presidencial del sacerdote. Pero sabemos que el sacerdote no es realmente el agente principal de lo que sucede en el altar.

Es Jesús mismo.

Además, cada celebración litúrgica tiene siempre una dimensión celestial “que se celebra en la Ciudad Santa de Jerusalén, hacia la cual nos dirigimos como peregrinos” (SC 8).

Otros explican la Eucaristía en un sentido que pone el acento en su dimensión banquete/comida, ligándola a la “comunión.” Esta también es una consideración importante, pero deberíamos recordar que no es tanto una comunión creada por quienes toman parte en la Eucaristía tanto como por el Señor mismo.

A través de la Eucaristía, el Señor nos asume a Sí y en Él somos puestos en comunión con todos los otros que se unen a Él. No es pues tanto una experiencia sociológica sino mística. Por tanto, una “comunión” Eucarística es una experiencia celestial.

Lo que es más importante es la dimensión sacrificial de la Eucaristía. Cada vez que celebramos la Eucaristía revivimos el Sacrificio del Calvario, celebrándolo como el momento de nuestra salvación.

Y este mismo hecho también constituye la única dignidad y fuente de identidad del sacerdote. El ha sido instituido por Cristo para celebrar el maravilloso misterio de cambiar este corruptible pedazo de pan en el mismo glorioso Cuerpo de Cristo y éste poco de vino en la sangre de Cristo, decretando el sacrificio del calvario por la salvación del mundo. Y esto debe vivirse, entenderse y creerse por el sacerdote cada vez que celebra la Eucaristía.

Mons. Malcom Ranjith

De hecho, la Sacrosanctum Concilium acentúa en la efectividad sacrificial y salvífica de la Misa. El sacerdote llega a ser así otro Cristo, por decirlo así. ¡Que gran vocación! Y así, si celebramos la Eucaristía devotamente, entonces los fieles cosechan un inmenso beneficio espiritual y vuelven una y otra vez en búsqueda de ese alimento celestial.

VALLE: Algunos han creído que la solución a la crisis litúrgica —y en el fondo la crisis de Fe— que afecta a la Iglesia Católica hoy sería establecer el uso exclusivo de la Misa Tridentina, en tanto que otros sostienen que todo lo que realmente necesitamos es una “reforma de la reforma,” en otras palabras, una reforma del Novus Ordo. ¿Que piensa Usted?

RANJITH: Una actitud de “o uno u otra” polarizaría innecesariamente a la Iglesia, mientras que la caridad y la preocupación pastoral deben ser los factores determinantes.

Y si el Santo Padre lo decide así, ambas pueden coexistir.

Eso no significaría que tendríamos que abandonar el Novus Ordo. Pero en la interacción de las dos tradiciones Romanas, es posible que la una pueda influir eventualmente en la otra.

No podemos decir que todo esta completo y finalizado, que nada nuevo puede pasar. De hecho, el Vaticano II nunca abogó por cambios inmediatos en la liturgia. Más bien, prefirió el cambiar a “nuevas formas [que] se desarrollen, por decirlo así, orgánicamente a partir de las ya existentes” (SC 23). Como el Cardenal Antonelli, veneradísimo miembro del Concilio que emprendió la revisión de la liturgia después del Concilio, anota en sus diarios, algunos de los cambios litúrgicos después del Concilio han sido introducidos sin mucha reflexión, de manera superficial, y convertidos luego en práctica aceptada.

Por ejemplo, la Comunión en la mano no ha sido algo que hubiera sido primero estudiado y reflexionado hasta antes de su aceptación por la Santa Sede. Fue introducida a la ligera en algunos países del norte de Europa y más tarde se convirtió en práctica aceptada, eventualmente se expandió a muchos otros sitios. Ahora bien, esta es una situación que debería haber sido evitada. El Concilio Vaticano Segundo nunca abogó por tal modo de ver la reforma litúrgica.

VALLE: Lex orandi, lex credendi, lex vivendi (“La ley de la oración (es) la ley de lo que se cree, (es) la ley de lo que se vive”). ¿Es verdad que la manera que adoramos y oramos influye en lo que creemos, y que lo que creemos influye en como vivimos? En otras palabras, en última instancia la liturgia influye nuestra vida moral, ¿Si o no?

RANJITH: Si. ¿Como podemos convencer a los fieles de hacer sacrificios en sus decisiones morales y éticas, a menos que sean primero tocados e inspirados profundamente por la gracia de Dios? Y eso pasa especialmente en la adoración, cuando el alma humana experimenta la gracia salvífica de Dios más íntimamente. En la adoración, la fe llega a ser interiorizada y se completa con inspiración y fortaleza, haciéndolo a uno capaz de tomar decisiones morales que estén en consonancia con esta fe. En la liturgia, deberíamos experimentar la cercanía de Dios a nuestros corazones tan intensamente que a su vez nosotros comencemos a creer fervientemente y fuéramos compelidos a obrar en consecuencia.

VALLE: ¿Cuales son algunas direcciones o conflictos litúrgicos actuales que necesitan corregirse?

RANJITH: Uno de ellos, desde mi punto de vista, es la costumbre de realizar liturgias ecuménicas en sustitución de la Misa dominical en algunos países, durante las cuales líderes laicos católicos y protestantes celebran juntos y éstos últimos son invitados a predicar la homilía. Las Liturgias Dominicales de la Palabra con la distribución de la Santa Comunión, cuya forma se permite en casos en los cuales no está presente un sacerdote, si se convierten así en eventos ecuménicos, pueden dar a los fieles una señal equivocada. Pueden crear la costumbre del domingo sin Eucaristía.

La Eucaristía, como Ud. sabe, hace a la Iglesia (Ed E. 21) y esto es central para nosotros los católicos. Si es tan fácilmente reemplazada por liturgias de la Palabra, o peor aún por los así llamados servicios ecuménicos de oración, la misma identidad de la Iglesia Católica queda en cuestión. Infortunadamente, oímos también de casos en los cuales la misma Eucaristía esta siendo celebrada de varios modos junto con pastores protestantes. Esto es totalmente inadmisible y constituye graviora delicta (“delito gravísimo") (MR 172).

El ecumenismo no es algo que se deje a la elección ad hoc de sacerdotes individuales. El verdadero ecumenismo, como el expuesto por el Vaticano II, proviene del corazón de la Iglesia. Por ejemplo, el camino del verdadero ecumenismo comienza con la seria reflexión de parte de quienes se cree son competentes para entrar en ese tipo de reflexión. Tales como el Concejo Pontifício para la Unidad de los Cristianos y el mismo Santo Padre. No todos tienen la competencia para saber en que sentido esta delicada búsqueda de la unidad debe ser percibida. Se necesita mucha reflexión y oración. De allí, la novedad litúrgica en nombre del ecumenismo no debería ser tratada individualmente.

Una segunda tendencia es la sustitución progresiva de la Misa celebrada por el sacerdote por un servicio paralitúrgico guiado por un laico. Esto, desde luego, puede legítimamente pasar cuando no hay sacerdote disponible y las facilidades para el cumplimiento de la obligación Dominical son escasas. Sin embargo, esta es una excepción, no la regla. Lo que es peligroso es arrinconar al sacerdote aún cuando está disponible y algún equipo pastoral de laicos se arroga para sí mismo tareas que están reservadas a los sacerdotes. Por esto quiero decir, la tendencia de tener al líder laico predicando la homilía en vez del sacerdote, aunque esté presente, o distribuir la Santa Comunión, dejando sentar libremente al sacerdote en el altar.

Debemos resaltar aquí que, como afirma el Concilio Vaticano II, [en] el sacerdocio común de los fieles y [en] el ministerial del sacerdocio “Su diferencia es esencial no solo gradual” (LG 10). Y es así gravemente arbitrario dejar a los laicos las sagradas obligaciones reservadas al sacerdote.

Lo que es muy desafortunado es la creciente tendencia en todo el mundo de convertir en laico al sacerdote y clericalizar al laico. Esto también es contra mentem (“contra la mente” o “contra la intención”) del Concilio.

Hay asimismo una creciente tendencia a sustituir la Misa del domingo con la del sábado casi como una practica “rutinaria”. En lugar de ser el domingo el verdadero día del Señor, y así un día de descanso espiritual y físico, hay un movimiento para disminuir su importancia, convergiéndolo en un día de diversiones materiales. En Dies Domini, el Papa Juan Pablo II ya avisó sobre esta desafortunada tendencia.

Un punto final al que quiero hacer relación aquí, se refiere a algunas practicas introducidas en territorios de misión, por ejemplo, en Asia, en nombre del cambio, que son contra su herencia cultural.

En algunos países asiáticos, vemos una tendencia de introducir la Comunión en la mano recibida de pie. Esto no está en armonía con la cultura asiática. Los budistas adoran postrándose con su frente tocando el suelo. Los musulmanes se quitan sus zapatos y se lavan sus pies antes de entrar a la mezquita para el culto. Los hindúes entran al templo con el pecho descubierto como símbolo de sometimiento. Cuando la gente se acerca al rey de Tailandia o al emperador de Japón, lo hacen de rodillas como señal de respeto. Pero en muchos países asiáticos la Iglesia ha introducido prácticas como simplemente una reverencia al Santísimo Sacramento en lugar de arrodillarse, estando de pie mientras se recibe la Santa Comunión, y recibir la Comunión en la mano. Y sabemos que éstas no pueden ser consideradas prácticas armónicas con la cultura asiática

Además, los laicos cuyo papel hoy está aumentando en la Iglesia no son siquiera consultados cuando esas decisiones se hacen.

Todas estas situaciones no auguran el bien para la Iglesia y necesitamos corregir estas tendencias, si deseamos que la eucaristía que celebramos se convierta, como afirma San Ignacio de Antioquía, en “medicina de inmortalidad y antídoto contra la muerte” (Eph. 20).

sábado, 10 de febrero de 2007

Sobre la felicidad, la psicología positiva y la vida como sentido]. Algunas verdades de un gurú americano

Entrevista a martin seligman, director del centro de psicología positiva en filadelfia (EEUU), en http://www.elmundo.es/, sábado 10 de febrero de 2007

CARGO: Director del Centro de Psicología Positiva. Autor de 'La felicidad auténtica' / EDAD: 64 años / FORMACION: Doctor en Psicología por la Universidad de Pensilvania / CREDO: El potencial de la psicología para incrementar la felicidad individual y colectiva / AFICIONES: El 'bridge' y la jardinería / SUEÑO: Que los gobiernos potencien el nivel de satisfacción vital de los ciudadanos

A primera vista, Martin Seligman es un hombre serio, muy serio, de una seriedad casi inquietante. Buscamos en su despacho de la Universidad de Pensilvania en Filadelfia algún objeto sonriente que sirva para aligerar la foto y romper el hielo, pero él mismo nos disuade diciendo que ése en un modo de «trivializar el mensaje», que prefiere mostrarse tal cual es, antes que decir «cheese» («queso») con una sonrisa engañosa y forzada. Luego resulta que sonríe, pero de un modo muy distinto a esa sonrisa facilona y superficial de sus paisanos. Sonríe seriamente o a la europea, por así decirlo. Lo hace con el rigor que cabe esperar de un científico que se ha empeñado en descomponer la esencia de la felicidad para poder medirla y multiplicarla. Durante gran parte de su carrera se dedicó a lo que la mayoría de los psicólogos: el estudio de los traumas, los trastornos y las miserias del ser humano. De la «desesperación» pasó al «optimismo», y de ahí a La Felicidad Auténtica (Ediciones B), que se convirtió en bandera de la psicología positiva, la rama más pujante de una ciencia renovada que él mismo impulsó como presidente de la American Psychological Association.

Pesimista y circunspecto por naturaleza, Seligman -64 años y siete hijos- confiesa haber encontrado la felicidad fluctuando entre un trabajo que le apasiona y una familia que le arropa, más la jardinería, las partidas de bridge por internet y el cuerpo a cuerpo con sus alumnos predilectos.

¿Se considere usted extre­madamente feliz, muy feliz o bastante feliz?
Dejémoslo en bastante fe­liz...

Cuando al vaso está por la mitad, ¿lo ve medio lleno o medio vacío?
Digamos que soy un pesimista de naci­miento, pero, después de tantas años escri­biendo sobra el optimismo, algo ha aprendi­do... Sólo una persona pesimista puede escri­bir seriamente sobre el optimismo.

“La felicidad no existe; sólo existen los momentos felices”. ¿verdadero o falso?
Parcialmente verdadero... Mucha gen­te identifica la felicidad con un estado transi­torio. Las emociones positivas van y vienen, no duran mucho. Somos así, probablemente, como un producto de la evolución, que ha construido las emocionas positivas para que sean cambios momentáneos de nuestra tra­yectoria. Desde este punto de vista, la felici­dad es una sensación fluctuante, compuesta de pequeños momentos. Pero si vamos a las
raíces más profundas de la felicidad, es mu­cha más fácil sostenerla durante un largo tiempo, e incluso durante toda la vida.

Salud, dinero y amor; ¿alteramos el or­den?
Yo pondría el amor por delante. El di­nero puede traer felicidad, pero, a partir de un cierto punto —en el que seguramente está el lector medio de su periódico—, más euros a fin de mes no van a servir de mucho. La salud es un factor sorprendente: salvo que estás muy gravemente enfermo, hasta el punto de no poder funcionar, no interfiere excesiva­mente en la satisfacción vital.

¿Podemos comprar la felicidad?
Bueno, eso es lo que Hollywood nos hace creer, y está muy arraigado en la cultura norteamericana, en contraste con la cultura europea... Digamos que la cara sonriente y el optimismo, la parte más superficial y aparente, son las contribuciones americanas a la psicología positiva. Mientras que la parte serio de la felicidad, la que tiene que ver con el pro­pósito de la vida, es la herencia europea. Por eso me niego a posar junto a la típica sonrisa. Eso es, en todo caso, una caricatura de la felicidad. La felicidad es algo mucho más pro­fundo y serio que un rostro sonriente.

¿En qué consiste la felicidad auténtica?
Lo que yo llamo felicidad auténtica es una sensación de felicidad duradera. Es un concepto tan amplio que lo mejor que pode­mos hacer para estudiarlo científicamente es descomponerlo... Digamos que existen tres tipos de vidas felices. La forma más rutinaria, con la que la mayoría de la gente identifica la felicidad, es la vida placentera, en la que el individuo busca lo que le gratifica y cultiva las emociones positivas. La segunda es la buena vida de Aristóteles, donde lo que cuanta es disfrutar con lo que haces, en el trabajo, en el amor o en el tiempo libre, hasta que te dejas absorber y eres uno con la que estás haciendo (la que mi colega Czikszentmihalyi llama la experiencia óptima o el estado de flujos). La tercera es la vida con sentido, en la que pones tu talento al servicio de otros, o formas parte de algo que es mayor que tú, una institución o grupo de gente comprometida en la misma causa... cada cual hade ser capaz de descu­brir sus puntos fuertes y da alimentarlos en lo posible. Yo puntúo mucho más alto en la número dos y en la número tres, y eso com­pensa mi propensión al pesimismo. Cualquiera diría que la felicidad es algo tan personal que es imposible llegar a una de­finición universal, válida para todos... La noción de felicidad es tan vasta que pueda llevar a la desesperación si intentas es­tudiarle en bruto... A ello se han dedicado du­rante siglos la Filosofía y otras campos, pero es ahora cuando nos estamos acercando por fin e ella con rigor científico.

¿Se puede medir la felicidad como se pesa al pan?
Lo que hemos intentado desde la psico­logía positiva es descomponerla esencia de la felicidad en esos tres apartados que son más fáciles de medir y fortalecer por separado: las emociones positivas, la motivación y el senti­do de la vida. Podemos medir con un test, por ejemplo, las 24 fortalezas personales (curiosi­dad, integridad, prudencia, autocontrol..). Podemos medir también el optimismo a la resiliencia de una persona (su capacidad para hacer frente e situaciones traumáticas).

¿Hasta qué punto llevamos le felicidad o la infelicidad en las genes?
Yo haría otra vez un esfuerzo para dejar el concepto genérico de felicidad de lado... Ahora bien, si me pregunta si las emociones positivas son hereditarias, le diré que hasta cierto punto sí. Por los estudios que se han hecha con gemelos, parece ser que hereda­mos hasta el 50% del bagaje emocional. En una palabra: nacemos predispuestas e ser más amenas optimistas, y eso es algo que no podemos evitar. Por mucho que reforcemos las emociones positivas, parece que nuestro radio de acción no va más allá del 15%. Hay otros estudios que demuestran cómo los ga­nadores de las loterías o las personas que su­fren un grave accidente vuelven con el tiempo a su nivel previo de felicidad...

¿Cómo logramos, entonces, romper esa techo personal?
Las emociones positivas se pueden po­tenciar con herramientas como la medita­ción, la compasión, la gratitud, el humor... Pe­ro una de las aportaciones más liberadoras de la psicología positiva es precisamente que no hay un único camino hacia la felicidad, que hay otros factores que importan tanta a más que un aspecto meramente emocional. El sen­tido de la vida no es una cosa que se herede, es más bien un rasgo funcional que depende del individuo, de sus decisiones, de las cir­cunstancias que se he ida forjando. Si quieres incrementar tu nivel de felicidad, y no puedes ir mucho más allá en tus emociones positivas, seguramente puedas volcarte en algo que te apasione y te ayude a sentirte útil, y eso te ve a afectar a un nivel más profundo.

¿Se puede enseñar a un niño a ser más feliz?
Podemos enseñarle técnicas pare desa­rrollar el optimismo, de modo que sea más proclive e esperar resultados favorables en el futuro. Hemos demostrado que si un niño es capaz de aprenderlas a los 10 años, tiene un 50 % menos de probabilidades de caer en la depresión cuando llegue a la pubertad.. Uno de las esfuerzos más interesantes que estamos haciendo es el introducirle psicología positiva en las escuelas. El año que viene visitaré Australia con un equipo de 20 psicólogos para intentar introducir nuestras técnicas en el programa escolar. Este verano vendrán un centenar de profesores del Reino Unido a Fi­ladelfia para aprender a enseñar optimismo a los niños de 13 años.

Y díganos, ¿es cierto que el matrimonio es una fuente de felicidad?
Si hacemos caso a las estadísticas, la gente casada tiene un nivel de satisfacción vi­tal más alto que el de los solteros o los divor­ciados. Lo que no sabemos a ciencia cierta es si existe una relación causal. Le pregunta del millón es: ¿la gente más feliz se casa o es el matrimonio el que hace a la gente feliz?

Titular de una noticia de primera pági­na: El 51% de las mujeres en Estados Unidos vive fuera del matrimonio, ¿cómo se interpre­ta este hecho?.
Cuanto mayores el nivel riqueza, más se tiende a levantar barreras en la vida perso­nal. Hay razones para pensar que la privacidad y el aislamiento traen infelicidad. Hay también estudios que demuestran que cuanta menos gente tienes a tu alrededor, menos sa­tisfacción vital posees. Los casos de amistad y de pertenencia a una comunidad están cada vez más rotos. Esa es posiblemente una de las razones por las que la depresión está tan ex­tendida en los países industrializados. En si­tuaciones de aislamiento la gente recurre a placeres instantáneos —como el alcohol la droga, el sexo—, como si fueran atajos. Pero a la felicidad no se llega por ahí: la felicidad es más bien un camino de largo recorrido.

¿Tener fe ayuda a ser feliz?
Ser religioso tiene un efecto moderado, y más que la fe, lo que ayuda es el sentido de unidad o de pertenencia a una institución que te protege.

¿Se es más feliz en la primera o en la segunda parte de la vida?
Lo primera parte de la vida es la lucha por saber quién eres, encontrar lo que te mo­tiva, procurarte los medios. Esa lucha es apa­sionante, pero dolorosa, y suele aplacarse en la segunda parte de tu vida. En ese momento es cuando hay más espacio para el sentido y para el compromiso. Las subidas y bajadas de las emociones placenteras, tan importantes en la juventud, tienen menos importancia. Las estadísticas revelan que, al menos en el periodo histórico en el que vivimos, la gente mayor tiene más satisfacción vital que los jó­venes. Nadie sabe exactamente por qué.

Según sus investigaciones, vivir en una democracia rica es tal vez la circunstancia externa que más influye...
Vivir en una sociedad democrática está muy correlacionado con la satisfacción vital. La riqueza, sin embargo, lo es hasta cierto punto. Con los países ocurre como con la per­sones: una vez satisfechas las necesidades básicas, el dinero no contribuye necesaria­mente a la felicidad.

España, por cierto, hace el número 15 en el ranking mundial de felicidad que usted incluye en su libro...
Creo que la calidad de vida en España es bastante buena, por lo que pude compro­bar en mi última visita. Pero le aseguro una cosa: en el punto de riqueza al que ha llegado España, cualquier aumento del PIB no va a producir un incremento de la felicidad... Me interesa mucho lo que ocurra en su país, y allí tenemos a gente como Carmelo Vázquez, ayudando a difundir el mensaje de la psicolo­gía positiva. Acabamos de estrenar nuestro portal en español (www.psicologia-positi­va.com) porque estoy convencido que con el español, el inglés y el chino podemos llegar a medio mundo. España, Noruega y Reino Uni­do son los países europeos donde hemos teni­do una respuesta entusiasta.

En el Reino Unido la felicidad se ha convertido en reivindicación política...
Sí, y ha tenido que ser curiosamente un líder del Partido Conservador, David Came­ron, quien lo introduzca en su campaña. La idea es introducir un indicador comparable al Producto Interior Bruto y que sirva para medir la madurez, aunque vamos haciendo algunos dirían el bienestar de la población... En democracias prósperas prósperas y estables, como España o el Reino Unido, el electorado empieza a hacerse preguntas sobre qué es lo que merece la pena en la vida. Y los gobiernos tienen la responsabilidad no sólo de velar por el PIB, sino también por la felicidad de sus ciudadanos. La psicología positiva está trabajando mano a mano con los economistas para poder dar a los gobiernos una herramienta que les permita medir la satisfacción vital de la población

¿Y cómo replicaría a los que opinan que se trata de una corriente pasajera?
Cuando me eligieron presidente de la Asociación Psicológica Americana en 1996 expresé en público la necesidad de dar un volantazo a nuestra profesión: tenemos no sólo que ocuparnos de las enfermedades mentales, sino de la felicidad de la gente corriente. Las muestras de apoyo entre mis colegas fue enorme, y hasta cierto punta me sorprendió lo rápido que se aceptó la idea de la psicología positiva. El nuestro es un punto de vista nuevo, pero complementario y compatible con el que ya existía.

¿Dejaremos de mirar con recelo al psi­cólogo?
Yo creo que la percepción del psicó­logo ha cambiado ya notablemente. En los viejos tiempos, cuando tomaba un avión y le revelaba mi profesión a mi compañero de viaje, su tendencia era la de salir corriendo a otra fila. Ahora noto que la gente se arri­ma a mi.

Háblenos de la contribución de su hija Ni­kki a la psicología positiva...
He escrito mucho sobre ese momento por­que fue como una epifanía. Me encontraba en el jardín, escardando las malas hierbas, y mi hija bailaba a mi alrededor, y arrojaba las males hierbas al aire. Le grité que dejara de hacer eso. Se fue muy enfadada y a los pocos minutos volvió y me dijo: “Cuando cumplí los cinco años prometí no gimotear más y eso hice. En cambio tú, sigues siendo un gru­ñón”. Aquella observación se me quedó gra­bada y me hizo cambiar. Entendí que educar a un niño no consiste en corregirle constan­temente, sino en apreciar sus puntos fuertes, y en alimentarlos todo lo posible. Me pre­gunté también si la principal contribución de la psicología podía ser también esa: ayudar a la gente a encontrar sus propias virtudes y a ser más felices.

¿La familia y el trabajo son sus mayores fuentes de felicidad?
Así es, pero para mí van muy unidos. Ten­go siete hijos, dos de un matrimonio ante­rior, y tanto ellos como mi esposa, Mandy, han sido siempre un acicate en mis pesqui­sas. El trabajo y la familia fluyen libremente en mi vida: salto de uno a otro sin proble­mas. Trabajo desde casa muchas veces veces. A veces juego con los niños mien­tras intento escribir algo. El juego es para mí una dimensión muy importante porque te devuelve a ese estado de fluidez de cuando eras niño.

¿Alguna otra pasión en sus ratos libres?
La jardineria. Me puedo pasar horas con las plantas: me conecto con el mundo natu­ral y es una manera de trasmitírselo también a los niños.

¿Sigue practicando la escuela en casa?
Las dos mayores tienen 15 y 17 años y ya se han incorporado al sistema escolar., Yo no voy haciendo proselitismo del homeschooling, pe­ro en nuestro caso ha funcionado estupenda­mente. Mi esposa y yo somos profesores y dis­frutamos compartiendo con ellos la aventura del aprendizaje, ¿por qué delegarlo en otros? Pero la razón principal por la que decidimos no escolarizar a los niños fueron mis viajes. Cuando me hicieron presidente de la Asocia­ción Americana de Psicología estaba constan­temente de aquí para allá: nos llevamos la fa­milia a cuestas y aprovechamos los viajes pa­ra aprender sobre la marcha. Cuando estuvi­mos hace unos años en Madrid, visitamos El Prado y todos los grandes museos. Los niños se trajeron bien aprendida la lección de histo­ria y arte español.

En el mundo sombrío en que vivimos tras él 11-S, ¿qué puede hacer la
psicología positiva para devolvernos el optimismo?-
Soy muy realista y no creo que tenga que ser usada para-distraernos sobre los problemas del futuro. Pero tampoco podemos caer en el error. Bin Laden es muy pequeño comparado con Hitler. En el siglo XX se ha derrotado al fascismo, aunque haya costado dos terribles guerras, y ésa es una buena medida para calibrar de lo que seremos capaces en este siglo... Hay que tener en cuenta un fenómeno muy curioso: el “bache del optimismo”. Tendemos a ser optimistas sobre nuestras propias vidas y pesimistas sobre la marcha del planeta Si preguntas a los estadounidenses cuáles son la posibilidades de una guerra nuclear en los próximos 10 años, te dicen que creen que del 50%. Si les preguntas qué esperan de sus vidas en ese mismo periodo de tiempo, el 80% contestará que confía en que las cosas vayan a mejor. Parece incompatible pero es así y ocurre en todo en el mundo.