Aviso
miércoles, 17 de octubre de 2007
16 de octubre. Carlos Martinez de Tejada. Referencias a la Parusía en la liturgia.
jueves, 27 de septiembre de 2007
Videos sobre cuidado y limpieza de objetos litúrgicos
(Pinchando sobre el enlace lo veremos a pantalla completa en Google Video)
Conopeo, limpieza y plancha
Corporal de altar, plancha y doblado
Desmanchado de alguna mancha
Hoja de misal rota, arreglo
Incensario, limpieza después de su uso
Mantel de altar, plancha
Pestaña de misal, colocación de una nueva
Plata, limpieza de objetos
Purificador de cáliz, plancha y doblado
Purificar, modo de hacer
Vasos sagrados y bandeja de comunión, limpieza diaria y periódica
Velas y candeleros, limpieza
martes, 10 de julio de 2007
Motu Proprio «Summorum Pontificum» - Traducción no oficial al español
Permalink: http://www.zenit.org/article-24246?l=spanish
Motu Proprio «Summorum Pontificum» - Traducción no oficial al español
Disposiciones de Benedicto XVI sobre el uso de la liturgia romana anterior a la reforma de 1970
Para leer una entrevista con John Zuhlsdorf, Liturgista sobre cómo acoger el Motu Propio:
http://www.zenit.org/article-24262?l=spanish
CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 8 julio 2007 (ZENIT.org).- Publicamos la traducción no oficial (del latín al español), distribuida por el VIS (Vatican Information Service), de la Carta Apostólica de Benedicto XVI en forma de «motu proprio» «Summorum Pontificum» sobre el uso de la liturgia romana anterior a la reforma de 1970.
El Santo Padre acompañó el sábado, a la publicación del Motu Proprio, la difusión también de su carta a los obispos de todo el mundo, misiva que acompaña y explica las nuevas disposiciones.
* * *
[CARTA APOSTÓLICA]
[EN FORMA DE MOTU PROPRIO]
[BENEDICTO XVI]
"Los sumos pontífices hasta nuestros días se preocuparon constantemente porque la Iglesia de Cristo ofreciese a la Divina Majestad un culto digno de "alabanza y gloria de Su nombre" y "del bien de toda su Santa Iglesia".
"Desde tiempo inmemorable, como también para el futuro, es necesario mantener el principio según el cual, "cada Iglesia particular debe concordar con la Iglesia universal, no solo en cuanto a la doctrina de la fe y a los signos sacramentales, sino también respecto a los usos universalmente aceptados de la ininterrumpida tradición apostólica, que deben observarse no solo para evitar errores, sino también para transmitir la integridad de la fe, para que la ley de la oración de la Iglesia corresponda a su ley de fe". (1)
"Entre los pontífices que tuvieron esa preocupación resalta el nombre de San Gregorio Magno, que hizo todo lo posible para que a los nuevos pueblos de Europa se transmitiera tanto la fe católica como los tesoros del culto y de la cultura acumulados por los romanos en los siglos precedentes. Ordenó que fuera definida y conservada la forma de la sagrada Liturgia, relativa tanto al Sacrificio de la Misa como al Oficio Divino, en el modo en que se celebraba en la Urbe. Promovió con la máxima atención la difusión de los monjes y monjas que, actuando según la regla de San Benito, siempre junto al anuncio del Evangelio ejemplificaron con su vida la saludable máxima de la Regla: "Nada se anticipe a la obra de Dios" (cap.43). De esa forma la Sagrada Liturgia, celebrada según el uso romano, enriqueció no solamente la fe y la piedad, sino también la cultura de muchas poblaciones. Consta efectivamente que la liturgia latina de la Iglesia en sus varias formas, en todos los siglos de la era cristiana, ha impulsado en la vida espiritual a numerosos santos y ha reforzado a tantos pueblos en la virtud de la religión y ha fecundado su piedad".
"Muchos otros pontífices romanos, en el transcurso de los siglos, mostraron particular solicitud porque la sacra Liturgia manifestase de la forma más eficaz esta tarea: entre ellos destaca San Pío V, que sostenido de gran celo pastoral, tras la exhortación de Concilio de Trento, renovó todo el culto de la Iglesia, revisó la edición de los libros litúrgicos enmendados y "renovados según la norma de los Padres" y los dio en uso a la Iglesia Latina" .
"Entre los libros litúrgicos del Rito romano resalta el Misal Romano, que se desarrolló en la ciudad de Roma, y que, poco a poco, con el transcurso de los siglos, tomó formas que tienen gran semejanza con las vigentes en tiempos más recientes".
"Fue éste el objetivo que persiguieron los Pontífices Romanos en el curso de los siguientes siglos, asegurando la actualización o definiendo los ritos y libros litúrgicos, y después, al inicio de este siglo, emprendiendo una reforma general"(2). Así actuaron nuestros predecesores Clemente VIII, Urbano VIII, san Pío X (3), Benedicto XV, Pío XII y el beato Juan XXIII.
"En tiempos recientes, el Concilio Vaticano II expresó el deseo de que la debida y respetuosa reverencia respecto al culto divino, se renovase de nuevo y se adaptase a las necesidades de nuestra época. Movido de este deseo, nuestro predecesor, el Sumo Pontífice Pablo VI, aprobó en 1970 para la Iglesia latina los libros litúrgicos reformados, y en parte, renovados. Éstos, traducidos a las diversas lenguas del mundo, fueron acogidos de buen grado por los obispos, sacerdotes y fieles. Juan Pablo II revisó la tercera edición típica del Misal Romano. Así los Pontífices Romanos han actuado "para que esta especie de edificio litúrgico (...) apareciese nuevamente esplendoroso por dignidad y armonía" (4).
"En algunas regiones, sin embargo, no pocos fieles adhirieron y siguen adhiriendo con mucho amor y afecto a las anteriores formas litúrgicas, que habían embebido tan profundamente su cultura y su espíritu, que el Sumo Pontífice Juan Pablo II, movido por la preocupación pastoral respecto a estos fieles, en el año 1984, con el indulto especial "Quattuor abhinc annos", emitido por la Congregación para el Culto Divino, concedió la facultad de usar el Misal Romano editado por el beato Juan XXIII en el año 1962; más tarde, en el año 1988, con la Carta Apostólica "Ecclesia Dei", dada en forma de Motu proprio, Juan Pablo II exhortó a los obispos a utilizar amplia y generosamente esta facultad a favor de todos los fieles que lo solicitasen".
"Después de la consideración por parte de nuestro predecesor Juan Pablo II de las insistentes peticiones de estos fieles, después de haber escuchado a los Padres Cardenales en el consistorio del 22 de marzo de 2006, tras haber reflexionado profundamente sobre cada uno de los aspectos de la cuestión, invocado al Espíritu Santo y contando con la ayuda de Dios, con las presentes Cartas Apostólicas establecemos lo siguiente:
Art. 1.- El Misal Romano promulgado por Pablo VI es la expresión ordinaria de la "Lex orandi" ("Ley de la oración"), de la Iglesia católica de rito latino. No obstante el Misal Romano promulgado por San Pío V y nuevamente por el beato Juan XXIII debe considerarse como expresión extraordinaria de la misma "Lex orandi" y gozar del respeto debido por su uso venerable y antiguo. Estas dos expresiones de la "Lex orandi" de la Iglesia no llevarán
de forma alguna a una división de la "Lex credendi" ("Ley de la fe") de la Iglesia; son, de hecho, dos usos del único rito romano.
Por eso es lícito celebrar el Sacrificio de la Misa según la edición típica del Misal Romano promulgado por el beato Juan XXIII en 1962, que no se ha abrogado nunca, como forma extraordinaria de la Liturgia de la Iglesia. Las condiciones para el uso de este misal establecidas en los documentos anteriores "Quattuor abhinc annis" y "Ecclesia Dei", se sustituirán como se establece a continuación:
Art. 2.- En las Misas celebradas sin el pueblo, todo sacerdote católico de rito latino, tanto secular como religioso, puede utilizar sea el Misal Romano editado por el beato Papa Juan XXIII en 1962 que el Misal Romano promulgado por el Papa Pablo VI en 1970, en cualquier día, exceptuado el Triduo Sacro. Para dicha celebración siguiendo uno u otro misal, el sacerdote no necesita ningún permiso, ni de la Sede Apostólica ni de su Ordinario.
Art. 3.- Las comunidades de los institutos de vida consagrada y de las Sociedades de vida apostólica, de derecho tanto pontificio como diocesano, que deseen celebrar la Santa Misa según la edición del Misal Romano promulgado en 1962 en la celebración conventual o "comunitaria" en sus oratorios propios, pueden hacerlo. Si una sola comunidad o un entero Instituto o Sociedad quiere llevar a cabo dichas celebraciones a menudo o habitualmente o permanentemente, la decisión compete a los Superiores mayores según las normas del derecho y según las reglas y los estatutos particulares.
Art 4.- A la celebración de la Santa Misa, a la que se refiere el artículo 2, también pueden ser admitidos -observadas las normas del derecho- los fieles que lo pidan voluntariamente.
Art.5. §1.- En las parroquias, donde haya un grupo estable de fieles adherentes a la precedente tradición litúrgica, el párroco acogerá de buen grado su petición de celebrar la Santa Misa según el rito del Misal Romano editado en 1962. Debe procurar que el bien de estos fieles se armonice con la atención pastoral ordinaria de la parroquia, bajo la guía del obispo como establece el can. 392 evitando la discordia y favoreciendo la unidad de toda la Iglesia.
§ 2.-La celebración según el Misal del beato Juan XXIII puede tener lugar en día ferial; los domingos y las festividades puede haber también una celebración de ese tipo.
§ 3.- El párroco permita también a los fieles y sacerdotes que lo soliciten la celebración en esta forma extraordinaria en circunstancias particulares, como matrimonios, exequias o celebraciones ocasionales, como por ejemplo las peregrinaciones.
§ 4.- Los sacerdotes que utilicen el Misal del beato Juan XXIII deben ser idóneos y no tener ningún impedimento jurídico.
§ 5.- En las iglesias que no son parroquiales ni conventuales, es competencia del Rector conceder la licencia más arriba citada.
Art.6. En las misas celebradas con el pueblo según el Misal del Beato Juan XXIII, las lecturas pueden ser proclamadas también en la lengua vernácula, usando ediciones reconocidas por la Sede Apostólica.
Art.7. Si un grupo de fieles laicos, como los citados en el art. 5, §1, no ha obtenido satisfacción a sus peticiones por parte del párroco, informe al obispo diocesano. Se invita vivamente al obispo a satisfacer su deseo. Si no puede proveer a esta celebración, el asunto se remita a la Pontificia Comisión "Ecclesia Dei".
Art. 8. El obispo, que desea responder a estas peticiones de los fieles laicos, pero que por diferentes causas no puede hacerlo, puede indicarlo a la Comisión "Ecclesia Dei" para que le aconseje y le ayude.
Art. 9. §1. El párroco, tras haber considerado todo atentamente, puede conceder la licencia para usar el ritual precedente en la administración de los sacramentos del Bautismo, del Matrimonio, de la Penitencia y de la Unción de Enfermos, si lo requiere el bien de las almas.
§2. A los ordinarios se concede la facultad de celebrar el sacramento de la Confirmación usando el precedente Pontifical Romano, siempre que lo requiera el bien de las almas.
§3. A los clérigos constituidos "in sacris" es lícito usar el Breviario Romano promulgado por el Beato Juan XXIII en 1962.
Art. 10. El ordinario del lugar, si lo considera oportuno, puede erigir una parroquia personal según la norma del canon 518 para las celebraciones con la forma antigua del rito romano, o nombrar un capellán, observadas las normas del derecho.
Art. 11. La Pontificia Comisión "Ecclesia Dei", erigida por Juan Pablo II en 1988, sigue ejercitando su misión. Esta Comisión debe tener la forma, y cumplir las tareas y las normas que el Romano Pontífice quiera atribuirle.
Art. 12. La misma Comisión, además de las facultades de las que ya goza, ejercitará la autoridad de la Santa Sede vigilando sobre la observancia y aplicación de estas disposiciones.
Todo cuanto hemos establecido con estas Cartas Apostólicas en forma de Motu Proprio, ordenamos que se considere "establecido y decretado" y que se observe desde el 14 de septiembre de este año, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, pese a lo que pueda haber en contrario.
Dado en Roma, en San Pedro, el 7 de julio de 2007, tercer año de mi Pontificado.
NOTAS
(1) Ordinamento generale del Messale Romano 3ª ed. 2002, n.937
(2) JUAN PABLO II, Lett. ap. Vicesimus quintus annus, 4 dicembre 1988, 3: AAS 81 (1989), 899
(3) Ibid. JUAN PABLO II, Lett. ap. Vicesimus quintus annus, 4 dicembre 1988, 3: AAS 81 (1989), 899
(4) S. PIO X, Lett. ap. Motu propio data, Abhinc duos annos, 23 ottobre 1913: AAS 5 (1913), 449-450; cfr JUAN PABLO II lett. ap. Vicesimus quintus annus, n. 3: AAS 81 (1989), 899
(5) Cfr IOANNES PAULUS II, Lett. ap. Motu proprio data Ecclesia Dei, 2 luglio 1988, 6: AAS 80 (1988), 1498
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jueves, 14 de junio de 2007
18 al 21 de julio. II Foro Sacerdotal en Frigiliana (Málaga)
Este verano se celebra el II Foro Sacerdotal en Frigiliana, del 18 (miércoles) al 21 de julio (sábado).Pincha aquí para descargar un folleto informativo (PDF)
Esta actividad se propone reunir, un verano más, a un grupo de sacerdotes jóvenes que, en ambiente de descanso, se ocupen de profundizar en temas relacionados con su ministerio pastoral.
Esta edición del Foro está dedicada a estudiar el matrimonio. Se abordará desde varias perspectivas: homilética, liturgia, preparación y seguimiento de los novios, etc.
El encuentro consta de diversas comunicaciones y ponencias, preparadas previamente por los asistentes, en las que cada uno aporta las experiencias prácticas que le han sido útiles.
Además, simultáneamente será posible realizar una Expo-Pastoral: una exposición de los materiales (folletos, webs, audiovisuales, escritos varios, etc.) que son útiles para la pastoral matrimonial. Cada participante aportará aquellos que considere más adecuados.
Todos aquellos sacerdotes y seminaristas que deseen participar (aunque no hayan preparado ninguna comunicación) pueden ponerse en contacto con alguno de los secretarios organizadores. De cara a la reserva del alojamiento es MUY IMPORTANTE confirmar la asistencia.
Juan Báez (636.613.447)
Francisco Sánchez (607.642.725)
Jaén:
Manuel Cámara (605.571.100)
Granada y Guadix:
Miguel Ángel López (696.476.112)
Almería:
Antonio Cobo (636.172.308)
El horario se organizará del siguiente modo:
MIERCOLES 18 de julio
20,30 Llegada
21,15 Cena y tertulia
JUEVES y VIERNES 19 y 20 de julio
9,00 Desayuno
9,45 Meditación en la parroquia
10,15 Concelebración con Laudes
11,30 Ponencias y Comunicaciones
13,30 Tiempo libre
14,30 Almuerzo
15,30 Tertulia
16,00 Tiempo libre
17,00 Ponencias y Comunicaciones
18,30 Merienda
19,00 Vísperas y Exposición Santísimo
20,00 Proyección
20,30 Visita Maro y Nerja (Jueves)
21,00 Cena y Tertulia (Viernes)
SÁBADO 21 de julio
9,00 Desayuno
9,45 Meditación en la parroquia
10,15 Concelebración con Laudes
11,30 Ponencias y Comunicaciones
13,30 Almuerzo
14,30 Clausura del Foro
La distribución de las ponencias y comunicaciones será el siguiente:
JUEVES 19 de julio
11,30 Ponencia: Soluciones a los problemas matrimoniales sin llegar al proceso de nulidad. José Ferrary, Vicario Judicial de la Diócesis de Málaga.
12,15 Experiencias en una parroquia joven. Antonio Coronado.Párroco de Santa Inés (Málaga)
12,30 Ponencia: Matrimonios en dificultad. Ginés García Beltrán. Defensor del Vínculo del Tribunal Eclesiástico de Almería.
13,00 Ponencia: Sexualidad y Matrimonio. Joaquín Fernández-Crehuet. Catedrático de Medicina Preventiva de la Universidad de Málaga.
15,30 Tertulia con el Prof. Fernández-Crehuet.
17,00 Ponencia: Predicación y familia. Antonio Balsera. Doctor en Teología.
17,30 El inicio de la vida matrimonial. Rafael Rodríguez. Párroco de Algatocín.
17,45 Familias rumanas. Sorin Catrinescu. Capellán de la comunidad rumana greco-católica en Granada.
18,00 Matrimonios jóvenes. Francisco Sánchez. Párroco de Benamargosa.
VIERNES 20 de julio
11,30 Ponencia: Aspectos litúrgicos de la celebración del matrimonio. Alejandro Pérez Verdugo. Secretario Canciller de la Diócesis de Málaga.
12,00 Ponencia: Dirección espiritual con personas casadas. Miguel López. Profesor de Teología Moral.
12,30 Matrimonios en Córdoba. Francisco Jesús Campos. Párroco de Hornachuelos (Córdoba).
12,45 Los jóvenes y el amor. Juan Luis García. Vicario parroquial de Huéscar (Guadix).
13,00 Ponencia: Master en Familia. Tomás Melendo. Catedrático de Filosofía. Director del Máster en Matrimonio y Familia de la Universidad de Málaga.
15,30 Tertulia con el Prof. Melendo.
17,00 Uso pastoral de los formularios matrimoniales. Sergio Fajardo. Párroco de Campotéjar (Granada)
17,15 Ponencia: Preparación al matrimonio. Mario Iceta.Vicario General de Córdoba
17,45 Cursillos prematrimoniales en zonas rurales. Juan Carlos Hidalgo. Párroco de Alomartes (Granada).
18,00 Preparación de novios en pueblos pequeños. Juan Manuel Romero. Párroco de Alicún de
las Torres (Guadix)
SÁBADO 21 de julio
11,30 Ponencia: Aspectos jurídicos en defensa del matrimonio. Josemaría Sanchis. Juez del Tribunal Eclesiástico de Málaga
12,15 Matrimonio e inmigración. Antonio Cobo. Párroco de Vícar (Almería)
12,30 Webs para la pastoral familiar. Miguel Ángel López. Párroco de Santa Cruz del
Comercio (Granada)
martes, 5 de junio de 2007
Entrevista a Mons. Malcom Ranjith.

Pregunta. ¿Cómo se ha llevado a cabo en Asia la renovación litúrgica que inició el Vaticano II; cuáles han sido sus logros y sus resultados negativos?
Respuesta. Hablando en general ha habido muchos cambios en el modo en que la liturgia se ha celebrado en Asia desde el Concilio. Los que de nosotros crecimos bajo las orientaciones litúrgicas de los tiempos preconciliares conocemos bien estos cambios y cómo afectaron nuestra vida como católicos
Como indica su pregunta entre los resultados ha habido de todo. Entre los cambios positivos veo el uso de la lengua vernácula que nos ayudó a encauzar nuestra fe hacia una mejor comprensión de la palabra de Dios, las rúbricas de la Liturgia misma, y una participación más activa y comunitaria en la celebración de los sagrados misterios.
También se intentaron adaptaciones a las prácticas de la cultura local, aunque no siempre con buenos resultados. El uso de la lengua vernácula ayudó a veces a crear un vocabulario teológico en el idioma local que eventualmente fue útil para la evangelización y la presentación del mensaje del evangelio a personas de tradiciones religiosas no cristianas, que son la inmensa mayoría del pueblo de Asia.
Algunos aspectos negativos fueron el casi total abandono de la lengua latina, de la tradición y del canto; una demasiado fácil interpretación de aquello que podía ser absorbido desde las culturas locales en la Liturgia; un ambiente de desconcierto sobre la verdadera naturaleza, contenido y significado del rito Romano y de sus normas y rúbricas, que propició una actitud de experimentar libremente; cierto sentimiento anti-Romano, y una aceptación acrítica de todo tipo de “novedades” resultantes de esquemas litúrgicos y teológicos de corte humanista y secularizante llegados al Este.
Estas novedades a menudo fueron introducidas, quizá sin darse mucha cuenta, por algunos misioneros de fuera que las trajeron desde sus ciudades de origen, o por gente de aquí que habían ido a esos otros países por estudios o otros motivos, y quedaron impregnados acríticamente de un cierto tipo de “libre espíritu” que algunos círculos crearon en torno al Concilio.
El abandono de las esferas de lo Sagrado, de lo Místico y de lo Espiritual y su sustitución por un tipo de horizontalismo empirista fue muy dañino para el espíritu de aquello que realmente constituye la liturgia.
Pregunta. ¿Qué relevancia tiene la nueva Exhortación sobre la Eucaristía para la Iglesia en Asia?
Respuesta. En su conjunto, el documento es para mí algo que me reevoca, en el verdadero sentido de la palabra, la reforma de la liturgia tal como fue deseada y entendida por el Concilio. Quiero decir que no es un rechazo de los desarrollos positivos de la reforma litúrgica que está hoy día en marcha, sino una expresión de la necesidad de ser verdaderamente fiel al sentido de la Sacrosantum Concilium (Constitución sobre la Sagrada Litúrgia, Concilio Vaticano II, promulgada por el Papa Pablo VI el 4 de diciembre de 1963).
En cierto sentido se puede afirmar que documentos como Ecclesia de Eucharistia de Juan Pablo II (17.IV.2003), Liturgiam Authenticam de la Congregación para la Doctrina de la Fe (7.V.2001) y Redemptionis Sacramentum de la Congregación para el Culto divino y la Disciplina de los Sacramentos (23.V.2004), ya habían comenzado los necesarios ajustes según la mente de las indicaciones del Concilio.
La Sacramentum Caritatis culmina todo esto con una realmente profunda, mística y a la vez muy fácil e inteligible catequesis sobre la Eucaristía, trayendo a la luz lo mejor y el significado completo de este Santísimo Sacramento. El Papa Benedicto nos quiere hacer entender y vivir la Eucaristía en su totalidad.
Pienso que en el contexto de Asia tal mensaje será naturalmente bien apreciado, valorado y vivido. Las orientaciones básicas de Sacramentum Caritatis refleja valores de Asia como el aprecio por el silencio y la contemplación, la aceptación de que existe una vida más profunda más allá de lo tangible, el respeto a lo sagrado y a la mística, y la búsqueda de la felicidad en una vida de santidad y de renuncia.
El hincapié hecho sobre estos aspectos hace de la Sacramentum Caritatis una contribución valiosa e importante orientada a hacer que los católicos de nuestro continente vivan la eucaristía de modo verdaderamente asiático.
Pregunta. ¿Qué aspectos del documento son más importantes para los obispos de Asia, los sacerdotes y los creyentes católicos?
Respuesta. Desde un punto de vista general la llamada a considerar la Sagrada Eucaristía como invitación a encontrarse con Cristo mismo, a ser absorbido por él, modelado por él en una profunda comunión de amor, haciendo así que su propio esplendor glorioso brille en nosotros, está verdaderamente en línea con la búsqueda de misticismo espiritual en el continente asiático.
Como ya dije, Asia es profundamente mística y consciente del valor de lo sagrado en la vida humana, moviendo al ser humano a buscar en la profundidad de los misterios de la religión y de lo espiritual. La tendencia a banalizar la celebración de la Eucaristía con una especie de orientación horizontal, a menudo visible en los tiempos que corren, no va de acuerdo con esta búsqueda. Por lo tanto, la orientación general del documento es buena para Asia.
Yendo a detalles, yo diría que estamos ante algo muy serio, la tendencia a acentuar siempre la profunda naturaleza espiritual y trascendental de la Eucaristía, su carácter cristocéntrico, la adhesión confiada a las rúbricas y a las normas (nn. 39-40), la preocupación por la sobriedad (n. 40), el sentido apropiado y digno de la celebración, el uso del arte y la arquitectura adecuados, el canto y la música, y evitar la improvisación y el desorden, todo ello refleja el modo asiático de vivir el culto y la espiritualidad. El pueblo de Asia es un pueblo que reverencia lo divino, cuyas formas de culto cuentan con siglos de antigüedad y no son invenciones de cualquier individuo por su cuenta.
La adhesión a las rúbricas en otras tradiciones religiosas en Asia es muy estricta. A la vez, esas rúbricas son un profundo reflejo del papel especial de lo Sagrado. Así pues, la seriedad recomendada por el Sumo Pontífice está totalmente en consonancia con el modo de dar culto en Asia.
Pregunta. Tras el Concilio Vaticano II se habló mucho, incluso entro los obispos asiáticos de la necesidad de la inculturación de la Liturgia. ¿Cómo se ha llevado a cabo en las iglesias de Asia? ¿Quedan cosas pendientes, o es un proceso abierto sin fecha de conclusión?
Respuesta. Como el mismo Papa afirma en la Sacramentum Caritatis, el principio de la inculturación “se debe mantener de acuerdo con las necesidades reales de la Iglesia, que vive y celebra el mismo misterio de Cristo en situaciones culturales diferentes” (n. 54). Sabemos que es una necesidad emergente en dos sentidos: la llamada a la evangelización o encarnación del mensaje evangélico en culturas diversas, y el requerimiento de una real y consciente participación del creyente en aquello que se celebra.
No obstante ya la Sacrosanctum Concilium señalaba unos parámetros claros dentro de los cuales tenían que realizarse la adaptaciones de la liturgia a los esquemas culturales locales. En ella se habla por ejemplo de que se admitan en la liturgia elementos que “armonicen con su espíritu verdadero y auténtico” (SC 37), que aseguren que “la unidad sustancial del rito Romano se mantenga” (SC 38), la verificación de tales cosas es decidida por la autoridad eclesiástica competente, es decir, la Santa Sede y, donde estuviera legalmente permitido, los obispos (cfr. Sacrosanctum Concilium 22: 1-2). También hace una llamada a la prudencia en la elección de adaptaciones que se quieren introducir en la Liturgia (SC 40:1), la necesidad de someter tales cosas a la Sede Apostólica para permitir, si fuese necesario, un periodo de experimentación limitado (SC 40:2) antes de su aprobación final, y la consulta a expertos en la materia (SC 40: 3).
Sacramentum Caritatis sigue en la misma línea de que las adaptaciones de la liturgia a las tradiciones culturales locales se realice de acuerdo con lo establecido por las diversas directrices que ha ido dando la Iglesia, y asegurando un sentido de equilibrio “entre los criterios y directrices ya instaurados y las nuevas adaptaciones” (n. 54), y todo esto también “siempre de acuerdo con la Sede Apostólica (n 54). En resumen, inculturación mediante adaptaciones sí, pero siempre dentro de parámetros claros que aseguren la dignidad y la ortodoxia.
Contemplando lo que se ha realizado hasta el momento uno no puede por menos de estar satisfecho. Algunos desarrollos positivos son visibles, como el uso a gran escala de la lengua vernácula en la liturgia que permite entender mejor los sacramentos y participar en ellos en mayor medida, y el uso del arte, de la música y de los gestos asiáticos en el culto. Pero muchas arbitrariedades e inconsistencias también se pueden ver, por ejemplo la permisión de todo tipo de experimentos con visos de oficialidad de tales prácticas, sin un estudio apropiado o una evaluación crítica.
Escuché una vez por radio una conferencia dada por un monje Budista en Sri Lanka que ridiculizaba a los cristianos por permitir hacer sonar los tambores en sus iglesias sin darse cuenta de que aquellos golpes de hecho eran cantos de alabanza a Buda. Esto sería sólo un ejemplo de la absorción precipitada de tradiciones locales que son per se incompatibles con lo que nosotros celebramos.
Cuando hablo de inconsistencia quiero decir practicas que hemos introducido como adaptaciones, pero que per se son incompatibles con nuestra cultura, como por ejemplo hacer sólo una inclinación en lugar de una genuflexión o una postración ante la Sagrada Eucaristía, o recibir la comunión en la mano estando de pie, cosas todas que están muy lejos de los niveles de reverencia que en Asia se da a lo sagrado. En algunas zonas, en lugar de introducir vestiduras o utensilios que sean reflejo de los valores locales, más bien han reducido al mínimo o incluso abandonado su uso. En ocasiones me quedé perplejo viendo a sacerdotes e incluso obispos celebrando o concelebrando sin la vestimenta litúrgica apropiada. Esto no es inculturación sino desculturación, si es que existe esa palabra.
La inculturación significa decidir qué ropa litúrgica es digna y respetuosa con las realidades sagradas que se celebran, no abandonarlas. Creo que las Comisiones Episcopales de Liturgia en Asia, en sus niveles continental regional o nacional, deben, con la ayuda de expertos, estudiar estos temas cuidadosamente, y encontrar medios y modos de promover el significado, la dignidad y la sacralidad de los divinos misterios que se celebran mediante adaptaciones sólidas, seleccionadas con sentido crítico y propuestas a la Santa Sede para su aprobación pertinente.
Es necesario que en estas materias haya un espíritu de colaboración más estrecha con la Santa Sede. Hay mucha ligereza en estos temas, e incluso una actitud de “¿quién decide?” que deja las cosas a una interpretación libre y a la creatividad de personas privadas. Junto a esto, me pregunto si hay suficiente conciencia de lo que el mismo Concilio mencionó sobre esta materia y de las directrices dadas en la Varietates Legitimae de la Congregación para el Culto divino y la Disciplina de los Sacramentos (25.I.94) y del n. 22 de Ecclesia in Asia de Juan Pablo II (6.XI-1999).
Pregunta. En el n. 54 de Sacramentum Caritatis el Papa Benedicto aboga por “proseguir el proceso de inculturación en el ámbito de la celebración eucarística” y reclama las “adaptaciones apropiadas a los diversos contextos y culturas”. ¿Qué significa esto en Asia?
Respuesta. Asia es generalmente considerado como el continente de la contemplación, del misticismo y de una mirada profundamente espiritual sobre la vida. Estas adaptaciones pueden resultar e incluso orientar hacia los orígenes de la mayoría de las religiones mundiales de este continente. Cualquier intento de inculturación de la liturgia o de la vida cristiana no debe pasar por alto estas profundas orientaciones místicas típicas de Asia.
Como Cristianos debemos mostrar que el Cristianismo es asiático en su origen y que es portador de incluso un más profundo sentido de misticismo del que tienen o puede desear tener en común con otros. Sería una pena que nos esforzáramos por planear nuestra fe como si se tratase de un apéndice de la cultura secular y globalizante que llevan consigo los valores seculares, e intentáramos hacerlos presente en Asia. Por desgracia, a veces, por nuestro modo de hacer las cosas estamos dando esta imagen y esto nos hace ser como extraños en nuestro propio continente.
Tome usted por ejemplo el abandono masivo de la sotana o de la indumentaria religiosa por parte de muchos sacerdotes y religiosos en Asia, incluso misioneros. A duras penas logran entender que en la cultura asiática las personas dedicadas a Dios o a la religión son siempre reconocibles por su modo de vestir, por ejemplo el monje Budista o el santón Hindú. Esto muestra claramente que no entendemos el verdadero sentido de la inculturación. Muy a menudo la inculturación se limita a un baile o dos durante la Santa Misa, o a echar unas flores, o a hacer sonar un tambor.
Y en cambio, nos vamos de cabeza y corazón tras modas y valores seculares. Si fuéramos verdaderos asiáticos pondríamos más atención en el misticismo de Jesús, en su mensaje de salvación, en el gran valor de la oración, de la contemplación, del desasimiento, de la sencillez de vida, de la devoción y la meditación y del valor del silencio, y en todas aquellas formas de celebración litúrgica que ponen gran atención en lo Sagrado y lo Trascendente. Nosotros, asiáticos, no podemos estar como “secularizados” que no ven nada más allá de lo visible y tangible.
Así también en la Liturgia, en lugar de concentrarnos en unos pocos gestos exteriores de valor cosmético, deberíamos enfocar la atención en acentuar las riquezas espirituales y místicas que han llegado hasta nosotros, y hacerlas resaltar más y más incluso en nuestro modo de vestir y de comportarnos. La Iglesia universal podría salir ganando de tener una iglesia en Asia que se hace expresión tangible del misticismo cristiano en un modo asiático.
Pregunta. En relación con la inculturación el Papa Benedicto anima a las “Conferencias Episcopales que favorezcan el adecuado equilibrio entre los criterios y normas ya publicadas y las nuevas adaptaciones, siempre de acuerdo con la Sede Apostólica” ¿Están trabajando en esta línea las Conferencias Episcopales de Asia?
Respuesta. En general encuentro muy buena voluntad por parte de las Conferencias Episcopales en esta materia, sin embargo, también hay problemas. Como ya dije sería mejor tener un claro espíritu de coordinación entre la FABC (Federación de Conferencias Episcopales de Asia) y nuestra Congregación en esta materia. La FABC tiene organismos de coordinación regional para el desarrollo humano, para la evangelización, para la inculturación, para el ecumenismo y el diálogo, para la educación, para las comunicaciones sociales, etc., pero no tengo noticia de que exista tal organismo para la liturgia y el culto. Establecer un organismo regional de este tipo sería sin duda de gran ayuda.
La Liturgia es importante ya que “lex orandi, lex credendi”. Tal organismo estaría en condiciones de animar y concienciar adecuadamente a las Comisiones Episcopales de Liturgia sobre este componente tan importante de la vida eclesial. Aún queda mucho trabajo por hacer para lograr mejores resultados.
El “adecuado equilibrio” del que habla el Papa se debe a la necesidad de asegurar por un lado un sano espíritu de apertura a la inculturación en la liturgia y por otro la necesidad de salvaguardar el carácter universal de la liturgia Católica, un tesoro confiado a la Iglesia en su ya bimilenaria tradición.
Pregunta. ¿Puede decirnos un ejemplo concreto de qué significa “adecuado equilibrio entre los criterios y normas ya publicadas y las nuevas adaptaciones”?
Respuesta. Por “adecuado equilibrio” el Santo Padre entiende por un lado fidelidad a la Universal y Católica Tradición en lo relativo a la celebración de la Sagrada Eucaristía, que el mismo Rito Romano custodia, y por otro el espacio que proporcionan la Sacrosanctum Concilium y la Varietates Legitimae para hacer adaptaciones. Como indica el n. 21 de Sacrosanctum Concilium existen elementos no cambiables divinamente instituidos” y “elementos sujetos a cambio” en la Liturgia. Sólo los últimos pueden ser modificados e incluso estos cambios serán hechos sobre la base de las normas que el Concilio mismo emanó en el cap 3 del mencionado documento.
En el caso de la Eucaristía el enfoque es el mismo. La Eucaristía no es meramente lo que la Iglesia hace, sino lo que el propio Señor nos donó, un tesoro para custodiar. Por eso, si algunas exigencias de evangelización y de inculturación del mensaje evangélico en situaciones diversas reclaman un cierto grado de diversidad, esto no deber ser dejado al capricho y espontaneidad del individuo celebrante. Las áreas susceptibles de diversidad son limitadas, y pertenecen a las áreas de lenguaje, música y canto, gesto y posturas, arte y procesiones (SC 39). En estas áreas la adaptación es posible y debe ser llevada a cabo después de un estudio adecuado, la aprobación debida de los obispos y luego el consentimiento de la Sede apostólica (SC, Capítulo 3).
El sentido del equilibrio entre salvaguardar las cosas esenciales y buscar integrar los elementos culturales locales es muy necesario, si la Iglesia desea progresar espiritualmente. Al mismo tiempo, considero que es más esencial no sólo las adaptaciones de ese tipo, sino la celebración noble y digna de cada acto litúrgico, haciendo que reflejen el misticismo del Este. Creo que esto sería más útil que una mera serie de adaptaciones externas, incluso aquellas introducidas siguiendo los procedimientos establecidos.
Además, el amor al silencio, una atmósfera contemplativa, el canto y la música que reflejen los divinos misterios que se celebran sobre el altar, la vestimenta decorosa y sobria, y el arte y la arquitectura que reflejen la nobleza de los lugares y objetos sagrados, todos ellos son valores asiáticos, que a menudo también se encuentran en lugares de culto de otras religiones, y que son más expresivos de un verdadero estilo asiático de la liturgia.
Pregunta. En el n. 87 de la Exhortación, el Papa expresa su preocupación por las graves dificultades que afrontan las comunidades cristianas “donde los cristianos son minoría o se les niega la libertad religiosa” y donde “simplemente el hecho de ir a la iglesia representa un desafío heroico que puede acarrearles marginación o violencia” ¿Se estaba refiriendo a las comunidades cristianas en Asia?
Respuesta. El Santo Padre expresaba su aprecio y su aliento ante los desafíos heroicos para algunos cristianos para quienes la práctica de la fe les obligaba a afrontar la persecución y el sufrimiento. Cuando hablamos de estas difíciles situaciones, la referencia directa es a los lugares donde hay una obstrucción explícita y una persecución de las comunidades cristianas. Tales dificultades son motivadas en ocasiones por factores políticos y otras veces por factores religiosos.
Algunas naciones quieren imponer iglesias promovidas por el Estado para controlar así la comunidad católica. Este último tipo de actitud busca cortar de raíz el vínculo jerárquico entre estas iglesias y la de Pedro, para conseguir debilitarlas desde dentro. Tales intentos son infructuosos, ya que los vínculos espirituales de esta manera no pueden ser rotos. Pues el vínculo de cada comunidad eclesial con la Iglesia universal, el cuerpo místico de Cristo, continúa manteniéndose.
Sin embargo, para mí, hay otra tipo de situación más importante. Se presenta mucho en Asia, pues debido al predominio de una u otra religión del mundo, las restricciones y controles se focalizan sobre la iglesia católica. En situaciones de este tipo se da una forma peor de hostigamiento no declarado hacia los católicos. Los misioneros son rechazados, es difícil construir edificios eclesiásticos al no tener garantizado el permiso; las manifestaciones públicas de la fe están bajo control; se establecen restricciones para la educación católica; se proponen o se hacen leyes contra la conversión, y se perpetran todo tipo de actos de discriminación. En resumen, en tales situaciones, uno necesita verdadero heroísmo para profesar y practicar la propia fe.
No quiero nombrar explícitamente estos países, por razones obvias, pero todo el mundo conoce cuáles son. Habida cuenta de esta situación la voz del Supremo Pontífice clamando “para una mayor libertad religiosa en cada nación de manera que los cristianos y los seguidores de otras religiones puedan expresar libremente sus convicciones tanto individualmente como en comunidad” (Sacramentum Caritatis, 87), es absolutamente tempestiva.
Pregunta. En el n. 62 de la Exhortación, el Papa propone la celebración de la Misa en latín y el uso del canto gregoriano en algunas ocasiones y en parte de la liturgia ¿Qué piensa usted de la acogida que tendrá esto por parte de los católicos de Asia? ¿Ha detectado usted que haya deseo por la misa en latín entre los católicos de Asia?
Respuesta. Sacrosanctum Concilium nunca abogó por le abandono total del latín o del canto gregoriano. Estableció que “se conservará el uso de la lengua latina en los ritos latinos, salvo derecho particular... Sin embargo, como el uso de la lengua vernácula es muy útil para el pueblo... se le podrá dar mayor cabida, ante todo, en las lecturas y moniciones, en algunas oraciones y cantos” (Sacrosanctum Concilium 36, 1-2). A la vez, desea que se de “el lugar debido a la lengua vernácula, principalmente en las lecturas y en la "oración común" y, según las circunstancias del lugar, también en las partes que corresponden al pueblo” (Sacrosanctum Concilium 54).
En ese mismo lugar, el Concilio desea que se preste cuidado para que se “procure que los fieles sean capaces también de recitar o cantar juntos en latín las partes del ordinario de la Misa que les corresponde” (Sacrosanctum Concilium, 54).
La cuestión es que, para la Sacrosanctum Concilium, la lengua vernácula no es la lengua normal de la liturgia, sino que lo es el latín, permitiendo que la vernácula se use en momentos específicos como las lecturas, algunas oraciones y cantos y las partes que pertenecen al pueblo. Es muy notable que reclama el uso del latín incluso “en aquellas partes del ordinario de la misa que pertenecen al pueblo” (Sacrosanctum Concilium, 54).
Por desgracia muy poco después del Concilio tuvo lugar prácticamente en todo el mundo un abandono casi total del latín, de tal forma que sólo la generación más antigua de católicos de Asia tiene noción del uso del latín en la liturgia y del canto gregoriano. Con la fuerte vernacularización de la liturgia y de la formación en los seminarios, el uso del latín desapareció casi completamente en la mayor parte de Asia.
Esto es más bien lamentable. No estoy seguro si hay un marcado anhelo para la vuelta del latín en la liturgia en Asia. Me gustaría que así fuese. Algunos católicos que se dan cuenta de la belleza del latín manifiestan este deseo. Ellos han visto o han experimentado liturgias celebradas en latían en Roma o en otras partes del mundo, y han quedado fascinados por ella. Otros están fascinados por el Rito latino antiguo, la Misa de Pío V que se celebra ahora en algunos lugares de Asia.
Pero la mayor parte de los católicos de Asia aún no se dan cuenta del valor del latín en la Santa Misa. Pienso que ellos tendrían algo que decir si se reintrodujese de alguna forma el latín. A ellos podría gustarles y conociendo el espíritu de devoción del que son portadores los católicos asiáticos les ayudaría seguramente a profundizar incluso aún más en su fe. Nuestro pueblo sabe que no todas las realidades divinas están al alcance del entendimiento humano y que ha de haber lugar para cierto sentido de misterio espiritual en el culto.
Además, sería bueno para la iglesia en Asia no quedar separados de las tendencias que están emergiendo por todas partes, una de las cuales es un renovado aprecio de la herencia latina bimilenaria de la Iglesia. Esto no quiere decir que abandonemos la lengua vernácula y abracemos el latín in toto. Un uso sobrio y con sentido común del latín, así como de la lengua vernácula en la línea de lo que señalaba Sacrosanctum Concilium sería una ganancia para todos. Además, en Asia algunas otras religiones han preservado un lenguaje “litúrgico” oficial, como el sánscrito para el hinduismo o el pali para el budismo. Estos no son lenguajes hablados, sólo se usan en el culto ¿no nos estarán dando una lección de que un “lenguaje litúrgico” que no es de uso común, puede expresar de la mejor manera el misticismo inherente de lo Sacro en el culto?
Pregunta. El Papa quiere que “los sacerdotes del futuro” aprendan latín en los seminarios, lo mismo que lean textos en latín y canten canto gregoriano. ¿Cómo piensa usted que los jóvenes estudiantes asiáticos para el sacerdocio consideran esta llamada? ¿Será bien recibida en los seminarios de Asia a esta medida?
Respuesta. No es cuestión de ser bien recibida o no; considero que es una necesidad y que más bien que caer en una mentalidad estrecha e individualista, o en un puro acercamiento empírico a la fe, que como es obvio no es el modo asiático y no da lugar para entender aquello que es trascendente, nuestros sacerdotes y seminaristas han de ser alentados para abrirse a la realidad más amplia de su fe, que es católica y universal, de sus raíces y desarrollo bimilenario y de sus dimensiones místicas y sagradas. Y, puesto que el latín está en la raíz de muchos desarrollos en teología, en liturgia, y en disciplina eclesiásticas, los seminaristas y los sacerdotes deben ser alentados a aprenderlo y a usarlo.
Esto ayudaría a la Iglesia en Asia no sólo a acoger mejor el contenido del depositum fidei y de su desarrollo, sino también a descubrir un genuino lenguaje teológico capaz de presentar la fe de manera convincente a los pueblos de Asia (cfr. Ecclesia in Asia, 20). Aprender latín de ninguna manera es volver atrás, sino más bien al contrario ir hacia delante. Sólo de esta manera puede tener lugar un verdadero y profundo proceso de inculturación. Una así llamada teología que no esté enraizada en las fuentes de la Sagrada Escritura y de la Tradición de la Iglesia, que no rece de rodillas y que no esté iluminada por la luz de una vida santa, no es otra cosa que una algarabía que no puede menos de llevar al desorden y a la confusión.
Esto mismo es aplicable a la Liturgia. El latín es la lengua litúrgica ordinaria de la Iglesia. En el origen y en el desarrollo del rito Romano jugó un papel principalísimo. Por eso, un conocimiento suficiente de esta lengua facilitaría entender mejor y apreciar más la belleza de lo que se está celebrando. Como afirmó el Santo Padre “la belleza de la liturgia es parte de este misterio; es expresión eminente de la gloria de Dios y, en cierto sentido, un asomarse del Cielo sobre la tierra” (Sacramentum Caritatis n. 35).
Celebrar en latín por tanto ayudaría a construir un sentido de respeto y admiración, así como un profundo legamen espiritual con aquello que el Señor mismo inspiró para que la Iglesia asumiera como su forma de culto. Esta apertura al latín también ayudaría a los estudiantes a apreciar mejor el papel del canto gregoriano en la iglesia. El Santo Padre desea que sea “cuidadosamente estimado y empleado”, por ser “el canto propio de la liturgia romana” (Sacramentum Caritatis 42). Captar la sencillez y belleza de esta gran forma musical también ayudaría a sacerdotes y seminaristas con talento, en Asia, a recibir inspiración del mismo y hacerles capaces de componer formas de canto dignas y piadosa,s que podrían armonizar muy bien con la cultura local. Parece muy presuntuoso decir que el uso del canto gregoriano dañaría la inculturación de la liturgia Más bien le beneficiaría.
Pregunta. ¿Hay alguna otra cosas que usted desee decir al las iglesias de Asia a propósito de la Exhortación y de cómo llevarla a la práctica?
Respuesta. Una mirada atenta a la Sacramentum Caritatis me convence cada vez más de que no sólo es un tesoro de información, inspiración y de verdadera pastoral, sino también una profunda reflexión teológica sobre la Eucaristía, que no obstante necesita ser complementada con lo que fueron los auténticos deseos del Concilio Vaticano II y de su documento sobre la Liturgia Sacrosanctum Concilium. La reforma postconciliar de la liturgia si bien es laudable en algunos aspectos, no ha plasmado completamente el espíritu del Concilio.
Como afirmó el Card. Ferdinando Antonelli cuando era miembro de la Comisión que trabajó en la reforma: “no estoy satisfecho de este espíritu. Encuentro espíritu crítico e impaciencia hacia la Santa Sede, que no hace presagiar nada bueno. Es decir, todo son estudios acerca de la racionalidad de la Liturgia pero no hay preocupación por la verdadera piedad. Temo que, un día, alguien diga de toda esta reforma lo que se dijo de la reforma de los himnos en tiempos de Urbano VIII: accepit liturgia recessit pietas (conforme progresa la liturgia regresa la piedad); en nuestro caso, accepit liturgia recessit devotio (conforme progresa la liturgia regresa la devoción). Me gustaría equivocarme” (del diario del Card. Antonelli, 30.IV.1965).
Hemos visto mucha banalización y oscurecimiento de los aspectos sagrados y místicos de la liturgia en muchos sitios de la Iglesia en nombre del así llamado “Konzilsgeist” (espíritu del Concilio).
Más o menos en los últimos veinte años la Iglesia ha vigilado por la rectitud de la reforma litúrgica y lo ha hecho en línea con las indicaciones de la Sacrosanctum Concilium. Documentos como la Liturgiam authenticam, Varietates Legitimae, Redemptionis Sacramentum y Ecclesia de Eucharistia son parte de este intento. Y la Sacramentum Caritatis, que es un documento colegial que recoge las proposiciones del Sínodo de los Obispos sobre la Sagrada Eucaristía, es el momento culminante, yo diría, de ese curso de poner las cosas derechas. Verdaderamente es un enderezamiento de las cosas y debe ser bienvenida, apreciada, estudiada y puesta en práctica.
La herencia cultural de Asia es profundamente religiosa y consciente del valor de lo sagrado y de los místico en la vida humana. Por eso la iglesia de Asia da la bienvenida a este documento y a sus orientaciones, que están dirigidas claramente a restablecer los profundos valores de la espiritualidad y de la fe en la liturgia de todo corazón, y a dar los pasos necesarios para llevar a cabo sus indicaciones con tanto celo y fidelidad como sea posible.
Estos son mis deseos para la iglesia de Asia, el continente del misticismo.
jueves, 17 de mayo de 2007
domingo, 13 de mayo de 2007
Nueva versión de la Liturgia de las Horas en Almudí
http://www.almudi.org/Default.aspx?TabName=Liturgia+de+las+Horas
miércoles, 9 de mayo de 2007
Iglesia de Santa María, Greenville, Carolina del Sur: Cómo y por qué oramos. (Cómo llenar de nuevo una Iglesia)
Novena Carta
IGLESIA DE SANTA MARÍA, GREENVILLE, CAROLINA DEL SUR:
CÓMO Y POR QUÉ ORAMOS
En el mundo católico hay muchas clases de «sublimidad» y muchas clases de «trascendencia». La Capilla Sixtina es, quizá, el ejemplo más obvio de ambas magnitudes. Como también lo es un lugar muy diferente: la iglesia de Santa María, en Greenville, Carolina del Sur. No posee frescos de Perugino o de Miguel Ángel; en ella no se ha elegido ningún papa. Pero no se necesita nada de eso para experimentar el contacto entre lo divino y lo humano en el ámbito del Catolicismo. La iglesia de Santa María, en Greenville, es uno de los lugares de Norteamérica donde mejor se puede experimentar lo que es y debe ser el culto católico, un sitio donde se puede reflexionar sobre el significado y la manera de orar, tanto en comunidad como en privado. Desde los primeros tiempos de la República Americana, muchos católicos han emigrado a la región de Piedmont, en Carolina del Sur; pero hasta el año 1872 no hubo ningún pastor que residiera establemente en Greenville. Durante los veinte años anteriores a esa fecha, se habían establecido algunos núcleos de misión en la comarca, de modo que se puede decir que la parroquia de Sto Mary se fundó en 1852. La primera iglesia parroquial se consagró en 1876, dedicada a Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús, una nueva devoción mariana originada en Francia en 1854. La iglesia que se puede ver todavía hoy fue obra de dos pastores, Monseñor Andew Keene Gwynn y Monseñor charles J. Baum, que ejercieron su ministerio durante setenta y tres años. El año 2002, fecha del sesquicentenario de la iglesia, la parroquia de Sto Mary contaba con unas dos mil familias de origen racial, étnico y económico de lo más variado, y contaba con una escuela en la que estudiaban unos 350 niños .
El domingo 1 de julio de 2001, cuando la gente acudió a la iglesia, se dieron cuenta de que las cosas habían cambiado considerablemente en las anteriores 24 horas. El tabernáculo, que se había relegado a un lateral del templo en 1984, se había vuelto a colocar en su sitio, al final del eje central del edificio, en el retablo detrás del altar mayor. Se había colgado un gran icono de María, la primera imagen de la patrona de la iglesia que se podía contemplar en veinte años. Se habían quitado los estandartes de arpillera confeccionados por los estudiantes de segundo grado. Los desgastados libros que servían como «elemento de culto» (y que algunos llamaban «himnales») se habían quitado de los bancos de la iglesia, relegándolos al trastero parroquial. Se había confeccionado un programa de música para la misa dominical, que se distribuía entre los asistentes. Pero esos cambios no eran más que un presagio de lo que estaba por llegar. Se puede decir que, durante siglo y medio, los fieles de la parroquia de Sto Mary's nunca habían escuchado un sermón inaugural como el que pronunció su nuevo párroco, el Padre Jay Scott Newman, el primer domingo de julio de 2001:
Me llamo Jay Scott Newman y soy discípulo de Nuestro Señor Jesucristo. Por la gracia de Dios, soy también sacerdote de la Nueva Alianza, consagrado en el orden presbiteral. Por designación de Robert, duodécimo obispo de Charles ton, soy el decimosexto pastor de la iglesia de Sto Mary. De estos tres títulos (cristiano, sacerdote y pastor), el más importante para mi salvación es el primero:
Soy discípulo de Jesucristo.
Amigos míos, hoy estamos aquí porque el hijo de María es el Hijo de Dios: el alfa y la omega, el primero y el
último, el principio y el fin. Por él, en él y para él, todas las cosas fueron creadas. Jesucristo es la respuesta a todas las preguntas de la vida humana; y sólo conociendo, amando y sirviendo a Jesucristo podemos ver cumplidos los más íntimos deseos de nuestro corazón.
... Yo no siempre he sido cristiano. Para horror de mi familia protestante, me hice ateo a la edad de trece años, y hasta que cumplí los diecinueve estaba convencido de que Dios no existía, de que el cosmos se podía explicar sin un creador. Sin embargo, en el mes de octubre de 1981, durante mi año de bachillerato en Princeton, me di cuenta de mi error. El día 15 de octubre por la tarde, el Señor Jesucristo tomó posesión de mi vida. Y hoy estoy aquí para dar testimonio del poder de su amor. Desde ese momento, el Evangelio de Cristo ha sido una pasión que me consume, y deseo que lo sea también para vosotros ...
Si Jesucristo es el Señor, entonces es señor de todas las cosas, de todo lo que somos y de todo lo que tenemos. En los años que voy a prestar servicio aquí, me dedicaré a explorar con vosotros las inescrutables riquezas de la Palabra hecha carne que, por el bautismo, nos llama a seguirle sin reservas ...
Durante todos los años de mi formación, me he esforzado por entender cómo y por qué Dios me ha llamado. Pero poco a poco terminó el tiempo de prueba; y ello en julio de 1993 fui ordenado sacerdote de Jesucristo para la diócesis de Charleston. Desde entonces he sido capellán de colegio, párroco y, recientemente, profesor del seminario. A pesar de la variedad de ocupaciones en esos cometidos, mis deberes fundamentales en cada uno han sido siempre los mismos: enseñar, santificar y gobernar. Estos tres deberes acompañan siempre al sacerdote, sea cual sea su ocupación, porque brotan no de su actividad, sino de su personalidad. La ordenación sacerdotal configura a la persona para que represente la Persona de Cristo, cabeza y esposo de la Iglesia, de modo que sea capaz de identificarse con la Persona de Cristo y actuar en su nombre para la salvación y perfección de toda la Iglesia ...
Nuestra primera iglesia fue consagrada en 1876, en el mes de octubre; recordad que mi conversión a Cristo tuvo lugar también en el mes de octubre, ciento cinco años más tarde. Los archivos [diocesanos] me revelaron otra cosa: los dos acontecimientos se produjeron el mismo día, el 8 de octubre. Amigos míos, estoy convencido de que todo lo que ha ocurrido en mi vida hasta el momento ha sido, en cierto modo, una preparación para el trabajo que ahora empiezo aquí; y no puedo expresar con palabras la alegría que siento de ser vuestro pastor. Hace ya veinte años, la bienaventurada Virgen María, primera y más importante discípulo de Cristo, me llevó a abrazar con fe y con amor el corazón de su divino Hijo y ahora me ha guiado hasta aquí para presidir y guiar una congregación dedicada a darle culto, precisamente el día de mi propia conversión al sagrado Corazón de su divino Hijo. En los planes de Dios no caben las coincidencias. Por eso, estoy seguro de que mi servicio aquí es un momento privilegiado de gracia en mi vida. Pido intensamente al Señor que también lo sea para vosotros ...
Hoy os prometo solemnemente que me dedicaré a amaros como pastor, a enseñaros como padre y a caminar con vosotros como hermano en el esfuerzo diario por responder fielmente a la llamada de Cristo: «Seguidme».
Se puede afirmar que, en ese momento, la gente de la parroquia de St. Mary, en Greenville, Carolina del Sur, se dio cuenta de que las cosas no iban a ser cuestión de puro trámite, con el Padre ]ay Scott Newman.
El 22 de junio de 2003, domingo y festividad del Corpus Christi, los parroquianos de St. Mary, Greenville abarrotaban la iglesia para asistir a una Misa Solemne. En poco menos de dos años, la iglesia y sus terrenos se habían transformado. Se había renovado el ladrillo, los bancos eran nuevos; las vidrieras estaban limpias, se había pintado la iglesia y se había instalado un sagrario nuevo dorado. Un ambón nuevo de roble completaba la restauración del retablo y constituía un lugar adecuado para la proclamación de las lecturas y para pronunciar la homilía. La pila bautismal se había colocado junto a la entrada, para que la gente, al entrar en la iglesia, se diera cuenta -cada semana, y hasta cada día- de quiénes eran y por qué estaban allí. El parque de la parroquia había quedado completamente remozado. Y todo a cuenta de que los feligreses de St. Mary habían aportado unos dos millones de dólares para las obras.
Pero si tú hubieras estado allí aquel día, lo que más te habría impresionado habría sido la total transformación de la gente. Más de seiscientas personas cantaban entusiasmadas los tres himnos clásicos: «Cantemos en la fiesta del Cordero», «¡Aleluya! Cantad a ]esús», y el motete en latín «Adoro te devote». El coro entonaba el Panis angelicus de Cesar Frank y el Ave verum de William Byrd. La congregación y el coro iban acompañados de órgano, trompeta, timbales, violín y viola. Los fieles habían aprendido a cantar las partes de la Misa que les correspondían a ellos: el Kyrie, el Gloria, el Sanctus, la aclamación después de la consagración, el Padre Nuestro y el Agnus Dei. Todos cantaban el estribillo de respuesta al Salmo entre la primera lectura y el evangelio, y las invitaciones del celebrante, como «El Señor esté con vosotros», etc. Unos proclamaban las lecturas del Antiguo y del Nuevo Testamento; otros presentaban las ofrendas de pan y vino en el altar. Con gran atención se escuchaba al Padre Newman cuando cantaba la mayor parte de la Plegaria Eucarística, subrayando la solemnidad de la acción central de la Misa. Y qué decir del canto de la «Secuencia» (un poema que, en determinadas festividades, prepara el clima para la proclamación del Evangelio, aunque por lo general se omite en muchas parroquias). A eso se unían las exhortaciones de algunos misioneros que estaban de visita, o la bendición de seminaristas que iban a estudiar a Roma. En suma, la celebración podía durar casi dos horas. Y cuando todo había terminado, la gente parecía decepcionada porque todo había pasado tan pronto.
Y todo eso, ¿por qué? Pues porque el Padre Newman, en sus primeros meses como pastor de Sto Mary, había restituido a la gente su dignidad bautismal de cristianos. Como creo que sabes, en muchas parroquias católicas la liturgia se despacha rápido, en unos cuarenta o cuarenta y cinco minutos. Pero no ocurre así en Greenville; y la gente no se queja, ni mucho menos. Y no creo que la razón se pueda reducir a una música tan espléndida y a una predicación tan ejemplar. Más bien es que la gente de Sto Mary, gente normal en todos los sentidos (como se suele decir), ha llegado a entender su situación de manera diferente: ahora saben que son hombres y mujeres a los que Cristo, por el bautismo, ha dado fuerza para ofrecer al Padre un culto auténtico.
En 1963 los obispos del Concilio Vaticano II enseñaron que la liturgia que celebramos aquí es una participación en la «liturgia celeste que se celebra en la Ciudad Santa de Jerusalén, hacia la que caminamos como peregrinos y en la que Cristo está sentado a la derecha de Dios como ministro de las cosas santas y del verdadero tabernáculo». La gente de Sto Mary no sabrá decirte exactamente qué significa ese lenguaje altamente teológico. Pero es que tampoco tienen por qué hacerlo; ellos saben lo que significa; y lo saben en su corazón, en su mente, en su alma. Lo saben por experiencia. Saben que no abandonan la iglesia el Domingo por la mañana, para regresar al «mundo real», porque saben que con la Misa del Domingo viven en y dentro de el mundo real, el de la comunión con Dios. Ellos saben, tanto por intuición como por experiencia, lo que Angelo Scola, Patriarca de Venecia y reconocido teólogo, quería decir cuando dijo, hace pocos años, que los sacramentos y, sobre todo, la Eucaristía, son un encuentro con Cristo «como contemporáneo nuestro».
Tú sabes, como lo sabe cualquier católico, que la liturgia ha sido un campo de batalla en la Iglesia, a partir del Concilio Vaticano II. Muchos argumentos sobre el modo en que los católicos rezan y ofrecen el culto tienen bastante que ver con la diversidad de gustos y de posturas estéticas. Pero los temas verdaderamente serios dependen de una comprensión diferente de lo que, en realidad, es el culto. Y eso es un problema muy serio.
Tal como lo entiende la Iglesia Católica, la liturgia es obra
de Dios, no nuestra. La liturgia es nuestra participación, aquí y ahora, en lo que ya y siempre ha sucedido alrededor del trono de Dios, el Trono de la Gracia, donde los ángeles y los santos alaban a Dios por toda la eternidad. Decir que la liturgia no es «obra nuestra» no significa que sacerdotes y pueblo no tengan mucho que ver con lo que ocurre en la Misa. Obviamente, tienen mucho que ver; y gente como la de Sto Mary y su pastor ponen su grano de arena con todo cuidado, con toda reverencia y con el mejor buen gusto. Pero la liturgia que se realiza en Greenville es una poderosa experiencia, porque todos y cada uno saben que Dios es el verdadero actor en nuestra celebración cultual. De acuerdo con la renovación litúrgica promovida por el Concilio Vaticano II, la población de Greenville ha llegado a entender que es el propio Dios el que nos invita a darle culto y nos capacita para ello.
Muchos jóvenes católicos se lamentan de que se aburren en misa. Y no se lo reprocho. Cuando tanto el sacerdote como los fieles se olvidan de lo que realmente está sucediendo allí, y cuando la misa es otra forma de entretenimiento, una terapia, o un entretenimiento terapéutico, no es lo que tendría que ser. Y tampoco nosotros somos lo que tendríamos que ser, como exige nuestro bautismo. Por eso, el punto básico, que está al margen o en contra de la cultura, es el siguiente: Nosotros no damos culto a Dios porque nos hace sentir bien, o relajados, o entretenidos. Damos culto a Dios porque Dios es digno de culto; y al dar a Dios el culto que le es debido, satisfacemos uno de los más profundos deseos del espíritu humano.
Eso quiere decir que participar en la misa, aquí y ahora, no es cuestión de mirar hacia abajo o a nuestro alrededor, sino de mirar hacia arriba; es un gusto anticipado de lo que nos espera, por la gracia y la misericordia de Dios, para toda la eternidad. El verdadero culto, igual que el verdadero amor, no significa mirarse a los ojos, sino mirar juntos, en clima de amor, al que es el Amor consumado.
Por qué el culto es tan importante? ¿Qué creemos que significa nuestro culto? Te contaré otra historia de Greenville. Durante sus primeros meses en la parroquia de Sto Mary's, el Padre Newman solía ir a tomar café a casa de sus feligreses los lunes por la noche. Así explicaba él por qué lo hacía: «Es que yo no creo en una liturgia de sala de estar». Pero no era cuestión de gusto o de poder. Se trataba del modo más correcto de dar culto a Dios, de la mejor manera de vivir a la altura de la vocación tan noble que tiene todo cristiano por el hecho de estar bautizado.
La gente de Sto Mary's Greenville había aprendido por experiencia una vieja máxima teológica que tú sin duda conoces: lex orandi lex credendi, es decir, lo que oramos es lo que creemos. Un culto deslavazado conduce inevitablemente a una teología empobrecida. El culto como entretenimiento desvirtúa las verdades de un culto auténtico. Según estudios fiables, en los últimos treinta y cinco años muchos católicos han empezado a dudar que lo que recibimos en la Eucaristía es el cuerpo y la sangre de Cristo. ¿Puede alguien afirmar seriamente que esta erosión de la fe no tiene nada que ver con una liturgia mortecina, en la que el centro del culto es con demasiada frecuencia la propia comunidad o el sacerdote «presidente», estilo Phil Donahue (por usar la expresión más horrorosa de la jerga litúrgica contemporánea)?
Mi amigo Robert Louis Wilken, eximio investigador de la Iglesia antigua, confesó una vez a un periodista la razón por la que, a sus más de sesenta años, había abrazado la fe católica, después de toda una vida como fiel luterano e incluso pastor de la Confesión Luterana durante varias décadas. Para Wilken, historiador y teólogo, todo se reducía a la pregunta sobre qué era lo que había preservado la fe a lo largo del tiempo. ¿Qué es lo que nos mantiene en contacto y en comunión con las raíces apostólicas de la Iglesia que explorábamos en las «excavaciones» de San Pedro, en Roma? La tradición de la Reforma, en la que Wilken había crecido, se fundaba en la convicción de que podía preservar la fe de los Apóstoles mediante una firme adherencia a la doctrina. Contra esa postura, la tradición católica, que Wilken consideró más tarde como irrefutable, sostiene que lo que realmente conserva la fe es la comunidad eclesial, en la que la doctrina se entiende como lo que es, una doctrina. Un buen ejemplo de eso es la máxima lex orandi lex credendi.
Durante las controversias de la Reforma y la Contrarreforma, se produjo un famoso debate entre un teólogo luterano y san Roberto Bellarmino. Tal como Wilken recordaba la historia, el luterano habría atacado la práctica católica de la reserva y adoración de la Eucaristía, que consiste en guardar el pan eucarístico en el tabernáculo ante el cual oran los fieles, sobre la base de que Cristo pretendió que la Eucaristía fuera una realidad de uso, y no de mera reserva, cuando dijo: «Tomad y comed», no «tomad y reservad». La réplica de BeIlarmino fue que la Iglesia, casi desde la más remota Antigiiedad, había practicado la reserva del sacramento, y no había ninguna razón seria para poner fin a dicha práctica. Sin embargo, Wilken admitía que, con el tiempo, el hecho de prescindir del tabernáculo y no reservar el sacramento había llevado a muchos luteranos a elaborar una teología eucarística diferente, por deficiente, e insegura sobre la presencia real de Cristo en el pan y el vino. Los católicos, en cambio, mantuvieron los tabernáculos y continuaron con la práctica de reserva del sacramento y de adoración eucarística. La práctica tradicional del culto comunitario ha mantenido una verdad clave de la fe católica.
Eso te da una idea no sólo de lo que significa lex orandi lex credendi, sino también del motivo por el que el Padre Newman, al cuarto de hora de haber tomado posesión de la parroquia de Sto Mary, Greenville, volvió a colocar el tabernáculo en el centro del altar.
Hay que reconocer que la Iglesia Católica le ha fallado a su Señor infinidad de veces. Pero en el mandamiento: «Haced esto en conmemoración mía», es en lo que la Iglesia se ha mostrado más fiel. La Eucaristía, celebrada en la misa y reservada para extender los frutos de la misa a lo largo del tiempo, es lo que mantiene a la Iglesia fiel a su Fundador. Por eso es tan importante la máxima lex orandi lex credendi. Y por esa misma razón, la guerra de lenguas litúrgicas que hoy se ha desatado en el seno de la Iglesia Católica es una lucha en la que vale la pena comprometerse. En este punto está en juego algo más que una pura cuestión de gusto.
Ya que estamos con el tema del culto y la liturgia, podríamos paramos un momento a pensar qué es el sacerdote en la Iglesia Católica. Sobre el tema hay algo más que cierta confusión. Siglos y siglos de intervención jurídica en la Iglesia, más la lógica burocratización que afecta prácticamente a casi todos los aspectos de la vida moderna, ha llevado a muchos católicos, tanto clérigos como seglares, a pensar que el sacerdote es una especie de funcionario eclesiástico, encargado por la jerarquía de llevar a cabo ciertas funciones.
martes, 17 de abril de 2007
Vivir la Eucaristía.Nuevo DVD sobre la Eucaristía
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jueves, 12 de abril de 2007
Talleres de Arte Granda. "Lo ponemos todo, salvo el cura"
lunes, 9 de abril de 2007
Interesante entrevista al Secretario de la Congregación del Culto Divino, publicada en Internet.
It is the Holy Father Who Will Decide, publicada en «Inside the Vatican», (2/2007) 16-18; la entrevista se puede buscar en la página de la revista:
También se encuentra en:
http://forestmurmurs.blogspot.com/2007/02/interview-with-archbishop-malcolm.html
http://www.panodigital.com/actualidad_eclesial/el_papa_decidira
El Papa Decidirá
Entrevista a Mons. Ranjith, Secretario de Culto Divino.
Entrevista realizada por Anthony Valle
Todos los que están interesados en la liturgia de la Iglesia se preguntan si el Papa publicará pronto un motu proprio que permita la celebración de la Misa tradicional y, en caso de hacerlo, que dirá. Uno de los liturgistas del Vaticano vierte luz sobre los planes del Papa.
ANTHONY VALLE: Su Excelencia, usted ha sido generoso concediendo varias entrevistas a la prensa internacional relacionada con liturgia desde se convirtió en el secretario de la Congregación para el Culto Divino. Algunas de sus declaraciones han sido mal interpretadas y produjeron controversias en vez de la pretendida claridad. ¿Le gustaría aclarar alguna cosa?
MONSEÑOR MALCOM RANJITH: En lo que yo deseaba insistir en esas entrevistas fue en que la reforma pos-conciliar de la liturgia no ha podido lograr las esperadas metas de renovación espiritual y misional en la Iglesia de forma que hoy pudiéramos estar verdaderamente contentos con ella.
Indudablemente también ha habido resultados positivos: pero los efectos negativos parecen haber sido mayores, causando mucha desorientación en nuestra jerarquía.
Las iglesias se han vaciado, el libre cambio litúrgico se ha puesto a la orden del día, y la verdadera intención detrás de las apariencias y el significado de eso que es celebrado ha quedado obscurecido.
Uno tiene entonces que empezar a preguntarse si la reforma que de hecho se dio en el proceso se dirigió adecuadamente. De este modo, nosotros necesitamos fijarnos bien en lo que ha ocurrido, rezar y reflexionar acerca de sus causas y con la ayuda del Señor actuar para hacer las correcciones necesarias.
VALLE: Da la impresión de que el Papa Benedicto XVI fuera a publicar el motu proprio para liberalizar el uso de
RANJITH: Bien, existe esta creciente llamada a una restauración de
El Santo Padre, estoy seguro, tomará nota de esto y decidirá lo mejor para la Iglesia.
Usted habla de la posible realización de estructuras jurídicas nuevas para la aplicación de tales decisiones. No pienso que esto sea el problema. Más bien lo más importante en todo esto es la actitud pastoral.
¿Denegarán los obispos y los sacerdotes las peticiones de Misas Tridentinas y de esa forma crearán también una necesidad de estructuras jurídicas para asegurar la ejecución de la decisión del papa? ¿Debería ir la cosa por ahí?
Yo sinceramente espero que no sea así.
La pregunta apropiada que los pastores tienen que hacerse así mismos es: ¿Cómo puedo yo como obispo o como sacerdote atraer a las personas a Cristo y a su Iglesia?
No es tanto un asunto de Misa tridentina o de Novus Ordo. Sino que es justamente una pregunta de sensibilidad y responsabilidad pastoral.
Y así, si las Misas Tridentinas son un medio para lograr un mejor nivel de enriquecimiento espiritual en los fieles, entonces los pastores las deberían permitir.
Lo importante no es por tanto el "que" sino el "como". La Iglesia siempre debería tratar de ayudarle a nuestros fieles a acercarse al Señor, para sentirse interpelados por Su mensaje y responder a Su llamada generosamente. Y si eso puede ser logrado a través de la celebración de la Misa del Novus Ordo o de la Misa de Pío V, bien, entonces debería ser concedido el espacio necesario a lo que es mejor en vez de meterse en una innecesaria disputa teológica que nos aboca a
Después de todo, el papa Juan Pablo II hizo una súplica personal en Ecclesia Dei Adflicta de
El Concilio Vaticano II, como el Papa Benedicto tan claramente dijo en su discurso a los miembros de
Aparte de eso, también tenemos la seria pregunta sobre la disminución del número de creyentes en algunas de las iglesias del mundo occidental. Tenemos que preguntarnos a nosotros mismos que ocurrió en esas iglesias y entonces dar los pasos para corregir lo que sea necesario. No creo que esta situación sea atribuible solo a
De este modo, necesitamos recobrar un verdadero sentido de lo sagrado y místico en el culto.
Y si los fieles consideran que
Acerca de la oportunidad del momento y naturaleza del motu proprio, nada nos es aún conocido. Es el Santo Padre el que decidirá.
Y cuando él lo haga, nosotros deberíamos aceptar todo lo que él nos indique y con un amor genuino hacia la Iglesia nos deberíamos esforzarnos por ayudarle. Cualquier otra actitud que demostremos sólo dañaría la misión espiritual de la Iglesia y frustraría la propia voluntad de Señor.
VALLE: Como a muchos católicos de hoy, mi esposa y yo nos hemos dado cuenta de que solemos salir de la celebración de la Misa del Novus Ordo del domingo más exasperados y perplejos que espiritualmente revigorizados. ¿Por qué?
RANJITH: En la celebración del Novus Ordo tenemos que ser muy serios acerca de lo que hacemos en el altar. No puedo ser que un sacerdote que imagina en su sueño lo que hará en el Misa el siguiente día, camine hasta el altar y empiece a celebrar con toda clase de novedosas rúbricas y acciones inventadas..
Cada elemento en la liturgia de la Iglesia tiene su propia y larga historia de desarrollo y significado. No es un asunto de tradiciones privadas y no puede ser materia de manipulación por todos y por la diversidad.
De hecho,
Por ejemplo el misterio de
En la celebración de
Es Jesús mismo.
Además, cada celebración litúrgica tiene siempre una dimensión celestial “que se celebra en
Otros explican la Eucaristía en un sentido que pone el acento en su dimensión banquete/comida, ligándola a la “comunión.” Esta también es una consideración importante, pero deberíamos recordar que no es tanto una comunión creada por quienes toman parte en la Eucaristía tanto como por el Señor mismo.
A través de la Eucaristía, el Señor nos asume a Sí y en Él somos puestos en comunión con todos los otros que se unen a Él. No es pues tanto una experiencia sociológica sino mística. Por tanto, una “comunión” Eucarística es una experiencia celestial.
Lo que es más importante es la dimensión sacrificial de
Y este mismo hecho también constituye la única dignidad y fuente de identidad del sacerdote. El ha sido instituido por Cristo para celebrar el maravilloso misterio de cambiar este corruptible pedazo de pan en el mismo glorioso Cuerpo de Cristo y éste poco de vino en la sangre de Cristo, decretando el sacrificio del calvario por la salvación del mundo. Y esto debe vivirse, entenderse y creerse por el sacerdote cada vez que celebra la Eucaristía.
Mons. Malcom Ranjith
De hecho,
VALLE: Algunos han creído que la solución a la crisis litúrgica —y en el fondo la crisis de Fe— que afecta a
RANJITH: Una actitud de “o uno u otra” polarizaría innecesariamente a la Iglesia, mientras que la caridad y la preocupación pastoral deben ser los factores determinantes.
Y si el Santo Padre lo decide así, ambas pueden coexistir.
Eso no significaría que tendríamos que abandonar el Novus Ordo. Pero en la interacción de las dos tradiciones Romanas, es posible que la una pueda influir eventualmente en la otra.
No podemos decir que todo esta completo y finalizado, que nada nuevo puede pasar. De hecho, el Vaticano II nunca abogó por cambios inmediatos en
Por ejemplo, la Comunión en la mano no ha sido algo que hubiera sido primero estudiado y reflexionado hasta antes de su aceptación por
VALLE: Lex orandi, lex credendi, lex vivendi (“La ley de la oración (es) la ley de lo que se cree, (es) la ley de lo que se vive”). ¿Es verdad que la manera que adoramos y oramos influye en lo que creemos, y que lo que creemos influye en como vivimos? En otras palabras, en última instancia la liturgia influye nuestra vida moral, ¿Si o no?
RANJITH: Si. ¿Como podemos convencer a los fieles de hacer sacrificios en sus decisiones morales y éticas, a menos que sean primero tocados e inspirados profundamente por la gracia de Dios? Y eso pasa especialmente en la adoración, cuando el alma humana experimenta la gracia salvífica de Dios más íntimamente. En la adoración, la fe llega a ser interiorizada y se completa con inspiración y fortaleza, haciéndolo a uno capaz de tomar decisiones morales que estén en consonancia con esta fe. En la liturgia, deberíamos experimentar la cercanía de Dios a nuestros corazones tan intensamente que a su vez nosotros comencemos a creer fervientemente y fuéramos compelidos a obrar en consecuencia.
VALLE: ¿Cuales son algunas direcciones o conflictos litúrgicos actuales que necesitan corregirse?
RANJITH: Uno de ellos, desde mi punto de vista, es la costumbre de realizar liturgias ecuménicas en sustitución de la Misa dominical en algunos países, durante las cuales líderes laicos católicos y protestantes celebran juntos y éstos últimos son invitados a predicar
La Eucaristía, como Ud. sabe, hace a la Iglesia (Ed E. 21) y esto es central para nosotros los católicos. Si es tan fácilmente reemplazada por liturgias de la Palabra, o peor aún por los así llamados servicios ecuménicos de oración, la misma identidad de
El ecumenismo no es algo que se deje a la elección ad hoc de sacerdotes individuales. El verdadero ecumenismo, como el expuesto por el Vaticano II, proviene del corazón de
Una segunda tendencia es la sustitución progresiva de la Misa celebrada por el sacerdote por un servicio paralitúrgico guiado por un laico. Esto, desde luego, puede legítimamente pasar cuando no hay sacerdote disponible y las facilidades para el cumplimiento de
Debemos resaltar aquí que, como afirma el Concilio Vaticano II, [en] el sacerdocio común de los fieles y [en] el ministerial del sacerdocio “Su diferencia es esencial no solo gradual” (LG 10). Y es así gravemente arbitrario dejar a los laicos las sagradas obligaciones reservadas al sacerdote.
Lo que es muy desafortunado es la creciente tendencia en todo el mundo de convertir en laico al sacerdote y clericalizar al laico. Esto también es contra mentem (“contra la mente” o “contra la intención”) del Concilio.
Hay asimismo una creciente tendencia a sustituir la Misa del
Un punto final al que quiero hacer relación aquí, se refiere a algunas practicas introducidas en territorios de misión, por ejemplo, en Asia, en nombre del cambio, que son contra su herencia cultural.
En algunos países asiáticos, vemos una tendencia de introducir la Comunión en la mano recibida de pie. Esto no está en armonía con la cultura asiática. Los budistas adoran postrándose con su frente tocando el suelo. Los musulmanes se quitan sus zapatos y se lavan sus pies antes de entrar a la mezquita para el culto. Los hindúes entran al templo con el pecho descubierto como símbolo de sometimiento. Cuando la gente se acerca al rey de Tailandia o al emperador de Japón, lo hacen de rodillas como señal de respeto. Pero en muchos países asiáticos la Iglesia ha introducido prácticas como simplemente una reverencia al Santísimo Sacramento en lugar de arrodillarse, estando de pie mientras se recibe
Además, los laicos cuyo papel hoy está aumentando en la Iglesia no son siquiera consultados cuando esas decisiones se hacen.
Todas estas situaciones no auguran el bien para la Iglesia y necesitamos corregir estas tendencias, si deseamos que la eucaristía que celebramos se convierta, como afirma San Ignacio de Antioquía, en “medicina de inmortalidad y antídoto contra la muerte” (Eph. 20).